Ohh Sii!, si quieres tener una conversación de corridito conmigo, debes mantener el orden de las ideas bien hiladas. Ya que al más ligero cambio de rumbo en la conversación…puff!, ya se me fue la onda.
Y me ha pasado muchas veces, que estando platicando con alguien y contándole algún acontecimiento, de repente me quedo pensando y con cara de pregunta le digo…
-¿porqué te estaba diciendo
esto?.
El otro día (uno de tantos), estábamos mi amiga Norma y yo en el gym dándole duro en las elípticas, platicando animadamente. Como siempre, el tiempo se nos pasa volando a todas platicando en el área de cardio. Es cuando podemos explayarnos a nuestras anchas, ya que es como ir paseando por el parque. Sólo se oye la música de ambiente, el sonido de las máquinas y las pláticas de todas como gallinas cacareando. A veces parece que alguien pusiera un huevo, porque las pláticas se vuelven más ruidosas y con carcajadas.
En fin, estaba con mi amiga Normis, y después de estarle platicando algo, me le quedo viendo y le digo…-¿De qué te estaba hablando?.
-Mmmm, pus no sé.
-Ya vez! Para qué me cambias de conversación. No me distraigas!
-Jaj! A ver deja me regreso.
Y como ya me conoce, hacemos una pequeña regresión de los hechos, utilizando palabras clave para tratar de atinarle a lo que le quería decir. Que si hablábamos de los niños, la receta, la vecina, el ejercicio, la juntadita, lo del fin de semana, el chisme del otro día, la ida a MacAllen…digooo, algo tiene que ser!. Y sí, a final de cuentas, logramos retomar el tema.
Creo que no tengo mejor parecido que con el de Dori, lo único que me falta, es que esté platicando con alguien como una hora y al hacer una pequeña pausa, le pregunte…
-¿Se te ofrece algo?.
Mis hijos dicen, que ellos mismos van al llamar a DIF. Yo les digo que sin mi no podrían sobrevivir. Y mi marido dice, que ellos me tienen que cuidar de mi. Ora resulta que me van a cuidar de mi misma!.
Pues si, mi reputación con esa ligera despistés me precede.
Ahora, en estas vacaciones de Semana Santa, la flojera estaba a todo lo que daba y ya para el mediodía y todavía en la cama, le digo al Alex, mi hijo mas pequeño, que viniera conmigo un rato.
-Aaaandale!, ven conmigo.
-No, no, no, no, no, ya estuve
contigo.
-Ándale, otro ratito siiii?. Te voy a
contar los deditos.
-Aaaa pero si yo ya sé cuántos
tengo.
-No, no sabes.
-Si, si sé, tenemos 20.
-Ya ves como no sabes! Tenemos
40.
-Cuarenta???!
-Si claro!, 20 y 20.
-20 y 20?!!!, no mami, son 10 y 10.
-Si mira, 20 arriba y 20 abajo…
En eso, estiro mi pie y abro los deditos para contarlos y digo…¡A canijo!, 1,2,3,4,5…¡¿Tan poquitos?!.
¡No sé qué me pasaba a mí!, estaba segurísima que teníamos 40 dedos!. Según yo, y en mi deducción rápida de que en cada extremidad eran 10 dedos!.
El pobre de Alex no cabía en su asombro y yo atacada de la risa, al ver la burrada que había dicho.
Eeeentonces, fue cuando el Alex se dio cuenta que debía de tener precauciones extremas.
Y sí…así fue. Ahora ya saben que se me va la onda re gacho!. Pero aún así y con tantas distracciones, mi familia ha sobrevivido a mi. Han crecido mis hijos bajo mi cuidado y si no es por la necesidad, es por precaución el ser autosuficientes.
11 años
NO ME DISTRAIGAS!!
Some HTML is OK