No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 7 años

TEMPORADA DE HURACANES

Se dice que en Tampico no entran los huracanes, porque están protegidos por una base extraterrestre cerca de ahí…será mito o realidad.
Lo que si es real, es que en mucho tiempo, no ha caído un huracán ahí, siempre se degradan, se desvanecen o simplemente no pasan por ahí.
La llamada de alerta está a todo lo que da. La gente empieza hacer sus compras de pánico como para poder sobrevivir todo el mes y las tiendas se vacían.
No está de más el tomar todas esas precauciones por más exageradas que se vean, porque, y sí si? Y si llega el huracán?, y si destruye todo?, y si se va la luz y el agua por mucho tiempo?, y si hay damnificados?…creo que no se la acabaría uno.
Ya de plano uno hace muchas bromas al respecto, de que Tampico se encuentra protegido por dicha base extraterrestre. Sea lo que sea, digamos que es mucha suerte.
Del único huracán que puedo llegar a recordar que si pegó, fue el Gilberto en 1988. Esa vez si mal no recuerdo, era la noche del 15 de septiembre, estábamos todos en casa festejando con amigos de toda la vida. La casa siempre se llenaba, era nuestra gran fiesta del año y con trajes típicos, serpentinas, papel picado, globos, aguas de sabor y toda una mesa de rica comida mexicana disfrutábamos.
Por suerte ya todos estábamos ahí, así que el huracán pegó durante la fiesta y lo único que había que hacer, era no salir.
Al día siguiente empezamos a ver el recuento de los daños. Sinceramente no recuerdo qué haya pasado en la ciudad, pero lo que sí me impactó, fue ver en el malecón, uno de los tetrápodos trepado arriba. Para los que no conocen, en el malecón allá en la playa, está rodeado de tetrápodos que habitualmente les decíamos matatenas por su curiosa forma, que vienen siendo unos bloques de cemento muy muy grandes que sirven como rompeolas para el mismo malecón. Es una franja carretera de kilómetro y medio más o menos, que nos lleva al faro donde los barcos se guían para la entrada al puerto.
Realmente es un lugar turístico muy visitado, ya que al caminar por ahí, uno ve entrar y salir los buques y barcos camaroneros del puerto. Hay mucho mapache, gaviotas, alguno que otro pelícano y toninas. Éstas últimas son muy queridas y protegidas por todos, son como delfines que saltan y se asoman por todo el rededor del malecón.
Ahí fue donde pudimos ver realmente la furia de un huracán, embistió tan fuerte el malecón que casi lo destruye y lo que logró hacer, fue quitar casi todos los tetrápodos de la punta y trepar uno de ellos sobre el pavimento.
Sinceramente ahí fue donde nos dimos cuenta de la fuerza del oleaje, ya que para que haya levantado una matatena de esas de 10 toneladas, creo que son palabras mayores y de tenerle realmente respeto a la furia del clima.
Lo que si me tocó vivir acá en Monterrey, fue el huracán Alex, en el 2010, teníamos 4 años de haber llegado y realmente fue algo devastador.
No fueron los vientos fuertes, ni huracanes, ni nada. Ya cuando llegó a Monterrey se había degradado a tormenta tropical, pero con eso bastó para acabar casi con todo. La cantidad de agua que cayó fueron a grados superlativos que fue lo que ocasionó tanto destrozo.
Aquí contamos con presas, ríos y canales por toda la ciudad. Todo, absolutamente todo se desbordó. Como una bestia, el agua arrasaba todo a su paso buscando salida, prácticamente la oías rugir. Ese día fuimos a ver el Río la Silla que es el que pasaba por mi casa unas cuantas cuadras abajo y realmente daba miedo, su fuerza imponía, su sonido estremecía y el puente por donde pasábamos se movía ondulándose, casi a punto de caer. Fue entonces cuando decidimos resguardarnos.
Y después de tantísimas horas de lluvia, pudimos darnos cuenta de los daños…y así nos quedamos, sin agua, sin luz, sin servicios, sin casa para muchos, sin comida…sin nada.
La fuerza de la naturaleza nos había azotado sin compasión alguna, no importando nada. Solo los que estuvimos en zonas altas, podemos decir que nos fue bien.
Después, sin tiempo para llorar lo perdido, nos pusimos a ayudar. Todos, todo Monterrey se solidarizó y sin esperar una ayuda del gobierno, empezamos con la remoción de escombros, con las brigadas de ayuda para los damnificados, con las entregas de comida, ropa y medicinas, todos, todos ayudamos, sin chance de lamentaciones, nos tragamos nuestro dolor y seguimos adelante.
Monterrey no tardó en ponerse de pie, a pesar de tanta destrucción que hubo.
Y sí…así fue. Qué hay que tenerle respeto al clima, que no hay que jugarle al valiente, que lo más importante es guardarse en casa y tener todo lo necesario para una contingencia…Ohh Sii!.

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