De recién casados y desde que vivíamos en aquella vieja casa sin techo (tendrían que leer mi escrito “Una casa con techo” allá por noviembre del 2013, para saber porqué le digo así), empezamos una tradición de hacer elotizas antes de Navidad. Se invitaba a toda la familia y amigos a esa gran reunión. Cada año era lo mismo mientras vivimos en Tampico. Pero al venirnos a Monterrey, aquí ya no hacíamos nada. Esperábamos a que llegara la Navidad para ir a Tampico y hacer la elotiza. Mi marido y yo nos ocupábamos de ir al mercado a comprar los elotes, de pelarlos y ponerlos a cocer en un “baño” de metal, como el de los eloteros. Se prendía leña o carbón y sobre de unos tabiques, se ponía el baño con los elotes, y ya bien tapados con un mantel viejo se dejaban cocer. Y como era pachanga de todos, a unos les tocaba llevar el queso, otros los limones, chile en polvo, mantequilla, mayonesa, sal, servilletas y así.
Era todo un ritual, estar esperando a que se cocieran los elotes. Pero ya estando cocidos, empezaba la fila para pedir el suyo. Se necesitaba de dos o tres manos para poder irlos pelando y ponerles el palo y así repartirles a todos. Ya después, cada quién le ponía lo que quería: unos con chile, otros sin mayonesa, con limón, sin queso…en fin, cada quién le ponía lo que quería.
Nos comíamos de a dos y tres elotes, bien grandes. Y la pachanga seguía hasta la noche. Comprábamos bombones y los niños los asaban en el fuego que quedaba. A veces se quitaba la olla y encendíamos una fogata más grande para así estar alrededor de ella. La noche era larga y fría y se antojaba seguir a la orilla del fuego. Y uno que otro volvía a comer más elotes de los que habían quedado.
Las elotizas se hacían en casa de mis papás y se invitaba a mucha gente, principalmente familiares. Llegamos a ser muchísimos. Era divertido, porque la mayoría no se limpiaba la boca hasta haberse terminado su elote, así que andábamos todos embarrados de mayonesa y chile hasta las narices. Todo quedaba en familia!.
En otra ocasión, mi hermano más chico prestó su casa para la elotiza. Y siempre nos preguntaban que cuándo llegábamos a Tampico para poder organizarla.
Pero ahora, por primera vez en Monterrey y en mi nueva casa con techo, hicimos una elotiza. Y fue en honor a mi cumple del lunes pasado. Invitamos a familia y amigos. Pasamos una velada excelente! Los niños se fueron al bosque a explorar con radios y linterna. Se divirtieron de lo lindo, fueron libres!, e hicieron lo que quisieron. Corrían por todo el rededor de la casa y buscaban al Gato. Los chicos más grandes se quedaron jugando con el PS3 y también se la pasaron padre. Los grandes disfrutamos de una excelente compañía, la gente se movía, iba y venía como en su casa. Y no sé los demás, pero esa sensación de estar tan agusto es invaluable.
Me hizo feliz el verlos contentos, el sentirse libres, de moverse en la casa y tomar lo que quisieran como si fuera la suya…eso me demuestra que hay cariño y confianza, y es algo que me llena el alma.
Mi fiesta con elotiza la pasé feliz, feliz, feliz!. Se acompañó con pan de muerto, chocolate caliente, sándwichon y un pastel muy rico que me trajeron. No hizo falta nada más. Eso y el sentirme tan querida, fue mi mejor regalo.
Y sí…así fue. Espero y sea el principio de futuras elotizas en mi casa con techo. De llenarnos de gente tan querida y poder compartir la tranquilidad y belleza de este bosque donde vivo.
12 años
ELOTIZA
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