No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

YO TENÍA 10 PERRITOS

¡Y vaya que si!.
La casa hace ya casi 2 meses, se volvió la locura con la llegada de un montón de perritos de mi querida Poly.
El primer mes eran unos bodoquitos hermosos, güeros todos ellos y de muy buen tamaño.
Durante todo ese tiempo estuvieron en su casita de madera, que unos años atrás, mi esposo había construido, con su techo abatible a dos aguas, su pequeño porchecito y sus dos entradas. Es una casa grande y ahí caben muy bien dos perro grandes.
Siempre se les ha procurado que estén bien, ya que aquí en Monterrey, los fríos son muy intensos. Mi marido les ha adaptado su casita, a manera que tengan calefacción en los fríos más crudos. En verano, la misma casita tiene ventilación para que circule el aire. En tiempos de lluvia, se resguardan muy bien ahí, ya que no hay manera que el agua les salpique la entrada porque tienen su pequeño porche con techo.
Mis perros tienen una casita ideal.
Saben…creo que ha sido una parte muy importante en mi vida y en la de mi familia, el poder conocer la naturaleza de la vida. Y es algo que valoro mucho, el haber tenido la oportunidad de vivir ciertas cosas, que si uno se pone a pensar, no todos lo tienen a su alcance.
Aun así, hay quienes buscan esas oportunidades. Por ejemplo, mi vecina de enfrente. Sus hijos, nunca habían visto unos cachorritos recién nacidos y vinieron a mi casa a estar con ellos.
Su hija más pequeña hasta se metió a la casita de los perros para estar con los cachorritos y la mamá. Nunca había visto cómo se alimentaban, lo que lloraban al no encontrar su lugar, así tan tiernitos y suaves, aguaditos como calcetín, estuvo horas ahí adentro observándolos y acariciando. Les puedo asegurar que dentro de sus recuerdos, va a ser algo que jamás podrá olvidar. Será un momento tan presente en su vida que lo catalogará como uno de los recuerdos más importantes.
Así me pasó a mi, justo a su edad, cuando vivía en aquella casa junto a un pantano, toda una biodiversidad coexistía ahí. Y más allá había rancherías, así que las vacas y los caballos los veíamos casi a diario.
Un día, paseando por esos rumbos, me encontré con una yegua que estaba dando a luz. Nunca había visto nacer un animal tan grande, siempre eran perritos o gatitos. Y me impresionó ese momento, por un instante creí que se había lastimado el potrillo al caer de esa manera, pero cuando vi que la mamá se comía la placenta para limpiar a su hijo, mi asombro fue mayor, creí que solo los perritos y los gatitos hacían eso. No pasó mucho tiempo, cuando el pequeño potrillo con mucho trabajo logró levantarse.
Estaba yo sola y me di el tiempo para poder observar con mucha atención toda esa maravilla de la vida.
También recuerdo, aquellas crisálidas que observé por mucho tiempo. Resulta que en un gran árbol que había en mi casa frente a la cocina, una enorme cantidad de orugas se instalaron. Primero era un poco molesto salir al patio y encontrarse con todas ellas colgando de finos hilos de ceda por todo el árbol, ya que si no te dabas cuenta, de pronto las tenías en la cara al pasar por ahí. Por un momento parecía una plaga que se fuera a comer ese gran árbol, pero no, gracias a Dios no hicimos nada, pudiendo haberlas fumigado. Hasta ese momento no sabíamos de qué se trataba. Sino que unos días después, empezaron a formarse crisálidas por todo el árbol, escondidas en su tronco, metidas por las grietas de ese rugoso y viejo árbol.
Estaban latentes, dormidas casi todo el tiempo, sus capullos de repente se estremecían y se contoneaban de un lado al otro. Si las tocabas reaccionaban de inmediato con un pequeño brinco, así que mejor las dejábamos dormir…su pequeño capullo día a día iba cambiando, cada vez con un recubrimiento más duro. Se lograba ver el movimiento interno de la oruga ya que la crisálida era casi transparente. Fuimos pacientes y esperamos, día a día su desarrollo era cautivante, ansiábamos su nacimiento y un día por fin!, de esos capullos empezaron a salir lento, muy muy lentamente, unas apretadas y arrugadas mariposas amarillas. Poco a poco sus antenitas y patitas se iban estirando y cuando ya se sentían fuertes para afianzarse al tronco, dejaban que sus alitas se fueran desarrugando y alisando con el aire. Muchas, muchas horas pasaron para que un montón de mariposas amarillas empezaran a aletear despacio, como ejercitando sus alas para poder volar. Conforme iban adquiriendo fuerza, el aleteo era más intenso, hasta que pum! De repente emprendían el vuelo.
Díganme si algún día lo podré olvidar. Tengo cada instante registrado en mi memoria y momentos como estos, son realmente inolvidables.
Y sí…así fue. Que de volada dimos en adopción a los perritos, en cuestión de días crecieron muy rápido y fueron lo suficientemente fuertes y grandes para irse, a su nuevo hogar.

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