No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

LA JALETINA

Yo no sé porqué, pero mis abuelitas siempre le dijeron así a la gelatina.
Era como si ni lo pensaran y cada vez que se referían a ella, le decían jaletina.
Y no lo sé si fuera cosa de aquel tiempo, en donde nuestros papás y nuestros abuelos acostumbran a tener regularmente gelatina en el refri.
Es más, podría asegurar que todos los días teníamos gelatina de algún sabor en casa…de piña, durazno, naranja, uva, fresa, frambuesa…para mi las más ricas han sido las coloradas. Las claritas tipo piña o durazno, no son de las que me hacen muy feliz, ¡menos con las garrapatas esas que mi mamá les ponía a veces!…Si claro, las pasitas que se van hasta el fondo y se hinchan. Es más, hasta el arroz con leche no me agrada mucho que le pongan pasitas por lo mismo…en fin.
El caso, es que era muy común que en casa de los abuelos siempre hubiera gelatina.
Así mis hijos han de tener ese recuerdo, de que cuando llegaban con sus abues a casa de mis suegros, su abue Lucy siempre tenía gelatina en el refri.
Y si en casa de mis papás nos querían dar un postre especial, mi mamá preparaba flan de cajita. ¡Volaba!, todo mundo quería, pero siempre nos tocaba de a uno porque esas eran las porciones que alcanzaban.
Y así las piñatas y las fiestecitas siempre, con los sándwichitos de triangulito, la gelatina y unas papitas por un lado, sus juguitos de sabores y la rebanada de pastel. Era todo lo que un niño pudiera pedir.
Aunque había sus variantes, a veces nos tocaban marinitas, o sandwichón y alguna ensalada de pollo.
Aquí mis hijos le sufrieron un poco al llegar a Monterrey, porque se estila mucho el dar chilidogs y la verdad nunca les gustaron, los pobres se llenaban con papitas deshidratadas o lo que dieran.
Pero la neta del planeta, son los sándwiches de triangulito y me gustaría festejar mi próximo cumpleaños así, con globos, con platos lindos y vasos decorados, con servilletas con el mismo estampado y un pastel de tres leches realmente mojadito, con sandwiches de triangulito, papas y gelatina de cereza.
Hasta parece que vuelvo a revivir esos momentos con solo pensarlo, con juegos, con concursos, con agua de jamaica, sin formalismos, todos en un ambiente realmente relajado.
Nos hemos alejado de las cosas tan simples, que parece que ya no existen en estos tiempos.
Y lo empecé a ver cuando mis hijos estaban en el fútbol americano. En cada partido, un grupo de mamás se tenían que encargar del lonch de los niños. Al principio yo pensé en marinitas, sándwiches o tortas, pero las demás mamás no querían echarse el paquete de preparar nada, todo lo querían comprado, así que se les pedía hamburguesas hogaperros, pizzas, tamales o burritos. De ahí no salía el asunto.
Nadie se quería comprometer a preparar nada. Siendo que cuando mis hermanos estuvieron en el fútbol americano estando chicos, las mamás preparaban los sándwiches y llevaban agua de limón helada. No recuerdo a mi mamá haber mandado pedir algo para ellos.
Pero, las cosas cambian, el tiempo apremia, la comodidad impera ante todo y nos vamos por lo más fácil y práctico.
De eso me di cuenta también, que he caído en un cierto olvido y mi hijo más chico me hizo recordarlo. De lo importante que es tener por lo menos gelatina en casa.
Y todo fue porque hace unos días cayó enfermo, con mucha fiebre y dentro de las cosas que podía ofrecerle era la gelatina, así que todo fue como un flashback, desde que se me vino a la mente el poder ofrecérsela así como el prepararla con toda esa buena intensión y amor que pudiera darle.
Desde que estaba preparándola al fuego, había una sensación de un derroche de amor en tan pequeño detalle y así fue, realmente se reanimó mijo al ver que le había llevado una gelatina de fresa. Su expresión lo dijo todo y eso casi me mataba. Había estado muy malito y sin comer, que posiblemente no la hubiera querido, pero no, su cara se le alegró al momento de llevársela y como un niño, me regaló el mejor gesto de asombro y cariño.
Hasta parece que haya sido lo suficiente para poder curarse. Después de eso la fiebre cesó.
Y sí…así fue. Qué tal vez sea una conjunción de cosas las que llenen nuestra alma, si el cariño con las que se reciben o con la gelatina tan maravillosa que hace milagros…Ohh Sii!.

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