No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 11 años

ESPALDOTERAPIA

Bueno pues!…así se me ocurrió.
Digamos que dentro de la rama de las terapias, ésta tal vez, pudiera ser una. Tan es así, que uno va a que le den masaje en la espalda y es riquísimo, te relajan los músculos y te quitan lo torcido que puedas estar. Te hacen sentir más ligero, descansando y es como agarrar pila para seguir adelante.
Pero desde que somos chiquitos, tenemos ese gran parecido con los changos; que viene de familia, claro. Nos gusta que nos rasquen la espalda y nos hagan piojito. En la primera oportunidad, nos subimos a la cama y queremos que alguien nos esté rascando o haciendo cariñitos. Más cuando éramos chicos. Y la que estaba siempre dispuesta, era nuestra mamá. Sabía por dónde pasar su mano tan suavemente: por detrás de las orejas, por la nuca, los hombros, rascaditas por aquí y por allá y ligeros pellisquitos, también por aquí y por allá.
Era toda una mamiterapia. Mis mas gratos recuerdos son esos, que no había mejor cosa o cura para todo, que eso. Ella decía, que parecíamos leoncitos tirados en su cama. Los cuatro hermanos, esperábamos turnos de a dos, porque nomás mi mamá tenía dos manos. Todos alrededor de ella, queríamos una de sus rascaditas.
Ahora, ya de grandes, a la primera oportunidad que haya, nos acostamos junto a ella para que nos haga piojito. Pero ahora su cariñoterapia ha tenido más clientela, pues todos los nietos van a dar a su cama también.
Vivimos en un mundo de contacto, donde el afecto se transmite al más ligero roce.
Mis hijos, ahora hacen lo mismo. En especial los fines de semana y vacaciones. Pero con ellos, digamos que es un poco más ruda la cosa. Van y me apachurran en mi cama, atravesados en mi panza para que les rasque la espalda. Hasta mi esposo lo hace. Dejan caer toda su pequeña humanidad sobre de mi y eso me encanta. Me da la oportunidad de hacerles rascaditas por aquí y por allá también.
Pero resulta, que estando recién casada, me di cuenta que mis temores, frío o afecto, se manifestaban en mi espalda. Parece raro pero así es, si es que te pones a analizar de dónde es, donde sientes tus emociones. El sueño y la tranquilidad la siento en las orejas, la tristeza en los ojos y en el corazón, la alegría en todo mi cuerpo, especialmente en el pecho y la nuca, la angustia en la garganta y el estómago. Somos un manojo de sensaciones, las cuales hay que ir aprendiendo a controlar o modificar.
La espaldoterapia, yo creo que ahí surgió para mi. Les comentaba que de recién casada, me di cuenta de ciertas sensaciones. Pues, un día, hubo una tormenta eléctrica de esas de miedo, todavía no dejaba de tronar un rayo, cuando ya venía el otro. Era de noche, y el estruendo era ensordecedor, la casa y las ventanas parecían que se iban a caer. Mi marido estaba extasiado viendo los rayos por la ventana; siempre le ha encantado verlos, pero a mi se me hacía que se metían por ahí. Estaba hecha bolita en la cama con la cobija hasta arriba y el sustote de cada rayo no se me pasaba. Por fin mi marido se vino a la cama y me le abracé como garrapata. A pesar de estar con él, sentía el miedo por la espalda. Fue entonces cuando me voltee y nos pusimos espalda con espalda. Qué cosa más rica!, el miedo se desvaneció como por arte de magia y un confort y un descanso empecé a sentir.
Me encanta estar contra su espalda, es como si me dieran un masaje. Ese calor y presión contra la mía es reconfortante. A veces parece que mi marido duerme con una cuña en la espalda, porque me le meto y me restriego como gato hasta que me acomodo, no importando que me apachurre un poco.
Y sí…así fue. La espaldoterapia es muy recomendable, te quita miedos y ansiedades, te da calor, relaja tus músculos, te hace sentir cariño y afecto.
Deja que tu espalda se estire, se encorve y se acomode con otra y vas a ver, que bien te vas a sentir.

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