Esas palabras, siempre van a sonar como un reclamo, venga de quien venga. Y no podemos negar que en algún momento de nuestra vida, las hayamos por lo menos pensado.
Según nosotros, podemos jactarnos de ser lo suficientemente maduros como para no decir eso, para no reclamar un cierto grado de pertenencia, de posesión y de apego. Pero no es así, todos, de una o de otra manera, nos hemos aferrado a algo o a alguien, por lo menos, en lo más profundo de nuestros sentimientos.
Eso no significa que uno sea débil, significa, que eres humano, que cuando tienes una pérdida, es algo que nos va a doler.
Que tienes que ser fuerte!, nos dicen, que tienes que seguir adelante, que no debes llorar, que sólo tú te bastas para ser feliz!, siiii yyyy?. Y si yo no soy todo eso, no me va a convertir en una mejor persona?. Con o sin fortalezas, de todas maneras te va a doler y ya tan tan. Cada quien maneja el desapego según sus tiempos…
Ahora que nos fuimos estas vacaciones a Cancún, estuvimos un mes con la familia. Fue demasiado tiempo el que la casa, mis perros y el gato se hayan quedado solos. Se les dejó su dispensador de alimento y teníamos contacto con los vecinos de enfrente por si algo sucedía.
Jamás nos imaginamos recibir una llamada que nos desgarrara el alma. Nuestra tan amada perrita Luna, había muerto, al parecer se envenenó accidentalmente.
Nada podíamos hacer ya, toda una vida a nuestro lado, su compañía y afecto ya no la íbamos a tener jamás.
El día que nos fuimos de viaje, me fui a despedir de ella, le acaricié su cabeza y le dije que se portara bien y que cuidara la casa, también le dije que la quería mucho. Lo mismo hice con el Roger y el Gato. Y esa fue la última vez que la vi.
Es impresionante lo que uno puede querer a sus mascotas, se vuelven parte de la familia, se educan a tu modo y se crea toda una armonía. Para mí, eso es una familia completa.
Mi marido y mis hijos de igual manera sufrieron su lamentable pérdida y aunque la muerte sea parte de la vida, es algo que nuestros hijos tendrán que ir aprendiendo a soportar.
El día que llegamos a la casa después de nuestro viaje, el Roger, el Gato y la casa completa, parecía como si nos reclamaran el porqué nos habíamos ido. Llegamos ya muy noche y la casa parecía abandonada. Había polvo por todas partes, telarañas en las ventanas y las esquinas y lo más impresionante, fue ver que en la cocina, había un chorro de cucarachas muertas, guácala!, de seguro se murieron de inanición.
Mis plantas, a pesar que mi marido instaló un sistema de riego, no todas se salvaron, al parecer hizo mucho calor en esos días y fue más que imposible el que sobrevivieran. Era como si la casa completa nos dijera “¿porqué te fuiste?”. Es increíble cómo al no haber movimiento en un hogar, todo se deteriora.
Creamos en este planeta, un pequeño hábitad en donde algunos dependen de el y si no lo cuidamos, si no lo mantenemos o si dejamos de quererlo, todo eso se muere.
Nos platica mi vecina de enfrente, que el Gato sufrió nuestra ausencia, que realmente se enfermó de tristeza, lo veían deambular y lloraba y lloraba a su puerta pidiendo cariño, como buscando una nueva familia. Y a pesar de que tuviera comida a su disposición, se adelgazó y lo veían tirado ahí en su barda, sin ganas de nada.
El Roger, fue el que se quedó más solito. Luna fue quien lo crió como a un hijo, quien le enseñó las reglas de la casa y quien le hizo compañía hasta estos días. Después ella murió y él estuvo a su lado llorando y llorando sin que ella despertara. Los vecinos se hicieron cargo de todo y le dedicaron tiempo al Roger, sacándolo a pasear para que fuera menos su dolor.
¿Porqué te fuiste?, nos preguntamos todos, se pregunta el Roger, se pregunta el Gato y la casa. ¿Porqué nos dejan solos?, ¿porqué a veces la gente, las cosas y los seres queridos ya no regresan?. Hemos perdido muchas cosas: familiares, amigos, amores, trabajos, proyectos de vida, pertenencias…ilusiones. Todo, si se dan cuenta, está en un constante movimiento y es cuando uno decide tener que seguir adelante para no quedarse estancado en un pasado.
Y sí…así fue. Que es imposible no irse, que es sano el ausentarse a pesar del sufrimiento de los demás, uno va a regresar. Pero si no es así, entonces lo sufriremos por un tiempo y ya después, ese dolor sanará.