Se han puesto a pensar dónde realmente sienten el miedo.
Cuando éramos chicos, mis papás nos llevaron a Guanajuato, ciudad con tanta historia y tantas leyendas, fue un viaje muy singular!, vimos a las momias feas y la verdad es que no sé cómo es que no quedé traumada.
En aquél entonces no estaban en vitrinas, feas feas, paraditas todas tiesas recargadas sobre la pared.
Realmente no recuerdo mucho de ese viaje, pero lo que sí, es que mi papá compró unos cuentitos de las leyendas de Guanajuato.
Así que en la noche, después de ver a las momias, nos metimos todos en la cama de mis papás y con la luz apagada, mi papá nos empezó a leer las leyendas… bueno, nos tenía con un miedote metidos bajo las cobijas, porque no sólo nos lo leía, hacía ruidos y las voces trágicas y de lamentos.
Y saben, mi papá lo disfrutaba mucho, se divertía de nosotros, no con nosotros, nos traía muertos de miedo con la leyenda de la llorona y toda esa escena, ahorita que lo pienso, ha de haber sido muy divertida.
Mi mamá andaba por ahí, también divertida de cómo nos hacían sufrir, en eso cuando la historia se estaba volviendo más terrorífica…ZAZ!, que avienta una chancla a la cama…nononono, qué gritos hemos pegado, chico sustote que nos dió, antes no nos morimos, todo estaba ideal para matar de un susto a alguien.
Por supuesto mis papás atacadísimos de la risa.
Y bueno, de vez en cuando un susto no hace daño.
No soy de las que se esconden para asustar a alguien, ¿pero sí o no, da mucha risa cuando la gente se asusta solita con uno?. Y mi marido es uno de ellos, se asusta solito y muy chistoso.
Dicen mis hermanos que yo no caminaba, que levitaba porque no hacía ruido y bueno, esa es mi manera de caminar, muy sigilosa. Peeero, casi de recién casada como no tenía secadora para la ropa, la tenía que tender como todo mundo y algunas veces no alcanzaba a secarse sino hasta el día siguiente. Así que como nosotros teníamos un patio interior y los cuartos al rededor, había que pasar por el patio para llegar a la cocina.
Ese día era de noche, mi marido estaba en la cocina haciendo la cena y la ventana daba al patio, yo me había salido de bañar, ya saben, con camisón, cara lavada, cabello mojado y lacio, la llorona ni más ni menos. En eso, salgo de la recámara y tengo que cruzar por el patio para llegar a la cocina. Pero frente a la cocina estaban colgadas unas sábanas y yo con mi levitar acostumbrado, paso por entre las sábanas y a mi marido casi le da un infarto, ¡un fantasma!. ¡Qué risa!, lo más chistoso es que se asusta mucho y muy chistoso!.
Pero verdad del osito Bimbo que no lo hago a propósito.
Y bueno, realmente un día me puse a pensar, ¿dónde siento el miedo? y me di cuenta que cuando era chica, lo sentía en los pies, ya saben, por las noches tenía que engarruñarme y meter bien los pies bajo las sábanas, porque sentía que me jalaban las patas. Creo que eso es muy común.
Pero estando más grande, me di cuenta que el miedito lo siento en la espalda. En las noches de tormenta con truenos espeluznantes ahí es donde me da mucho miedito en la espalda.
Esta como el sueño, ¿nunca han sentido sueño en las orejas?, porque yo si!, digo, no siempre, pero si, me da sueño en las orejas. Y lo que sale en las caricaturas de que cuando uno se enchila le sale vapor de los oídos, ¡es cierto!, una o dos veces me ha pasado, como si fuera máquina de vapor pfff! Así.
Los escalofríos se sienten en la nuca, ¿verdad que si? y la penita en los cachetes cuando se ruboriza uno. El coraje en los pelos cuando sientes que te los jalan y la felicidad en todo el cuerpo, es una sensación de paz, equilibrio y armonía…eso es la felicidad.
Y sí…así fue. Que quién sabe porqué sentimos cosas en partes insospechadas de nuestro cuerpo, pero es algo que nos hacen únicos e incomparables…Ohh Sii!.