Así decía mi mamá cuando salía al patio y veía salir la Luna, le tomaba una foto y nos la mandaba con un pie de foto que decía…mi Luna.
Disfrutaba cada día, cada instante, cada pequeña brisa que le rosara…era una artista de su propio ser, había hecho un templo de su existencia y fue edificando cada parte de su vida con esas pequeñas cosas que la vida misma le iba regalando.
Siempre se mantuvo ocupada y nunca dejó que la aburrición o la apatía la invadieran. Siempre
mantuvo su mente ágil, ocupada, sin permitir que cualquier pensamiento negativo la invadiese.
Hasta para descansar se daba tiempo y se sentaba a “sentir” todo lo que ocurría a su alrededor. Aún en ese estado de meditación, iba pensando qué más hacer para su casita…
-voy a poner unas macetas aquí, voy a arreglar este rinconcito de allá…y así iba creando en su mente todo el acomodo de su casita.
Tenía una facilidad de visión, que rápidamente creaba en su mente algún proyecto. Colores, texturas, materiales, sabía perfectamente lo que quería.
Y cuando tenía los recursos, ponía en acción ese pequeño o gran proyecto.
Siempre nos decía “hay que hacer lo qué hay que hacer”.
Parece tonto, pero qué gran aprendizaje de vida nos dió.
Ahora está de moda la palabra “procrastinar”.
Créanme que la primera vez que la escuché dije pro-qué?.
Ella no sabía de eso, las cosas las hacía y punto, si tenía que lavar los platos, recoger la casa, atender a la familia, lo hacía en ese momento, no al rato ni después, ni cuando se acordara.
Su casa siempre linda y perfecta, siempre lista para recibir visitas inesperadas. Jamás hubo trapos y ropa o cosas en la sala regados, ni trastes amontonados en la cocina.
La extraño y la extraño mucho y tal vez una manera de mostrarle todos mis respetos, es tratando de tener el mismo orden y disciplina que tenía ella.
Nunca ví desperdiciar su tiempo, incluso en sus momentos de descanso, ocupaba de todos sus sentidos para poder disfrutar al máximo cada momento.
Cerraba sus ojos y con ese semblante de paz, lograba captar al pájaro que cantaba, al perro a lo lejos, el pasar de algún auto, el sonido del viento, el movimiento que circulaba en la casa…todo. Olores, texturas…todo pasaba por sus sentidos y los hacía suyos…Mi aire, mi cielo, mi mar…todo era suyo.
Merecedora de eso y más era. Ahora es dueña de todo el universo.
…Éramos tan afines, que todo lo que me contara o le contara, pareciera que tuviéramos los mismos gustos y coincidiéramos en las mismas cosas.
Algo curioso que sucedió hace como un año, fue que en una de esas idas a Tampico a su quimioterapia yo llegué y agarré mi cel creyendo que era el mío.
Han de creer que ella desde Cancún y yo desde Monterrey escogimos exactamente la misma funda. Muy atípica por cierto, tipo de corcho con una especie de mandala sobre de ella. Entre tantos cientos de fundas escogimos la misma y sin saberlo.
Esa y muchas cosas más nos pasaban, como si fuéramos almas gemelas.
Cuando alguien conocía a mi mamá, siempre me decían…ya sé de dónde vienes. Era muy grato para mi, el que me pudieran comparar con una gran mujer.
Por eso ahora cuando estoy sola en casa, trato de hacer las cosas lo mejor posible, de tener un mejor orden, de mantener la casa linda, de llenarla de vida y hacer un santuario de paz a donde llegar.
Siempre me decía…el espacio que ocupes será tu hogar.
Y más que vivir en un lugar ordenado, es vivir en un lugar de paz.
Y sí…así fue. Que parece que todavía la veo levantando los brazos, dando vueltas con una sonrisa, en el patio o dónde estuviese, gozando de su jardín, de su cielo, su Luna y de toda su existencia.
P.D.: ¿Ya vieron mi Luna?