No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

EL CENTRO

Recuerdo aquellas veces que mi mamá me llevaba al centro allá en Tampico. Yo estaba muy chica y me supongo que lo hacía porque no había con quién dejarme. Era cansado y tedioso y es ahora cuando entiendo el descontento de mis hijos.
El tiempo se me hacía eterno, cansado y aburridísimo, andábamos por lo general de tienda en tienda y en especial en la de telas. En aquel entonces mi mamá cosía mucho, con su máquina de coser, me hacía ropita y se hacía cosas también, o simplemente era para alguna funda, una cortina o algo que requiriera algún arreglo en la casa.
Me dolían los pies, me daba sueño, me daba mucha hambre, me ponía de mal humor, incluso me mareaba…es cierto, no recordaba que me mareaba.
Siempre me metía entre la ropa de los mostradores, me sentaba y me acomodaba por ahí, mi mamá rápidamente buscaba vestidos entre tantos que había y no tardaba en encontrar algo. Siempre era muy rápida y decidida, no como yo, que voy a buscar ropa y veo y veo y entre que no me decido y entre que no me queda, me quedo pensando el porqué no está mi mamá conmigo.
Ya hasta la burla me hacen de que les pregunto…¿me gustará?, incluso si es algo de comer, mi subconsciente me traiciona y realmente pregunto…¿me gustará?.
Lo bueno, es que ya me conocen y me dicen…sí, si te gustará o no, no te gustará.
Y no era sólo ir al centro a tiendas de telas y de ropa, también alguna que otra vez fuimos al Mercado. Nononono, pobre de mi mamá, tener que estar cargando con una escuincla que se guacareaba cuando pasaba por el pescado, ¡no por Dios!.
Demasiado pikis para los olores he sido siempre, pero esas veces era insoportable.
…Recuerdo, que había una mercería, muy cerca de un lugar que le decían la bajadita. Estaba en una calle de las partes más viejas de Tampico y justo en frente estaban las muchachochas, de esas gordas en minifalda que digamos le daban la bienvenida a los cargadores de por ahí. En esa tienda había de todo, era un local no tan grande, de esos de techo alto muy antiguo, repleto hasta arriba de cosas. Lo más curioso, es que por muchos años, yo creí que se llamaba El Tiradero y no!, porque mi mamá siempre decía, voy al Tiradero y le decía así porque siempre tenían un tiradero. El asunto es, que hasta el día de hoy, todavía no sé cómo se llama realmente el Tiradero.
Y así como ese lugar, tan…pintoresco, hay muchos otros de los cuales les puedo platicar, que se distinguen por ciertas cosas, cada una con su toque especial como tienda.
Lo que si sé, es que mi mamá hubiera sido muy feliz con una mercería, no sé si lo hubiera pensado alguna vez, pero el gusto por los encajes, los hilos, los cierres, listones, agujas y tanta cosa, es algo de lo que conoce muy bien.
Y gracias a todas esas idas aparentemente incómodas, aprendí mucho; aprendí, a moverme sola, cuando ya tenía que ir por mi propia cuenta, aprendí a andar por el centro con seguridad, porque quieran o no, es otro mundo!, ahí reina el poder de la selva y bien abusados hay que estar en todo.
Es una zona de mucho trabajo, de esfuerzo diario, de jornadas largas, de días intensos.
Les he de decir que mi papá por muchos años tuvo un negocio de artesanías mexicanas en el mero centro de Tampico y es ahí, donde uno se foguea en el trabajo diario, con el esfuerzo cotidiano. No es como llegar a la oficina impecable y con clima a trabajar. Es meterse al ruedo, a capotear gente, a un trato más rudo laboralmente hablando, a un trabajo físico muchas veces extenuante, es recibir mercancía, cargar cajas, desempacar, seleccionar, acomodar y guardar. Si de ahí la mercancía se tenía que ir a otras sucursales, se empacaba nuevamente, se amarraban cajas y se enviaban.
Mis manos constantemente estaban manchadas de periódico, ya que lo manejábamos mucho y con el, envolvíamos siempre cada artículo que vendíamos. Todo tenía su chiste, había que empacar bien todo para que no se le rompiera al cliente.
Y sí…así fue. Que es toda una odisea el ir al centro. Unos jeans y unos tenis son la mejor opción para poder aguantar varias horas de largas, muy largas caminatas…en fin.

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