Por las tardes después de la escuela salíamos a jugar al patio, pero más que a eso era a explorar. Siempre había un sin número de cosas por descubrir, nos encantaba jugar con lupas y quemar hojas secas, a veces quemábamos hormigas y gusanos con el rayo del Sol. Agarrábamos ranas, libélulas y toda clase de bichos y los observábamos detenidamente. Teníamos muchos árboles frutales como de guayabas, mangos, limas, limones, aguacates, papayas, ciruelas y plátanos; y por supuesto que nos encantaba treparnos en ellos.
Al principio cuando llegamos a la casa no teníamos reja alrededor del terreno y como cerca de ahí habían unas rancherías de repente entraban los cochinos corriendo y teníamos que correrle para que no nos alcanzaran. Las vacas y los caballos pasaban muy cerca y seguido andaban pastando por ahí, así que un día corté unos pastos muy largos de esos que cortan porque tienen como cierrita por las orillas y se los di a comer a una vaca…. nunca pensé que fueran a tener la lengua taaan larga pues al estar comiendo de mi mano sacó la lengua y me la chupó guaghh!, estaba seca y rasposa como lija, entonces me di cuenta que no era una buena idea el darle de comer así jaja.
Sólo teníamos dos vecinos, unos por un lado y otros pasando el monte hacia enfrente. Así qué no había muchos niños con quien jugar, pero aún así nos divertíamos mucho. A mi por ejemplo, nunca me gustó jugar a las muñecas, se me hacia algo tonto y la verdad nunca le encontré el chiste a eso, lo mío era correr, trepar, investigar, explorar…y como fui la única mujer de entre 3 hermanos pues lo delicado y lo femenino como que nunca se me dió. Tuve que sobrevivir a ellos, aunque ellos siempre han dicho que fue todo lo contrario.
Lo más divertido que pudimos hacer fue tener un club; encontramos un lugar ideal, era un árbol grande donde sus ramas caían hasta el suelo así que nos quedaba perfecto como una cueva para tener nuestro club, lo barrimos, le colgamos cosas viejas, le pusimos banquitos e instituimos reglas. Éramos 7 niños en total y cada uno tenía una tarjeta de identificación con su número para poder entrar. Los fines de semana se juntaban tres niños más que venían de otra colonia y nos pasábamos horas y horas jugando a los investigadores. Y cuando era la hora de regresar a casa mi mamá nos tocaba la campana que tenía en la entrada y como liebres salíamos brincando por el monte para regresar lo más rápido posible.
Un día la camioneta del vecino se le fue al pantano que había a lado de mi casa, por lo visto la dejaron estacionada sin el freno de mano y como estaba de bajadita pues fue a dar al pantano. Todo era emocionante para nosotros, el agua casi cubría la camioneta y después cuando la sacaron, un montón de lirios salieron de ella. Para suerte nuestra se hizo como una rampa tipo embarcadero, así que mi hermano pa pronto se puso hacer una balsa con llantas, bambúes y todo lo que se encontrara. Queríamos surcar el pantano entero pero apenas fue puesta la balsa en el agua ésta se empezó a hundir.
Éramos ingeniosos, intrépidos….libres
Enero ’13