No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 11 años

FRUTOS DE LA TIERRA

El otro día, andando en el súper, tuve una regresión a mi pasado. Estaba en el área de frutas y verduras, tenía tiempo para poder escoger mis cosas sin la mayor prisa y de pronto me regresé unos 13 años atrás. Tenía en mis manos unos linches, junto de ellos estaban unos mamey, carambolas y otras frutas exóticas. Me les quedé viendo y pensé…-“¿cuánto tuvieron  que pasar para que estas frutas llegaran aquí?”. Me imaginaba todo su proceso, desde que los siembran, crecen y los cosechan.
En eso, mi mente se fue a tan gratos recuerdos con mis hijos de cuando eran pequeñitos. Ahí sentaditos a la mesa y yo sirviéndoles su comidita. Eran tan chiquitos que en pequeños platos de plástico comían. Tenían uno de Mickey Mouse, otro de Shrek y no recuerdo bien de que más. Sus cucharas eran pequeñas y sus vasos de plástico también. Esperaban a la mesa ansiosos de lo que les fuera a servir. Se tapaban los ojitos y con un “taraaaan”, veían lo que iban a comer ese día. Siempre era sorpresa, y al destaparse los ojos decían…”¡wawww!”, fuera lo que fuera. Siempre les han gustado las cosas novedosas, les encanta los platillos nuevos, pero también disfrutan sus guisados favoritos.
Al empezar a comer, siempre les decía que el señor agricultor que sembró esa verdura, ha de estar muy muy contento de que ellos se las estén comiendo. Porque el señor  agricultor las sembró, las regó y las cuidó día con día para que crecieran. Se preocupó cuando no llovió, hizo lo que pudo para que no tuviera plagas, esperó todos los días a que hubiera buen sol, removió la tierra y quién sabe, tal vez hasta les hablo bonito para que crecieran sanas y fuertes. El fruto de la tierra y el trabajo de estos hombres, pocas veces es apreciado. Por eso mismo, les enseñaba a mis hijos a disfrutar de cada bocado que daban, agradeciendo el trabajo de estos hombres. Aprendieron a apreciar el fruto de la tierra, a saber agradecer, lo que con su sudor pudimos obtener tan fácilmente en el súper.
Les decía que si no se comían sus verduritas, el señor agricultor se iba a poner triste…yo pienso que si.
Un día, uno de mis hijos, estando a la hora de la comida, me dijo que quería escribirle una carta al señor agricultor, para agradecerle de toda las verduritas que nos daba. Que las había cuidado muy bien y que le habían quedado muy ricas. Eso me conmovió demasiado, no podía creer, lo agradecido que estaba mi hijo a su corta edad.
Ellos, siempre han sido de buen comer y valoran lo mucho o poco que se les pueda dar.
Así que ahí, frente a toda esa fruta en el súper, sentí un aire de agradecimiento por todos estos hombres y mujeres que trabajan la tierra. Tan poco valorados, tan poco apreciados, pero que sin ellos, no seria posible el tener al alcance de nuestras manos todos estos frutos.
De una u otra manera mi familia y yo, nos hemos entusiasmado a tener nuestros propios cultivos. En nuestra casa tenemos sembrado: chiles verdes y habaneros, sandías, melones, zarzamoras, papayas, mandarinas, aguacates, nísperos, higos, guanábana, hoja santa, ajos, cilantro, jitomate, agave, mango, durazno, limón, naranja, pera y un árbol al que le llamamos Frankie, porque da de tres frutos. Todavía no hemos podido cosechar ninguno de ellos, pero hemos estado al pendiente de su crecimiento. Ahí es donde te das cuenta de lo que valen las cosas, del tiempo que requieren, de la dedicación y paciencia.
Y sí…así fue. Cuando vayas al súper o al mercado, no te quejes de que tienes que ir hacer la compra, el esfuerzo que aplicas, es el mínimo en comparación, de esas horas de trabajo al rayo del Sol de todos estos hombres del campo. Tu consumo, es su sustento.

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