No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

HISTORIAS DE GUACAREADAS

Yo no sé porqué, pero de chico, uno se la vive guacareándose por cualquier cosa.
Me imagino que los niños toleran menos ciertos olores, cosas o circunstancias que hacen que se vomiten fácilmente.
…Empecemos desde chicos, los bebés, basta con que les apachurres un poco la pancita después de su leche y va pa fuera todo. Por lo general eso les pasa a los papás que llegan del trabajo y quieren jugar con sus hijos y bueeeno, terminan todos batidos.
Si se ponen a pensar, creo que es una prueba de fuego la que nos pone la vida en esas etapas de nuestra existencia, la de ser padres con bebecitos. Y es que aaa cómo hace algo tan chiquito tanto batidero!, en serio, no saben de límites estos fulanitos.
Es realmente increíble la capacidad que tienen de batirse…y hablo de todo lo batible posible.
Una vez tuvimos que viajar mi mamá y yo en avión solas. Yo estaba muy pequeña, tal vez unos dos años o menos y me cuenta, que me llevaba muy mona con un vestidito hermoso, hasta con un sombrerito y toda la cosa. Creo que el gusto le duro muy poco. Dice que me di la vomitada de la vida y que llegué en chones y con playerita. Definitivamente caos total en el avión.
Y si, de chica, recuerdo que el olor del avión me revolvía mucho el estómago. La verdad sufría mucho y pienso, ahora porque no? Pero les puedo asegurar que era la combinación del aire acondicionado con el olor a los asientos de tela que antes usaban los de Mexicana. Eso, más la revoltura con el combustible, Dios!, hasta parece que lo huelo todavía.
Y si, siempre fui muy pikis para los olores, como la mayoría de los niños.
Pero era algo de lo que sufría mucho. Uysss!! Cuando me llevaban al Mercado, qué sufrir el tener que pasar por los pescados, de plano tenía que pasar corriendo y aguantando la respiración al máximo. También era insoportable para mi, el olor al pápalo quelite, yo no sé qué tiene la planta esa que se me revuelve mucho el estómago.
Y no se diga que fuéramos a México, entre que las distancias son enormes y el esmog estaba al máximo, era un sufrir. En ese tiempo, uno regresaba a casa con los puños y los cuellos de las camisas, negras!!. Era vil hollín, de la contaminación que había. Fatal en serio, en cada traslado que hacíamos, mi mamá me daba un limón partido para que lo fuera chupando, me mareaba horriblísimo en los traslados.
También nos pasaba mucho cuando salíamos de viaje. Aaa que mareadas nos poníamos, de plano era tiro por viaje. Ahí si de plano mi mamá nos daba Dramamine, que como no nos la podíamos pasar con agua, la pulverizaba en tantito refresco de naranja. ¡Dios!, grave error. Si de por si no me gusta el refresco por el gas, mucho menos con una pastilla amarga. Ya desde ahí me empezaba a poner mal, que si no estaba indispuesta del estómago o con náuseas, ahí me ponía mal.
¡Pero qué cosas!, hasta parece que ponemos a prueba las leyes de la física. En un viaje de esos, como siempre íbamos todos los chavos atrás en el cámper de la camioneta, teníamos que compartir espacios y poner cierto orden. Y a mi hermano más chico, que en ese entonces era un niño, se le dijo que ya no tomara tanto Frutsi, cosa que no hizo, también ha de haber estado comiendo papas o alguna cosa de esas.
La verdad no sé bien cómo estuvo la cosa, que en plena carretera mi papá se orilló y todos salimos corriendo. Nonono qué cosa tan impresionante de presión!, cómo es posible que un niño haya hecho eso!, vomitarse de esa manera, cualquier sifón se quedaba corto.
Y aquí es donde uno no tiene que confiarse en el tamaño, porque tanto los chiquitos, como los grandotes, hacen el mismo batidero.
Y bueno, también los juegos de la feria nos han mareado muy gacho. Una vez, nos subimos a una rueda de la fortuna y al tipo este que atendía, de plano se le olvidó que estábamos dando y dando de vueltas, hasta que por fin se le ocurre parar, pero ya para esto, yo ya estaba verde, realmente descompuesta, entre las tantas vueltas que nos dio y el olor a llanta quemada con lo que frenan y hacen girar la rueda, casi me moría. Si…fue horrible y ahorita no soy ni para subirme a los caballitos. Los que suben y bajan fuerte esos si, tipo montañas rusas, pero los que dan vueltas, no, esos no por favor.
Y sí…así fue. Que por lo general cuando uno es chico es cuando más le pasa eso, como cuando ya vas a llevar a los niños a la escuela y zaz! se te vomita uno. Casi quieres ahorcarlo. Si tienes un uniforme limpio, se lo pones y listo y si no…creo que hasta da miedo pensarlo.

Some HTML is OK