No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 6 años

LA PEOR MEDICINA

🎵Con azúcar gustará, lo amargo quitará, sabrosa les sabrá🎵
Un clásico de Mary Poppins sin duda.
Pues qué les cuento, que cuando éramos chicos, cada navidad la pasábamos en México, recuerdo esa camioneta con cabina que tenía mi papá, muy grande, donde cabíamos todos y más!.
Nuestro trayecto de Tampico a México era largo, por carreteras angostas y muy sinuosas en la sierra.
Y era como un parteaguas el llegar a Huejutla. Recordarán que antes no había buenos baños en la gasolineras, o es más, no habían baños!. Estaban tan gachísimos que mi mamá era experta en cargarme de aguilita. Y ahorita que lo pienso, pobre de ella, tratando de que no tocara nada.
Y cómo es costumbre, tuve que conocer tooodos los baños de la carretera.
¡Que bueno que tuve niños!, son muy prácticos y en cualquier ladito hacen pipí.
Y eso no era todo, a partir de qué llegábamos a la gasolinera en Huejutla, nuestros problemas apenas empezaban. Ya no nos permitían tomar nada ni comer nada porque después de ahí, seguían dos horas de curvas.
Pobres de nosotros como niños, qué sufrir con tanta vuelta y para evitar eso, mi mamá nos daba la pastilla más horrible del mundo mundial!, que si me la hubiera podido pasar con agua, el asunto estuviera resuelto de inmediato. Pero no!, nos la daban y era prácticamente imposible tragarla y no porque estuviera grande, sino porque no sabíamos pasar pastillas todavía. Así que en cada intento se nos disolvía en la boca y más asco nos daba pfff!.
Ese Dramamine ha de ser del demonio y que a final de cuentas no nos ayudaba en mucho por el sabor tan horrible que se nos quedaba en la boca. Aghhhh!, todavía recuerdo ese estremecimiento que me daba, el sabor tan amargo de la pastilla, es como si te recorriera desde los pies hasta la nuca.
Así que en otros intentos, mi mamá disolvía la pastilla en un tantito de refresco, ¡ay no por Dios!, de refresco y de naranja. Casi me moría!, porque no me gusta el refresco y el gas me revolvía más el estómago.
¡Imagínense!, el sabor más amargo que hayan probado y luego disuelto en algo que no les guste…ya desde ese momento se me había revuelto el estómago.
En alguna ocasión lo llegamos a vomitar apenas lo tomábamos y se supone que era para evitar el mareo y no vomitar…en fin.
El asunto es, que era de lo más horrible y esas dos horas de curvas eran eternas! Si bien nos iba, nos dormíamos o por lo menos cerrábamos los ojos para no marearnos tanto. Y cómo la parte de atrás del camper se hacía todo cama, nos acostábamos esperando a que todo pasara.
Yo era la más piquis y vomitosa, no podía oler algo fuerte porque guaggg, ya iba todo para afuera. Las paradas eran horribles en las gasolineras por el puro olor a gasolina, así que lo que siempre buscaba, era la ventana para que me diera el aire.
Toda una odisea cruzar la sierra.
Pero ahora resulta que a mi mamá le dan asco unas gotas que se tiene que tomar y yo…dónde habré visto eso?. Y le propuse que las tomara con un poco de azúcar, jugo o lo que fuera, para mitigar el sabor o la consistencia.
Y sí…así fue. Que la peor medicina con azúcar pasará. Pero eso me recuerda a mis perros que son bien listos, les daba su pastilla dentro de una salchicha y me dejaban la pastilla. Habrá que idear entonces un mejor método para que los niños no la sufran tanto…en fin.

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