¡Qué tal!, un gusto saludarlos de nuevo. Estas vacaciones, elecciones presidenciales, el mundial y la serie de Luismi, creo que nos distrajeron mucho.
Pero ya estamos aquí. Y ahora que fui a Tampico de vacaciones con mi familia, todo un mundo de recuerdos se me vinieron a la mente.
Tenía ya mucho tiempo, de no ir a esa ciudad que me vio crecer y me encontré con cosas muy contrastantes. En cierta medida, ha crecido Tampico después de una época muy difícil, en donde se vivieron tiempos violentos. Cientos de personas, incluyendo a mi familia, salieron huyendo de tan angustiante situación. Y los que quedaron, tuvieron que aguantar una crisis en todos los sentidos: económicos, personales, psicólogicos, de trabajo. Pero el tiempo ha dado cabida a nuevas esperanzas. En cuestión de unos años, nuevos comercios han abierto, no muchos, pero si algunos. Y con mucho agrado, vi cómo le han dado vida a ciertos lugares públicos, como lo es el malecón, con sus restaurantes tipo bar, ahí mismo, en la playa, que no tienen nada que pedirles a los de Cancún, porque están bien padres. También algunos parques, paseos en lancha, la Laguna del Carpintero, todo eso y la creación de nuevas instalaciones, están empezando a darle vida a ese Tampico lindo y querido. Y no digamos la playa, se encuentra limpia y ordenada. Y a pesar de qué hay muchos negocios y casas abandonadas, que es lo que no le da un buen aspecto a la ciudad, el resurgimiento ha sido lento y pausado.
Pero lo que es su comida, es deliciosísima!. Prácticamente fue un tour gastronómico el que hicimos y lo disfrutamos muchísimo, qué bárbaros, que rico se come en Tampico.
Y no digamos sus mangos, los mejores del ¡mundo mundial!. Cuando era chica, teníamos un graaan árbol de mangos en aquella casa a lado del panteón, que es donde vivíamos. Todos salíamos beneficiados con ese árbol, porque era tan grande, que parte de los mangos caían a la banqueta, del otro lado de la barda y la gente que pasaba se los llevaba. Acá de nuestro lado, nos los repartíamos entre nosotros y la muñeca, una perra que teníamos y le encantaban los mangos. Y ese es el tipo de mango más común en todo Tampico, se le llama de río, muy dulce y con hebra.
Después nos fuimos a vivir a lado de un pantano. Y con tan solo unos vecinos por un costado.
Nuestra casa, con un patio enorme, tenía 2, 3 árboles de mango de río, uno que se llamaba mango piña, boludito muy fibroso y no tan rico de sabor; los mangos Manila que caían del vecino y el árbol de mango petacon que estaba justo saliendo por la cocina. Definitivamente los mejores por excelencia!. Los mangos petacones son grandes, boludos, enormes, sin hebra, jugosos, suaves como mantequilla y con un sabor deliciosísimo. Qué gran delicia el tenerlos, porque no es fácil tener un árbol de esos, ya que no se plantan como cualquier otro, esos árboles se crean de injertos, no existen por naturaleza. Así que uno no va a ver en el súper a la venta ese tipo de mangos.
Y aunque tristemente mis papás tuvieron que dejar el árbol de mango petacon para irse de Tampico, acá en casa de mi suegra que todavía está en Tampico, tienen unos vecinos con un gran árbol de esos y por fortuna ahora que fuimos, nos tocó que nos dieran muchísimos.
Nos hemos dado una atarantada pero con ganas, disfrutando al máximo cada uno de ellos y no conformes con eso, ya de regreso a Monterrey, paramos en un puesto en la carretera, donde vendían mangos petacones al por mayor, baratísimos. ¡Nueve kilos compró mi marido nomas!. Y es algo que tiene uno que aprovechar, porque nada más en vacaciones, de verano es la temporada de mango.
Y sí…así fue. Que muy productiva fue nuestra ida a Tampico. Tuvimos la oportunidad de estar con la familia y de ver a tan queridísimos amigos. Comimos delicioso y disfrutamos de esos mangos petacones…nuevamente.
8 años
TAMPICO Y LOS PETACONES
Some HTML is OK