Todo el tiempo estamos llenos de decisiones, otras, no tenemos opción, simplemente se hacen porque se tienen que hacer.
Pero cuando hay esa ligera posibilidad de decidir, ¿a dónde vamos?, a la derecha o a la izquierda, a la fila 5 o la 6 del súper, el carril de en medio o el de alta velocidad, los asientos de enfrente o más atrás, hacer una llamada ahorita o más al rato.
Todo puede pasar, de que se te olvide hacer la llamada, de que estando al frente veas muy incómodo el escenario, que el carril de alta se atoren todos, que la fila del súper de a lado avance más rápido…¿a dónde irás?… la derecha o a la izquierda.
Cuántas veces no hemos pensado que nos ha tocado en la fila más lenta, o el día al que a todos los zoquetes les dieron coche…convención de tontos diría mi marido, para allá van todos!.
El caso es que todo el tiempo, es como si estuviéramos apostándole a la suerte.
Pero nuestra vida se rige de las mejores decisiones que podamos tener. Tenemos a final de cuentas, lo que así decidimos. Que no nos gusta, bueno, entonces cambia de decisión, sé más flexible de pensamiento. ¡Pero es que yo lo sé todo!…¿estás seguro?, nuestra verdad nunca será la verdad absoluta, siempre habrá algo nuevo que aprender de los demás, siempre nuevas opciones estarán para mejorar. Si ya nos dimos cuenta que donde estamos, no estamos bien, entonces, para qué seguir. ¡Pero es que así había sido siempre!, si, pero ya no y habrá que modificar, cambiar o dejar eso que nos hace daño.
Mientras estemos con vida, que sea de la mejor manera. Depurando gente que no te deja nada bueno, e incorporando otras que la llenan, soltando ideas equivocadas según esto para tener éxito y dándole cabida a ideas frescas.
El ser duro de pensamiento no nos lleva a nada bueno. El aferrarse a una necedad sólo por el hecho de sentir que nos van a ganar, no es avanzar.
A veces hay que ceder, hay que mediar y no reaccionar con toda la furia que podamos sentir porque se puede lastimar profundamente y a veces, ya no hay marcha atrás.
Todo puede cambiar.
…El otro día, realmente tenía todo el tiempo del mundo para hacer mis cosas, sin prisas, sin horarios, nada, pero tenía que salir al súper y como ya sabrán muchos, yo vivo en un pueblo, cerca de Monterrey pero alejado de todo ese bullicio. Y al salir a la carretera, tenía de dos opciones, irme a la derecha, que me llevaba al sur dónde está el súper del pueblo y ligeramente más cerca, o, irme a la izquierda, hacia el norte, donde está más lejos un HEB nuevecito sobre la carretera…de tin marin, qué camino tomar.
Así que a modo de juego, les pregunté en el chat a mis amigos a dónde ir, a la derecha o la izquierda y sin saber ellos de qué se trataba, me dijeron que a la izquierda y dije okeis, a la izquierda será.
Y emprendí mi camino que aunque un poco más largo, fue a final de cuentas, muy provechoso. Después del súper me pasé al banco dónde ya había llegado mi nuevo plástico porque me la habían clonado, recogí una ropa de la tintorería, cancelé una tarjeta departamental de esas que te dan cuando más te atontas y renové mi licencia que la tenía vencida. Todo por irme a la izquierda.
Y sí…así fue. Que no importa si sea a la derecha o a la izquierda a dónde vayas, siempre que estés seguro de lo que estés haciendo y si no lo estás, tratar de sacar el mejor provecho de la decisión que hayas tomado. Después podrás pensar, reconsiderar y tal vez cambiar.
6 años
¿A LA DERECHA O A LA IZQUIERDA?
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