Y después de tantos años, nos volvemos a encontrar.
Eso pasa con todos, con la familia, los amigos, conocidos, etc., pueden pasar muchos años de ausencia y después, en un giro que de la vida, te vuelves a encontrar, en otras situaciones tan caprichosas de nuestra existencia.
Resulta que con las personas que de repente cruzan tu vida, ya hace mucho, incluso en tu infancia, las vidas de ambos corrían de manera paralela y a pesar de estar tan cerca, jamás coincidieron. Te das cuenta que vivían en la misma colonia, por los mismos rumbos, que tú trabajo estaba a la vuelta de la esquina del otro, que por cuestión de minutos tal vez coincidían a la salida y jamás se vieron…tan cerca y tan lejos.
¿Y si hubiera dado vuelta para la derecha en vez de la izquierda?, ¿porqué no lo hice, tal vez nos hubiéramos encontrado?
…El hubiera no existe, sólo sé que existen los tiempos perfectos.
Esto me recuerda mucho mi primera comunión. Durante un buen tiempo, a la edad de 9 años, estuve yendo al catecismo en un colegio donde impartían los cursos. Íbamos por las tardes, tal vez una vez a la semana y ese colegio tan grande me llamaba mucho la atención. No conocía a nadie más que a mi vecinita y de ahí en fuera estaba sola. A la hora de la salida nos íbamos al patio donde en el piso estaban pintados unos bebeleches y yo siempre era de las mejores en dar los saltos más grandes y acertados.
Hasta parece que puedo oler el aroma de las aulas, a mesabancos, lápiz, libros de texto y el fresco del salón por la tarde…mis recuerdos no me fallan y lo tengo todo muy presente.
Aún así y con el hecho de que haya convivido de alguna manera con los demás compañeritos de catecismo, nunca me di cuenta, que ahí mismo, estaba la niña que fuera a ser mi cuñada después de tantos años.
Y fue ya grandes, incluso creo que casadas cuando caímos en la cuenta de que hicimos la primera comunión juntas.
Curiosamente, en mi primera comunión también estuvo el que en un futuro fuera ahora mi compadre. Y no es que haya hecho la comunión conmigo, sino que él era el monaguillo del padre. ¡Qué cosas!
También sucedió con mi suegro. Resulta que durante muchos años mi papá y mi suegro se conocían muy bien por una asociación de comerciantes allá en Tampico y ándale que después de muchos años se hacen compadres. Lo más curioso es que mi esposo y yo, jamás nos vimos en aquellos tiempos.
La vida nos juega vidas paralelas durante mucho tiempo, sin poderse cruzar en algún momento y a veces uno piensa, el porqué no lo conocí antes, porqué estando tan cerca nunca coincidimos. Tal vez porque no era su momento.
Pero aquellas personas a las cuales dejas de ver o frecuentar por mucho tiempo. Es un gusto enorme el poder coincidir nuevamente.
Así fue con unos amigos de Cancún, que vinieron de visita aquí a mi casa. La verdad me sorprendieron, porque tiempo antes habíamos platicado de la posibilidad de que vinieran a Monterrey y así como cualquier plática de que me gustaría venir, así se quedó. No aún, mi amiga me dijo, te lo prometo que si voy y dije ¡va muy bien!.
Nuestra amistad nació justo en mi primera comunión, ella y su familia, que ya eran amigos su mamá y mi papá desde la infancia, se reencontraron en ese evento. Ahí fue donde los conocí y desde entonces fueron nuestra familia por elección.
Fueron años de mucha convivencia y de lazos entrañables, pero como la vida da muchas vueltas, en una de esas, nos volvimos a distanciar de alguna manera. Nunca nos perdimos el rastro, pero si la convivencia se fue distanciando.
Por eso ahora, que estamos viviendo otra etapa de nuestra vida y en donde se dejaron venir por una semana a mi casa, fue darle fuerza a esos lazos tan grandes que siempre han estado ahí. Revivimos viejos tiempos, disfrutamos mucho de su compañía y nos dimos cuenta que los lazos para que sean fuertes, no siempre tienen que ser de sangre.
Y sí…así fue. Que el destino es muy caprichoso, que las personas que cruzan por tu camino son las indicadas y no así siempre las más afines, pero sí, las que al paso de tu andar te dejan un aprendizaje y hacen que tu vida, sea cada vez, más perfecta.
7 años
NOS VOLVEMOS A ENCONTRAR
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