Pues aunque no lo crean, por los calzones se hacen muy buenos amigos.
Y si, pero créanme que no es nada de lo que se imaginan. Yo hablo de otros calzones, de los que quedan en la olla o en el sartén hasta el fondo.
Esa es una frase que yo sé desde chica y no sé realmente de dónde venga, si por el lado de mi mamá o por la familia de mi papá que eran españoles. La verdad quién sabe de dónde haya salido. El hecho es de que en casa siempre nos peleábamos, por los calzones del sartén.
Se le dice así, cuando el guisado o lo que hayas preparado ya queda muy poco, o simplemente lo pegadito que queda al final, a eso le llamamos los calzones.
Y si, en casa de mis papás, los calzones eran muy peleados cuando hacían frijoles refritos, se imaginan?, un sartén con lo último de lo último, con lo más fritito de los frijoles y que venga alguien con un pedazo de bolillo y casi se coma a lengüetadas todo eso último…era la gloria!.
Por lo general mi papá era el ganón y al terminar de cenar decía…déjenme el sartén, nonono, no me lo vayan a lavar, los calzones son míos.
Y no hay cosa más deliciosa, que comer los calzones de un sartén con frijoles refritos, ya sea parados ahí en la estufa o de plano, llevarte el sartén a la mesa y darle matarile.
Así crecimos y las amistades fueron llegando, los compadres y los amigos entrañables fueron llenando la casa con sus mismas familias. Éramos los Morales, los Vázquez, los Cepeda y los Ibarra entre otros.
Llegaban a la casa y se metían hasta la cocina y poco a poco fueron aprendiendo a pelearse por los calzones también. El que más los buscaba, es un doctor, compadre muy querido que también buscaba los calzones del sartén…qué grandes momentos, cuánta amistad y compañerismo había en el aire. Gracias a Dios, mis papás siempre fueron tan queridos y entregados, que a la hora de la partida de 4 de ellos, cada quien en su momento, no hubo nada que quedara en su corazón por haber entregado…el tiempo pasa y nos hacemos grandes y muchos de los nuestros tienen que partir y a pesar de que es tan doloroso, veo con agrado, el hecho que mis padres nunca tuvieron cuentas pendientes con nadie de sus amigos, todos se han ido en paz, con ese recuerdo de esa amistad entrañable.
Algo tan simple como lo que es una comidita o una cenita en compañía de tus seres queridos. Amigos que se ponen a darle vuelta a la tortilla, que abren tu refri para buscar lo que necesitan, que se sienten con la confianza de buscar lo que quieren, aunque no lo encuentren tan fácil, es ahí, donde los lazos se hacen más fuertes y no necesitan de ti para pedirte cosas.
Siempre he pensado que la cocina, es el mejor lugar para las reuniones y es muy curioso, porque cuando menos piensas, ya están todos metidos ahí aunque no quepamos.
De repente llega alguien y dice, “vámonos al comedor”, se salen todos o la mayoría, pero luego regresan, no importando el calor que pueda hacer en la cocina.
Los grandes momentos se dan ahí, las buenas sobremesas también. Es algo que siempre ha existido por lo menos aquí en México.
Y si, la cocina nos une…
El otro día, mis recuerdos se remontaron a la infancia, a ese esperar la última probada de los frijoles que quedaban en el sartén. Así fue con mijo hace días, bajamos a cenar y yo tenía preparados esquites, que hace tiempo me moría del antojo, así que nos dispusimos a cenar esquites, pero ahí estaba el sartén de los frijoles refritos, así que mijo calentó unos totopos y ahí en la estufa, entre los dos, nos comimos esos calzones. Hasta parece que me regresaba en el tiempo, qué detalles tan pequeños, pero tan grandes a la vez, son los que hacen que tu vida sea más feliz.
Y sí…así fue. Que les recomiendo que hagan muchos frijolitos en sus casas, para que tengan que pelear, por unos buenos calzones.
6 años
LOS CALZONES
Some HTML is OK