Cuando tenía 5 años mis hermanos y yo crecimos a lado de un pantano, era grande, abundante, misterioso y tremendamente divertido. En el coexistían toda clase de plantas y animales, los mangles, los lirios y todo ese verdor era un marco hermoso que embellecía nuestra casa. Había una diversidad increíble de animales e insectos que gracias a que nos pasábamos horas enteras en el patio pudimos aprender demasiado de ellos: vimos nacer a muchas mariposas, también vimos nacer perritos, gatos, pollitos, canarios y hasta un caballo; entendimos a la perfección el desarrollo de una rana antes de que nos lo enseñaran en la escuela; fuimos testigos de luchas encarnizadas entre bandos distintos de hormigas arrieras y nos entreteníamos sacando hormigas León de sus trampas. Uno de mis hermanos coleccionaba las cáscaras de las chicharras y toda clase de cosas y bichos raros que se encontrara. Nos gustaba explorar el pantano, recorríamos toda la zona y sentíamos que era nuestro; pero como más allá eran rancherías, habían vacas, caballos y cochinos; entonces cuando regresábamos a la casa muchas veces llegábamos llenos de garrapatas y lo que es peor aún, de pinolillos.
Azotadores, gusanos medidores, libélulas, ranas, grillos, escarabajos, víboras de agua y coralillos, iguanas, lagartijas, tortugas, mapaches, tlacuaches, patos, búhos, palomas, cotorros, peces y hasta lagartos. Eso y más había en el pantano.
Una noche, nuestros tres perros se metieron al pantano y fue cuando escuchamos un escándalo horrible, eran ladridos, gruñidos y chillidos que nos erizaban la piel, no podíamos ver nada….se estaban peleando con el lagarto. Creímos que no sobrevivirían pero al parecer tuvieron mucha suerte, sólo que tuvimos que decirle al veterinario que no sabíamos qué les había pasado pues el doctor no daba crédito al verle los hoyos que tenía en el tórax uno de ellos.
Por las noches era muy agradable escuchar ese concierto de ranas que no dejaban de croar, los grillos y toda esa vida nocturna hacían que nuestro descanso fuera realmente profundo.
El pantano lo disfrutamos y lo gozamos mucho, pero al final lo sufrimos mucho también…
14 enero ’13