No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 3 años

¿ESTÁS BIEN?

Se supone que es la pregunta más correcta y amable que se puede hacer no?. Y más que nada después de saber que algo pasó.
Mmm pero he visto que a veces la expectativa dista un poco de la realidad.
Ese “¿estás bien?”, se supone que debe de ser sobre cualquier pregunta que pueda haber, digo, se supone.
Pero no!
Dejen les platico lo qué pasó hace muchos años.
Íbamos llegando mi familia y yo al Bioparque Estrella, acá en Monterrey.
Mis hijos estaban muy pequeños, el más chico tenía unos 4 ó 5 años a lo mucho. Y según mi hermano decía que era un Minitrol, así chiquito con una cabezota. Por eso se caía mucho, la cabeza le pesaba.
Ese día traía unos tenicitos de los bubble gummers, ¿se acuerdan? De los que son para niños y huelen a chicle.
El chiste es que aún con sus tenis bonitos, algo pasaba con sus pies!. Se tropezaba a cada rato.
El primer tropiezo fue llegando, zaz que se cae y yo…papacito estás bien?!!
El segundo fue unos minutos después, zaz que se vuelve a tropezar…papacito!!. Ahí ya tuve que sacar el Arnica.
Luego se vuelve a caer! Y yo…ALEJANDROOOO pos qué te pasa?!!… y llorando con voz bajita me dice…es que me tropiezo con las piedritas.
Tooodo el Bioparque estaba con caminos de piedritas!
¿Saben cuantas veces se cayó?, muchas! Y yo ya no aguantaba la risa desde la segunda vez. Nonono pobre de mijo, todo chipoteado y su santa madre riéndose a escondidas porque la verdad era muy chistoso lo que le estaba pasando.
Así que ese “¿estás bien?”, pasó a un muy segundo plano.
Luego, unos dos, tres años más tarde, que se viene el huracán Alex. Hizo muchos estragos acá en Monterrey, pero nosotros frente a la casa que teníamos, le supimos sacar provecho. Se había formado un rio en la calle, que venía de veneros de la montaña. Mi casa estaba en una calle inclinada y la corriente iba con fuerza, así que con la emoción de ese fenómeno, muchos de los vecinitos se salieron a jugar con esa corriente. Dejaban que se los llevara una cierta distancia, así tipo tobogán y regresaban.
Pero mijo estaba muy chiquito y delgadito, debía que tener cuidado con él porque se lo podía llevar el río.
En una de esas, la corriente lo jaló muy fuerte y se me estaba yendo. Afortunadamente lo alcancé a agarrar con una mano pero zaz! que se me zafa la chancla.
Digo, la verdad, por un nano segundo pensé…¡La chancla-mi hijo!. Siiii tenía una sola opción para decidir si agarrar a mijo con la otra mano o intentar salvar la chancla.
Seeee soy una mala madre ya se, ya seee. En vez de preguntarle a mijo…¿Estás bien?, pasó por mi mente ese pensamiento fugaz de…¡Mi chancla de Nueva York!. Porque les he de decir que allá la compré.
La verdad yo misma me reía de que ese pensamiento pasara por mi cabeza, siendo que mi hijo estaba en peligro. En fin.
Pero el otro día, hace poco, a mijo más grande se le rompió una silla de la cocina.
Estábamos sentados a la mesa él y yo nada más y trató de acercarse a mi, con todo y silla. Al parecer ya estaba sentida y al atorarse con la boquilla del piso se descuadró y se rompió.
¡Zaz!, en un segundo ya estaba en el piso, yo todavía alcancé a medio agarrarlo en el aire porque si, mi pensamiento corrió muy rápido, viendo el posible caos del accidente que se pudiera ocasionar. Me preocupaban las maderas como estacas que se le pudieran encajar al caer. Todo eso paso por mi mente en milésimas de segundos. Afortunadamente no se lastimó.
Después llega su papá y ve la silla… ¿Qué le pasó a la silla?!!
-Tú hijo se cayó… pero está bien, no le pasó nada.
-¡Pero la silla!, ¿cómo se rompió?!.
-Se rompió y ya…pero tu hijo está bien.
-¿Así nada más?!, la silla!!, está rota!.
Fue ahí cuando nos empezamos a burlar de él, que le importaba más la silla que su propio hijo.
Y lo mismo sucedió con la olla de presión. Me explotó!, bueno no tanto, solo se le zafó una válvula y nonono, un géiser de frijoles!.
Afortunadamente reaccioné rápido y pude solucionarlo sin salir herida por la presión de agua tan caliente. Todo se hizo un caos en la cocina, ¿se imaginan el batidero?, yo terminé bañada de frijoles y ni modo, a limpiar todo. Mi cocina parecía un baño de vapor pero de frijoles.
Después a los dos días, estando en la cocina todos y con visita, mi marido ve el techo y dice… ¿QUÉ LE PASO?!!!
Pos nadaaa, que parecía un mural mi techo todo manchado de frijoles.
Pero yo estoy bien, le dije, no me pasó nada.
Y todavía seguía viendo el techo y me decía…el techo! ¿Porqué no lo limpiaste?…ahí fue cuando le dije…disculpe joven, pase a la siguiente ventanilla, la de mantenimiento, porque esa área ya no me corresponde.
Y sí…así fue. Que espero que la próxima vez cuando uno pregunte ¿Estas bien?, sea realmente desde la intención de saber si la otra persona está bien. Ohh Sii!
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