Creo que lo más divertido de la escuela, es el recreo.
Mis hermanos y yo, estuvimos en una escuela de gobierno, muy grande, abarcaba toda la manzana. Pero las instalaciones no eran muchas. Había dos turnos: matutino y vespertino. Y yo estaba en el matutino. Eran dos salones por grupo: el A y el B, y siempre había como que una especie de conflicto entre uno y el otro. Los del A decíamos que éramos A de aplicados, y que los del B eran B de burros. Nomás que luego se defendían diciendo que era A de asnos y B de buenos. Qué grandes contrincantes y más porque desde que uno entraba a la primaria, siempre te tocaba el mismo grupo año con año. No es como ahora que parece que hacen ensalada de frutas cada vez que pasan de año: A, B, C, D.
Yo pienso que es mejor ahora, porque da oportunidad a que conozcan a más compañeritos.
Un padre jesuita que nos daba clase en la secundaria y prepa, nos decía: diversifíquense.
Y es algo que no pasó en mi primaria, yo conocía a los de mi grupo y punto. Lo bueno, es que fue un excelente grupo, muy unido. Fuimos tan unidos que al llegar a sexto de primaria, resulta que nos había tocado una maestra a la cual adorábamos, y ya nos había tocado con ella en tercero y en quinto. La única condición es que ya no seríamos un grupo A, sino un B. La verdad no nos importó el romper con la tradición del grupo A con tal de estar con ella, aunque unos dos o tres si se cambiaron al otro grupo.
El caso es, que la escuela a pesar de ser grande su terreno y tener pura terraceria y matas al fondo del patio, nosotros nos divertíamos mucho. Digamos que nuestros límites eran hasta donde estaban unas canchas de basquet, más allá ya no era muy interesante. Pero existía un patio lleno de pinos muy grandes, nos daban mucha sombra y ahí se jugaba más que nada a las canicas….siiii…yo también jugué a las canicas y al salto del burro, y al fútbol y los encantados. A la roña, que me imagino que es como el voto ahora y a las traís. Todo lo que fuera correr, brincar y esconderse me encantaba. Era muy buena en eso, tenía velocidad y casi nunca me atrapaban. También era buenísima con el elástico (debería jugarlo otra vez, porqué no), ¡es retedivertido!, y más porque uno tiene que ir superando niveles de dificultad.
Tanto niños como niñas, jugábamos juntos, a lo que fuera, y no era mal visto que los niños jugaran a las manitas con nosotras.
Pienso que lo que más me gustaba era correr y que no me alcanzaran. Sólo que siempre llegaba toda sudadota al salón; los cachetes rojos y empapada. En ese entonces no sé si ya me picaba el alacrán, me rechinaba la bisagra o me rugía la pantera…que me oliera el sobaco pues. Era una combinación de olores, entre niños sudados, con el aroma a libro de texto y lápiz. Inconfundible.
¿Aire acondicionado? Ja!, si apenas teníamos dos ventiladores de cielo. Y eso si, ventanas muy bajas pa que circulara el aire.
Ahora, los salones parecen búnkers. Climatizados y con mini ventanas para que no se distraigan los chamacos. Peeeero si eso era lo interesante!, el estar papando moscas de vez en cuando de cuanta cosa pasara allá afuera. Y no se necesitan salones herméticos, ni visores de caballo para estar in focus en la clase, aún así, siguen papando moscas los escuincles.
En cuanto a lo que vendían en la tiendita, creo que no puedo contar mucho, pues no era de las que traían dinero y se compraran papas y cosas de esas. Yo siempre llevaba lonch, que por lo general era un sándwich de frijoles refritos y agua de limón. En realidad a esa edad lo que menos me importaba era mi lonch o lo que fuera a comer, yo quería salir destapada al recreo para ir a jugar, entonces el comerme el lonch me quitaba cierto tiempo de mi recreo. ¡Y yo quería divertirme!, salir del salón y agarrar aire puro.
Y sí…así fue. Los recreos eran divertidos aunque regresáramos hechos un asco, las mangas de la camisa terminaban negras nomás de quitarnos el sudor. Las rodillas siempre las traía nejas y el agua de limón nunca alcanzaba para quitarnos la sed.
12 años
EL RECREO
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