Literal, así encontré a mi mamá un día, antes del mediodía sentadita con su sombrero para que el Sol no le diera en la cara.
Estaba con los pies descalzos, sentada un poco más allá del porche bajo un árbol de Caimito. La mañana como muchas otras era linda, fresca y llena de vida. Sus pies tocaban entre el pasto y la tierra y los movía suavemente para sentir toda esa energía que nuestra madre Tierra nos puede dar.
Bañitos de Sol le decíamos a esos momentos y me era sorprendente cómo siempre se daba un tiempo para todo, para tener un momento de paz y sanación.
Porque así como los bebés necesitan bañitos de Sol, así mi mamá se permitía darse ese instante bajo ese árbol y con los pies en la tierra.
Uno de esos días que estaba de visita en su casa, la acompañé a tomar bañitos de Sol, me quité mi chanclas e hice lo mismo que mi mamá. La vida parecía no tener prisa en esos instantes, las horas y los días ya estaban en un momento de disfrute total, cada respiro, cada parpadeo, era un agradecimiento por un día más de vida. Levantaba la mirada y veía su entorno como queriendo atesorar y guardar en su memoria cada imagen que veía, respiraba profundo y sonreía. Casi puedo asegurar que daba gracias a Dios por un día más.
Nunca tuvo miedo a sabiendas que sus días estaban contados, porque tiempo antes se empezó a preparar con cursos de tanatologia para su partida. Ojalá y todos hubiéramos tomado ese curso para estar preparados también.
En lo personal, mi duelo fue unos dos meses antes, era más que evidente que el final se estaba acercando.
Y por primera vez en 11 años de hacer mis escritos, dejé de escribir, esos dos meses fueron un duelo terrible para mi y le lloré antes de que se fuera porque no soportaba verla sufrir.
Sabiamente ella se preparó y dejó toda su vida y su existencia en paz, no hubo arrepentimientos, ni asuntos pendientes, ni preocupaciones de nada ni de nadie…injusto hubiera sido irse con pendientes, porque ella hizo todo para dejar las cosas en orden, tuvo la satisfacción de pasar el último Año Nuevo con toda la familia reunida e hizo todo lo posible porque así fuera.
Sabía perfectamente que sería la última vez que nos vería juntos. Calculó sus tiempos, nos preparó para su partida, incluso me dijo meses antes de lo que quisiera quedarme con algunas cosas…a mi se me estrujaba el corazón nada más de oírla, pero aún así lo tomé con calma porque ella estaba tranquila, me enseñaba una cosa y otra y así como siempre planeó su vida y la creación de su casita, así tranquilamente estaba planeando su partida.
Hablábamos de una partida, pero no con dolor, sino más bien como un dejar esta vida sin preocupaciones. Ella durante muchos años, nos preparó para la vida, para seguir adelante, para ser independientes, para ser fuertes, para no rendirse jamás, tuvimos mil enseñanzas de ella, así que no había motivo para no irse en paz…ahora depende de nosotros el haber aprendido todas esas lecciones para seguir adelante con su ausencia.
Y si…así fue. Ella se fue en paz y a pesar de que a mi me tocó estar en su último aliento, le pude decir al oído cuánto la queríamos…no hubo llanto, no hubo lágrimas, no hubo dolor ni pena, sólo pude darle las gracias a Dios porque ya descansaba en paz. En esos momentos me vino a la mente esa imagen de ella sentada con los pies en la tierra, tan sabia, tan perfecta, que su enseñanza pudo trascender a muchos corazones…traté de ubicarme, serenar mi mente y hacer lo que tenía que hacer…con los pies en la tierra.
“En memoria de mi querida mamin, mi fan #1…millones de veces bendita seas”.