No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

EL CICLO DE LA VIDA

El tiempo transcurría sin ningún apuro y nosotros seguíamos disfrutando de nuestro pantano.             Todo el tiempo había movimiento en la casa y afortunadamente teníamos mucho espacio para explayarnos, y así como disfrutábamos de cuanto  hubiera a nuestro alrededor, también teníamos obligaciones con nuestras mascotas. A eso de las 6 de la tarde, mi mamá nos pedía que metiéramos a las gallinas al gallinero, y era un show porque teníamos que corretearlas  por todo el patio.
También  tuvimos un pato que se llamaba Pascual, era un pato grande y hermoso que curiosamente nunca perdió su tono amarillo de cuando era chiquito;  mi hermano menor cuando tenia como 3 años jugaba mucho con él, echaban carreras desde la cocina hasta el final del patio, pero luego el pato hacia trampa porque se le atravesaba por los pies y lo tumbaba.  Para esto mi hermano fue el único que adoptaba modas u ondas medias raras, y era feliz, pues corría por el patio en pijama con un sombrero de charro de mi papá y a pesar de que apenas podía con el, no se lo quitaba. Luego adoptó un sombrero vaquero que un tío le regaló y nunca se lo quito hasta que se lo acabó.
En ese entonces estaba el Rayo, era un perro grande y peludo que seguido jugaba luchitas con el Pascual; se revolcaban mordisqueando y como el pato era muy grande,  pues el perro no podía con él.  Siempre hubo muchas tortugas en el pantano y a veces las veíamos por el patio, pero un día, el Rayo traía azorrillada a una pobre tortuga que me imagino que ya no aguantaba sus ladridos, pues éste no dejaba de ladrarle y molestarla, y en una de esas que agarra a la tortuga,  pero con tan mala fortuna la cabeza le quedó dentro de su hocico….digoo, me imagino que le ha de haber mordido la lengua porque el perro la lanzó hasta el otro lado del patio con un gran chillido.
Poco a poco se nos fueron acabando las gallinas y no sabíamos porqué, simplemente desaparecían.  Pero un día, andando de excursión  por el pantano nos dimos cuenta que algún animal se las estaba comiendo porque encontrábamos plumas regadas por todos lados. Pudo haber sido los mapaches que andaban por ahí, aunque lo más seguro es que hayan sido los lagartos que vivían en el pantano.  Nunca supimos cuantos eran, pero por lo menos tres diferentes si vimos.
Cuando llegamos a esa casa a vivir, desconocíamos de la existencia de los lagartos y fue hasta varios años después cuando se dejaron ver. Al principio escuchábamos ruidos raros, pero nunca podíamos ver de que se trataba. Fue muy incierto durante mucho tiempo y llegamos a creer que fuera alguna nutria que se sumergía en el agua.  Mas sin embargo, un día, cuando el Sol charoleaba en el agua, vimos impresionantemente los picos del lomo del lagarto sobresalir ligeramente sobre el agua.  A partir de ahí lo seguimos viendo y con el paso del tiempo como que se acostumbraron a nosotros, así que luego salían a la orilla despreocupadamente a asolearse con el hocico abierto.  Por fortuna tenemos fotos de ellos.
Buena almorzada que se daban de seguro,  pues una a una las gallinas junto con el Pascual fueron desapareciendo.  A partir de ahí ya nunca más tuvimos gallinas ni patos.
Fue duro comprender para nosotros tal naturaleza, pues vivíamos prácticamente en un mundo salvaje. Sufrimos cada pérdida que teníamos pero hubo una que fue la que nos marcó para siempre y nos dio una gran enseñanza….pues depredadores habían muchos y tenían que cazar para vivir….un día, mi esposo que en aquel momento éramos novios, me regaló un pequeño conejito, era hermoso y adorable; lo cargue y salimos al patio para que caminara por el pasto, y estando incada acariciando al conejito, de pronto un gato apareció de la nada y prácticamente de mis manos me lo arrebató….nada pudimos hacer ya, fue demasiado rápido para alcanzarlo.
Los días pasaron y pronto me reconcilie con el gato, pues descubrí que era una gata que tenía hijitos escondidos en una de las bodegas de mi papá.  Cuánta hambre ha de haber tenido para arriesgarse así?
El ciclo de la vida reinaba en el pantano  y nada,  más que la mano del hombre pudo acabar con ello….

Febrero 2013

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