No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

MI POBRE ANGELITO

Era pleno medio día he íbamos llegando mi esposo mis hijos y yo al Bioparque Estrella acá en Monterrey.  Los niños estaban pequeños como de 5 y 8 años. Hacía un calor del demonio así que andábamos a doc para la ocasión, y yo nomás traía mi cangurera con unos curitas y árnica (por aquello de los trancazos) y mis cosas personales porque me rechoca andar cargando bolsa en los paseos.
Apenas íbamos encaminándonos para agarrar el tour en el Safari cuando  ¡Reájatelas!,  que se tropieza el Alex (el mas pequeño) y que se cae de bruces sin meter las manos.  Lo levanto rápidamente y le digo…-¡Ay papacito, mira nomás!;  busco en mi  súper cangurera el árnica y la saco, le unto un poco en el chipote y listo.
Lloró un poco pero no mucho. Pues al estar en el Safari como que se le olvidó el asunto.
Se terminó el paseo y andando por ahí que se vuelve a tropezar, ¡Sópas!.  Lo volví a curar, lo consolé un poco, le di su besito y ya todo pasó.  Luego de un rato ya para la tarde oootra vez que se vuelve a tropezar.  ¡Alejandro!, ¿¡Pus qué te pasa en las patas!?, le pregunto alterada. Y me dice sollozando…-“Es que, es que…me tropiezo con las piedritas”.
Fue entonces cuando ya no aguanté y me quería morir de la risa, ¡pobre hijo mío!, sufriendo él de tantas chipoteadas y yo que ya no podía ni curarlo porque me ganaba la risa. Mejor lo abrace para que no me viera la cara y así no hacerlo sentir mal.  Todo ese rato que pasó después me contuve para no reírme nomás de acordarme.
Y ya casi antes de irnos fuimos a un embarcadero donde tienen cordones gruesos agarrados por pequeños postes para hacer la unifila.  Ahí habían muchísimos peses muy grandes anaranjados que pedían desesperadamente comida, y como no había mucha gente nos acercamos a la orilla del embarcadero para verlos.  En eso como que oigo un pequeño quejido detrás de mi y volteo, y veo al Alex parado mirándome con cara de compunjido y le pregunto…-¿Qué te paso?, y me dice…-¡Nada!, y yo, -¿Cómo de que nada?, y lo empiezo a revisar.  Nombreee, tenía toda la espalda llena de tierra hasta la cabeza, pues resulta que se había sentado en el cordón de la unifila como columpio y se fue pa tras. ¡Sácale! Hasta el suelo fue a dar.
Ahí de plano no me aguanté mas y me dio un ataque de risa, no podía creer que se hubiera caído tantas veces. Y más risa me dio porque no quería decirme que se había caído otra vez.
Creo que esa vez lo que mas le dolió fue el orgullo.
Pobre Alex, dice mi hermano que un día de estos le va hablar al DIF por aquello del maltrato psicológico. Y no nada más por eso, aparte como que se me ha olvidado (momentáneamente) en algunos lados, y eso que nomás tengo dos hijos.
Una vez no fue culpa mía nomás, porque también iba mi marido.
Estábamos en el restaurante Toks con toda la familia de mi esposo, y eran muchos chamacos. Y ya casi para irnos, el Alex me dice…-Voy al baño mami;  pasó el rato y pedimos la cuenta, y ya estando en el estacionamiento todos acomodándonos en la camioneta de mi cuñada me dice mi sobrinito el más pequeño…-¿Oye tía, y Alex?. Y yo…-¿Alex?…¡¡Alex!!, ¡¿Dónde esta?!. Volteábamos para todos lados, contamos a los niños y en efecto, no estaba.  ¡Ohh no!, ¡Lo habíamos dejado olvidado en el baño!, y que me regreso corriendo al restaurante, empujo la puerta principal como en las películas del oeste y me atravieso por el pasillo corriendo. (antes no les dije…¡A un lado!)  Me imagino que mi cara de espanto lo decía todo pues los meseros se me quedaron viendo nomás cuando pasé echa la duro hacia el baño.   Y de un portazo abrí la puerta del baño con la respiración agitada y que le grito…-¡Alex!, y una vocecita me contesta…-¿Si mami?, y yo todavía exaltada le pregunto…-¡¿Estas bien?!, …-Si mami, estoy en el baño, me contesta.
Creo que fue algo vergonzoso atravesar el restaurante de regreso pues todo el mundo se dio cuenta que había olvidado a mi hijo.
La otra fue en la escuela, y eso porque un día le dijeron al Alex que saldría a las 12pm en vez de las 2pm como normalmente lo hacen. Ese día se me olvido por completo y como Beto mi hijo no tuvo clases ese día, al acompañarme para ir a recoger a su hermanito me dice…-Oye mami, ¿qué no salía hoy Alex a las 12?.
Nunca hubiera dicho eso, si ya me había tardado dos horas yo creo que unos minutos más no hacia la diferencia. Así que pisé el acelerador a fondo para ir por mi pobre angelito.
Afortunadamente había unos niños hijos de maestras que se quedaban ahí hasta tarde. Pero si me reclamó mi hijo porque tuvo que aguantar a una niña hiper odiosa todo ese tiempo.
Y si…así fue. En algunas ocasiones (pocas, no muchas) se me ha quedado el Alex momentáneamente olvidado.

Junio 2013

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