No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 9 años

COCINANDO ANDO

Desde que estaba chica, veía esa pasión con la que mi abuelita cocinaba. Ella vivió muchos años con nosotros, así que una de las cosas a la que le ayudaba a mi mamá, era hacer de comer.
Esperaba a que la chica del aseo terminara de recoger la cocina, para así entrar con todo el ímpetu que traía.
Hablaba sola, entre dientes y muy concentrada en lo que estaba haciendo, buscaba los jitomates en el refri…
-¿Dónde estaraaa?
-Y el cilantro…mmmm ahhh aquí está.
Sólo se le escuchaban murmullos. Como si se estuviera preguntando cosas ella misma y contestándose sola.
A veces, sus exclamaciones eran más sonoras…
-¡Ahhh qué babosa!
Y cuando tenía ya casi preparado algo y que requería de mucha destreza, decía…
-En nombre sea de Dios.
Casi casi, parecía que le daba la bendición a la comida para que no se le desbaratara al momento de freír. En especial a las tortas de papa.
Eso me causaba mucha gracia. El verla tan concentrada, preparando todo, diciendo cosas y disfrutando el momento.
Ya al final, cuando terminaba un platillo, decía orgullosa…
-¡Listo Calixto, Calixto listo!
Pienso yo, qué tal vez por esa razón disfruto tanto al momento de cocinar.
Aprendí de ella, que el hacer de comer, se hace con mucho amor. Que si no haces tu comida con gusto, no te va a salir rica.
Recuerdo una vez, un día en el que ya estábamos jóvenes mis hermanos y yo. Y mi mamá tenía que salir; me encargó que les preparara de comer a mis hermanos, pero yo no andaba de humor. Así que de mala gana les hice algo. Y realmente sin desearlo, me salió una cochinada que a final lo tuve que tirar. La verdad me sorprendió mucho y me di cuenta que las cosas no funcionan así, de malas y sin ganas.
Tuve la gran oportunidad de tener a dos grandes maestras en casa: a mi mamá y a mi abuelita.
De mi abuelita aprendí la pasión y el sentimiento, de mi mamá, aprendí a ser práctica, a ser atinada y lista, que nada se me atore ni complique, a ser versátil e innovadora, a abrir el refri y hacer de comer con lo que tenga. A no tener que correr despavorida al súper porque me falte algo. Si no tengo lo necesario para algún platillo, le cambio el ingrediente y si no le va, entonces hago otra cosa.
Mis hijos siempre dicen que salvo el día y así es, pues de esas veces en las que no has podido ir al súper y ya no te queda nada en el refri ni en la alacena. No sé de dónde, pero siempre encuentro algo para preparar y que les quede rico.
Un día, sólo tenía unas ramas de apio y me faltaba hacer la sopa, así que las agarré e hice una crema de apio deliciosa. Nadie se hubiera imaginado que había salvado el día.
Por eso y muchas cosas más, disfruto mucho, el poder compartir lo que hago. Le tomo fotos al proceso cuando preparo la comida y al final, al guiso ya emplatado.
No puedo decir que sean platillos los que yo hago, porque son cosas tan sencillas de cosas que comemos a diario, sin rebuscamientos ni ingredientes rimbombantes. Simplemente trato de captar la mejor imagen del guisadito que esté haciendo y poder compartirlo en un videito por Facebook.
Y sí…así fue. Que cocinando ando con lo que tenga, con la receta de la abuela, con los tips de mi mamá, con lo que se me ocurra de repente y con lo más sano que pueda encontrar…Ohh Sii.

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