No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 8 años

QUE TE DE EL AIRE

Desde que tengo uso de razón, he escuchado esa frase: “Que te de el aire”.
-¡Ándale, ya deja de estar con la tele y sal a que te de el aire!
-Pero mamaaaaá!!
-Nada de mamá y ya salte!
Era muy común y no necesitaban los papás tener todo un conocimiento científico, para saber que el aire y el Sol te hacían bien como para mandar a los hijos al patio.
Era lógica aplicada.
Aire + Sol = Bienestar
El hecho de salir al patio, los papás sabían que te quitaba la tontez.
Era como una nubecilla en la que andábamos por ver tantas caricaturas. De plano cuando ya eran demasiadas horas frente al televisor, uno casi podía sentir cómo el cerebro se escurría por nuestras orejas.
-Hijito me puedes ayudar a meter la ropa?
-Heeee?
-Que si me puedes ayudar a meter la ropa.
-Mandeeee??
No podíamos carburar ni siquiera una simple pregunta, nuestro cerebro ya estaba fundido!.
Y ahora que lo pienso era aburrimiento. No teníamos nada que hacer y nos poníamos a ver la tele y aunque muchas veces los programas no nos gustaran (porque no había muchos) de todas maneras los veíamos. Hasta que se nos derritiera el cerebro.
Así que en eso llegaba la archienemiga de los hijos, o sea, la señora mamá y de un grito decía…
-¡Apaga esa cosa y salte a jugar!!!
Bastante injusta en aquel entonces por sacar a sus pequeños retoños al patio. Por lo menos así lo creían los hijos.
Pero ya estando afuera, uno se topaba con el mundo real y no con el que te mostraba la tele.
Ese mundo de afuera era palpable, respirable y lo podías sentir en tu propia piel. Llegaba tu perro y te hacía fiestas y nunca estaba de mal humor como para irte a saludar.
La bici se hacía más divertida, el buscar bichos era interesantísimo y el encontrar cosas raras allá afuera era un gran descubrimiento. Todo eso realmente te hacía crecer y no lo que te pudiera dar una pantalla de televisión. Tus endorfinas se llenaban al máximo y te hacían sentir feliz.
El aire y el sol te revitalizan siempre. Así que sin saberlo, algunos cuantos podíamos dejar esa trampa que era la televisión sin problema y darle la espalda a muchos de sus programas sin sentido. La telebasura.
El estar afuera te hacía sentir todo un conocedor de la vida. Es más, te puedo platicar cómo nace una mariposa, cuál es la estrategia que ocupan las hormigas León para atrapar a sus presas, en qué época del año los árboles nos daban mangos, cómo nace un perrito, un gatito, un potro!. Te puedo decir que la lengua de una vaca es rasposa, que las ranas croan en tiempos de lluvia, que si la bruma es baja al amanecer, es porque va hacer calor durante el día. Todo eso y mucho más te lo puedo decir porque yo lo viví! y no porque lo haya visto en la televisión.
En casa de mis papás, de cuatro hermanos que éramos, a dos les gustaba mucho la tele, a los otros dos, nos la pasábamos juntando cáscaras de chicharras, andábamos con los perros y siempre buscábamos qué cosas nuevas podríamos encontrarnos en el patio.
Y la historia se repite, ahora no será la tele, pero si serán los juegos de video, el Facebook, el Instagram, las redes sociales y todo lo que nos atonte.
Digo “nos” porque aún a los adultos nos ha alcanzado este tiempo de esclavitud que dan los teléfonos, los iPad o cualquier cosa que se le parezca.
Salgamos a tomar aire y que si traemos algún teléfono, nos sirva para captar los buenos momentos y para poder ponernos de acuerdo y juntarnos en algún momento. No solo para platicar a distancia con los que no están.
Disfrutemos al que tenemos enfrente en ese instante y sobre todo sin distracciones.
Y sí…así fue. Que así como cuando de bebés nos daban baños de Sol para poder crecer sanos y fuertes. Ahora necesitamos que nos dé el aire y el Sol, para ser más felices.

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