No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 6 años

SOY COJO DE UN PIE Y MANCO DE UNA MANO 🎶

…Tengo un ojo tuerto y el otro apagado, soy cojo de un pie y no puedo andar, sólo al verla a usted, puedo no cojear 🎶
Sólo tal vez, algunos de ustedes, se acordarán de estas rondas infantiles. Mis papás tenían un disco o cassette de rondas, que nos gustaba mucho escuchar, se llamaba, Naranja dulce – Limón partido.
Recuerdo que ellos, guardaban los discos dentro de un gran mueble en la sala y ahí, sentados en el piso, me podía pasar horas escuchando las rondas, sin dejar de ver cada detalle de la portada del disco.
Recuerdo ese olor característico del trinchador en la sala, donde cada vez que lo abría, te daba un aroma muy especial, como entre guardado y madera, realmente son lugares que no se ocupan mucho, así que era como descubrir secretos cada vez que uno se asomaba.
Había muchos discos de acetato que tenían mis papás, pero los de mis hermanos y míos en aquel entonces, eran de rondas infantiles, los más antiguos y luego tuvimos el de la Vecindad del Chavo, ¿se acuerdan?, de esa portada donde están todos juntos al rededor de el Chavo en su barril y cada quién en su papel, era fantástico!, ¡todas sus canciones me encantaban!, nooo no es cierto, había una de la Popis que no me gustaba.
Teníamos otro del Chapulín Colorado, donde estaba el rostro de él y en una de sus antenitas de vinil, ehhh ya ven que si me acuerdo, estaba un monito del Chavo colgando.
Y teníamos otro de Quico, con sus cachetes de marrana flaca como le decía el Chavo. Todos esos discos los escuchábamos muy seguido, ahí tumbados sobre el piso fresco de la sala, imaginándonos cada palabra y situación de la canción que oíamos.
Pero habían unas canciones muy divertidas que me las sé de memoria, las de Cri Cri, ¡eran lo máximo!. Pero aunque Gabilondo Soler haya sido el creador, la interpretación con Flavio, es lo mejor! Y creo que no han habido mejores canciones infantiles que esas…El chivo ciclista, Che araña, La patita, Caminito de la escuela, El ratón vaquero y muchas más!. Nos hacían vivirlas, visualizarlas y hacernos reír cada vez que el chivo ciclista se caía.
Cómo no acordarse de todo eso…
¡Y Cepillín!, wowww!!, quién no se las sabe!…Las tenía todas! Me sentaba en el piso y veía detenidamente la portada de su disco, cada detalle, su cara, su expresión, mordiéndose la puntita del dedo, con un saco amarillo y su cabeza de lado. Tenia canciones buenísimas, pero había una donde casi te cortabas las venas…”Un día con mamá”, santo Dios!, antes no nos quedamos traumados, te hacía chillar o por lo menos moquear. Pero de ahí en fuera, todas sus canciones me encantaban.
Afortunadamente todas esas canciones las pude conseguir en disco compacto cuando mis hijos eran bebés y desde ese entonces se las ponía y cuando ya eran más grandecitos, así los despertaba, con una canción cada día para irse al kínder. Era un ritual, les ponía una cancióncita y su despertar siempre era agradable…todos, todos los días lo hice hasta que nos mudamos de casa y eso fue, hace 6 años, uno tenía 10 años y el otro 13.
Los tiempos cambian, los hijos crecen, las dinámicas son diferentes, pero lo que más importa, es haber vivido cada instante de todo eso. Miro atrás y sonrío por cada una de esas experiencias que tuve y no, no me quedé con ganas de nada, aproveché cada oportunidad que tuve para disfrutar a mis hijos al máximo en su infancia.
Y sí…así fue. Que aunque muchos tengamos ya hijos mayores, no quiere decir que ya no los podamos disfrutar, son grandes, si, muchos de ellos independientes, si, pero no por eso nos debemos hacer ajenos a ellos, siempre la presencia de los padres es muy importante, una platica, una palabra, un consejo o un momento agradable juntos hay que disfrutarlo al máximo.
Seamos familia de verdad, atendamos nuestras necesidades de verdad y hagamos de nuestro núcleo, una fortaleza…ahora más que nunca.

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