Bueeeno, aunque en tiempo de frío como que está de pensarse un poco.
Hasta algunos llegan a publicar en su Facebook, “Hoy si me quiero bañar”. Han de ser como digo yo, que si lo sabe Dios, que lo sepa el mundo.
Y es que a veces me dicen…”¡cómo puedes escribir esas cosas!”, pues…así nomas, con un poquito de pena y ya ja!.
No estamos acostumbrados a mostrar nuestros defectos, ni aquellas situaciones graciosas o embarazosas, que son cosas que nos darían mucha pena platicar, por el temor a la burla o al qué dirán. Pero me he dado cuenta, de que cuando llego a platicarles algo muy personal o de plano de esas cosas de las que dan pena ajena, es cuando las demás personas, empiezan a tomar valor y a decir…¡Siiii, a mí también me pasó!.
Somos tan perfectamente imperfectos, que algo fuera de lo común, por supuesto que alguna vez, nos ha pasado en la vida. Y son cosas que a final de cuentas se pueden hacer platicables.
Hace unos días, me doblaba de la risa con una anécdota de un compañero de la prepa. Era la platica en un chat de toda la generación, en donde sólo me limité a observar. Éste cuate platicaba de que cuando era chico, una vez se cayó en una letrina, de esos baños de pozo. Y su historia la estaba contando tan detallada y divertida, que nos traía a todos muertos de la risa.
Cualquier otro jamás lo habría contado, pero son cosas que ya pasaron, buenas o malas, pero ya pasaron.
Es padre, cuando le puedes dar un sentido agradable a los acontecimientos que te han sucedido en la vida. Que aunque hay algunos muy fuertes, que te dejan marcado de por vida, por lo menos poder dejarlos pasar por tu mente sin tanto sufrimiento, es saludable.
Lejos de todo recuerdo malo, es querer ver la vida desde un punto de vista más agradable, así como lo he expresado en mi Blog de Y sí…Así fue. En donde digo que yo lo viví! ¡Y qué y qué y qué!.
Pues si, y qué. No podemos negar lo que ya pasó.
Pero en fin…yo no sé porqué me fui tan lejos, si es que estábamos hablando de la dicha en la ducha.
Es muy cierto que el agua limpia todo aquello que esté sucio, pero lejos de limpiar lo percudido, también limpia nuestra alma, nuestro estado de ánimo, nuestras ganas de hacer las cosas. Y el andar cochinones no trae nada bueno.
Hace tiempo, una tristeza muy grande había invadido mi alma, las ganas de comer se habían ido, así como las ganas de salir también…todo se había vuelto gris en mi. Por supuesto que las ganas de hacer las cosas, pesaban demasiado y una de ellas era bañarse, el cuerpo literalmente me dolía como para querer hacer todo ese proceso del baño. Así que mi esposo, con toda la paciencia del mundo y toda la comprensión que pudiera tener hacia a mí, me dijo, “Báñate y arréglate” y fue algo mágico. El agua tibia, el quedarte un rato en la regadera y sentir que con el agua se estuvieran yendo parte de tu pesar, fue muy reparador. Tu mente se despeja, tu respiración se tranquiliza, esa sensación de limpieza y pulcritud te empieza a llenar de vida. Si eres mujer, el dar un poco de color a tu rostro, te cambia el semblante, te anima a pensar en nuevas posibilidades, a sentirte bella. Y si a eso le agregas un poco de perfume, te puedo asegurar que ya estás del otro lado.
La ducha diaria es sanadora de nuestros sentimientos también. No sólo es estar limpios. Es cargar pila a diario y poder reflejar todo aquello que somos.
Hace unos días, estuve sentada en la banca de una plaza, en donde vi que entraba mucha gente, en especial hombres ejecutivos, señores de negocios, grandes empresarios. Y algo muy característico que vi en ellos, era el grado de pulcritud que tenían. Se veían fantásticos con sus trajes, otros de saco más informal, pero su porte era de admirarse. No dudo que sea gente exitosa, pero su porte y su seguridad daban muy bien de qué hablar.
Es maravilloso lo que puede hacer un poco de agua, perfume y un buen atuendo, te garantiza gran parte de tu éxito.
Y sí…así fue. Que la dicha es mucha en la ducha. Nos anima a cantar y a sacar nuestro yo artístico…a que sí verdad?