¡Si!, y porqué no?, una fiesta pero con globos, gelatinas de colores y serpentinas.
¿Alguna vez tuviste una fiesta así?, con sándwichitos de triangulito, Jarritos de sabores, papas y ensalada de pollo.
Esas fiestecitas, por lo general se las hacen a los niños. Pero luego llega un momento en tu vida en donde ya no hay niños, ni fiestecitas, ni nada.
Recuerdo que la época del kínder y la primaria, eran fiestecitas a cada rato, tanto, que ya quedaba uno bombo de tanto evento.
Pero a pesar de que fueran en salón y bien padres, muchas veces perdían algún encanto. Y se perdía, cuando el anfitrión no le daba ese toque personal a la fiesta y todo se mandaba pedir o se contrataba. Muchas veces uno terminaba dejando los dichosos chilidogs hogaperros que se acostumbran aquí en Monterrey y eso porque era lo único que podía ofrecer el salón.
Merienditas ricas, fueron muy contadas, donde los niños no dejaban nada en su plato.
Y no se digan las bolsitas de dulces, tan variadas y coquetas. Recuerdo que cuando mi hijo mayor cumplió 2 años, le hice su fiestecita en un salón y fue de Bob el Constructor. Todo me quedó tan pero tan lindo que ha sido de las que más recuerdo. Esa vez me di a la tarea de dar un buen presente a los invitados y conseguí unas loncheras tipo cajita de herramientas ¡Fabulosas!, hasta les puse herramientas de juguete adentro, con dulces de los más ricos.
Ese era otro gran tema, el ir a la dulcería.
Esa sensación de entrar a una dulcería, en donde los anaqueles están repletos de dulces y cosas, es fantástico. Uno se entretiene viendo cada chuchería que venden, tan coloridas y novedosas, algunas clásicas de toda la vida y otras raras y extrañas. El olor te transporta a la infancia…recuerdo cuando me llevaba mi mamá a comprar los dulces para alguna fiestecita, veía lo anaqueles enormes con cosas hasta arriba inalcanzables, platos, vasos, cubiertos, piñatas, todo, todo para las fiestas.
Se me iban los ojos con tanta variedad de dulces, que quería comprarlos todos!. Incluso ya estando grande, acabo de recordar que iba a una dulcería allá en Tampico que se llamaba Tolyn.
Lo tenían todo, tamarindos, chicles chiquitos, mazapanes, chocolates, duvalines, pastillitas Selz Soda que hacían efervescencia en tu boca, chiclosos, galletas con bombón, totitos, paletas, sugus…interminable la lista que no podría acabar nunca.
Pero curiosamente, a pesar de que siempre quería comprar todo, nunca me comía nada, nunca he sido dulcera, pero era tanto el gusto de ofrecerlo que me llenaba de emoción el poder darlo.
Hagamos una fiesta…con marinitas o sandwichitos de triangulitos, con sus papas de bolsita, su gelatina roja y su ensalada de pollo. Hagamos una fiesta con globos y serpentinas de colores, con platos y vasos bonitos, con juguitos de sabores. Que por la mañana preparemos todo y no compremos nada hecho, que todos ayuden con la mayonesa, el jamón y el queso amarillo…así, como las fiestas de antes, en donde las mamás se encargaban de la decoración desde con una semana de anticipación. Recuerdo que mi mamá hacía también sandwichón, uno de los más ricos que he probado, y todo, siempre era un éxito.
Nunca la vi agobiarse por las 15, 20, 30 personas o más que pudieran venir a casa. Siempre y hasta la fecha, es una gran mujer tan ordenada y organizada que nada la detiene.
Desafortunadamente hemos caído en una sociedad donde todo mundo se queja ya. Nos quejamos de todo y de todos. Hemos perdido esa resistencia a las adversidades y al primer cambio de planes, ya estamos tirando la toalla.
Nos da flojera preparar una meriendita para 20, que flojera verdad? Para qué me desgasto?, mejor lo compro ya hecho.
Es válido, si, en alguna emergencia, pero hacerlo de siempre?, dónde está ese ímpetu?, esas ganas, ese querer complacer a los invitados, ese darles un cariño con el esfuerzo de tu trabajo…
Hagamos una fiesta…con concursos, con juegos, con chicos y grandes, que te canses, te caigas, te rías a carcajadas y no te quieras ir porque estás muy divertido.
¿Hace cuánto que no te diviertes así?, créeme que no hay edad para correr, para brincar una cuerda, para competir por algo, ni para poder llegar primero con el limón con la cuchara en la boca.
Y sí…así fue. Que aunque sea grande, siempre voy a querer una fiesta así.
7 años
HAGAMOS UNA FIESTA
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