Desde que llegamos a Monterrey, una de las cosas que mas íbamos a extrañar, era el queso molido. En Tampico, el tener un queso molido sobre la mesa a la hora de la comida, era como a muchos tener tortillas calientitas. Nunca faltaba! Y siempre se combinaba con todo: en la sopa, con el guisado, con tortillas, en pan, con frijoles…edsshpendendse, creo que ya estoy babeando.
En fin, alimento básico en las familias que viven cerca de la zona de la huasteca, allá por Veracruz.
Así que nuestro penar fue mucho, y lo que optamos por hacer, era traer quesos de allá de Tampico, cada vez que fuéramos. Los traíamos en hieleras, cada uno envuelto en bolsas y periódico, para después ser guardados en el congelador. Pero dejen les cuento!. Esos quesos son tan codiciados por nosotros, por su sabor y versatilidad. De a kilo, son ligeros, hechos a mano y de leche bronca, se entregan dentro de un aro de plástico y sueltan mucho suero de la leche. Hay que enjuagarlos y refrigerarlos. A veces vienen un poco mas salados, todo depende de cómo los hicieron ese día ya que el tantéyele con la sal, no es la misma.
…ñam, ñam, con tostadas, en molletes, con elotes!…Ohh lo siento…divagué un poco.
Claro que a mi familia la tenía condicionada, de que cada vez que vinieran a visitarnos, si querían un cuarto en nuestra casa, de pérdis nos trajeran un queso para reservar habitación. Eeeeee, bien lista!.
Pero, como a veces no se podía viajar seguido de aquí pa allá y de allá pa acá, pues, nos quedábamos sin queso molido.
Eeeentonces, mi cuñada, la que vive aquí, nos dijo haber encontrado un lugar cerca de la casa en donde vendían quesos…UUOOOOOW!.
Es así como encontramos al Jarocho, un señor ya grande originario de Veracruz el cual se dedica a vender quesos de allá, aquí en su casa.
Moreno, de pelo blanco y con un acento jarocho inconfundible. Hay que tocar la campana a través de la reja jalando una cuerda para que suene. El primero que viene, es su perrito blanco, luego llega el señor con su caminado algo lento para ver qué va uno a llevar: si queso molido o de cuajada (panela). Se regresa a su casa para ir por los quesos, los embolsa y ahí viene con ellos para entregarlos. Le da uno el dinero y ahí va otra vez, atravesando el patio para traer el cambio. Lo recoge, y ahí viene de nuevo para entregarnos la feria…con razón está delgado el señor con tanta vuelta.
Es todo un personaje. Un día fuimos la familia por unos quesos; regresábamos de un partido de nuestros hijos del fútbol americano y yo traía puesta la camiseta del equipo, pantalón de mezclilla, tenis y una cola de caballo. Me bajo de la camioneta para pedir los quesos, el señor viene y ya después de las tantas vueltas que da, me dice…
-Nomas que dile a tu papá, que el
panela no tiene muy buena
consistencia hoy…
En eso casi suelto la carcajada y volteo a ver a mi esposo. Me ve con cara de “Seee, síguele” y mis hijos estaban atacados de la risa al oír lo que había dicho el señor. Me acerco a mi marido y no podía contener la risa. Por supuesto que el señor ni cuenta se dio que mi marido era un asalta cunas. O por lo menos eso parecía en ese momento jaj!.
El otro día me sorprendió, que al estar platicando con el señor, sobre las plantas y los árboles frutales, me regaló un brote de hoja santa para que la sembrara en mi casa. Se me hizo un gran detalle, pues el al ver mi emoción de que el señor tenía esa planta, sin pensarlo, agarró una pala y sacó un tallo de su jardín. Cosa que me motivó a pensar, que si un día yo puedo compartir un brote de mi jardín, hacerlo tan entregadamente.
Y sí…así fue. Tenemos la dicha de haber conocido al Jarocho que es el que nos abastece de quesos, y no sólo eso, mas gusto es haber conocido a todo un personaje, que con sus ojos cansados por la edad, es una persona tan desprendida, que comparte lo poco que tiene.
11 años
EL JAROCHO
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