No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 4 años

DIME CUÉNTAMELO

¡Holiiiis!, un gusto saludarlos nuevamente. Seguimos aquí y seguimos en pie, ahí disculpe usté si no he escrito más seguido, pero hasta ahorita no ha habido mes sin escrito, ahí si, no he fallado.
He andado un poco dispersa, tanto que ya pasó octubre y no me di cuenta que ya son 9 años de estar escribiendo!. Nueve años de compartir con ustedes todas y cada una de mis historias y relatos. Les cuento que estoy a 4 escritos para llegar a los 300.
Y estoy muy contenta, porque dentro de tantos planes que traigo, uno de ellos es poder sacar un libro con la recopilación de todos esos escritos. Y más que nada es un gusto personal el dejarlo en papel, para que un día mis nietos y mis bisnietos conozcan su pasado.
Si yo pudiera, escribiría largo y tendido la vida de mis abuelos y bisabuelos y saben porqué, porque tuvieron el tiempo, la paciencia y dedicación para contármelo. Obvio fueron historias contadas a lo largo de su vida que estuvieron conmigo y yo las disfrutaba enormemente, unas historias a veces repetidas y otras que me dejaban sin aliento.
¡Wowww!, cómo fue capaz mi abuelita de romperle el labio a mi abuelito en su primer beso…estaba tan chica que la misma pena hizo que en vez de darle un beso fue un trompazo y salió corriendo!.
Imaginen mi cara de asombro y mi abuelita llorando de la risa al tratar de contármelo.
Fui afortunada de poder estar y escuchar sus historias.
Recuerdo que al tener a mis abuelitas a mi alcance, siempre había un momento para preguntarles cosas…
-Abuelita, cómo fue tu infancia?, tus papás?, sus orígenes, cómo vivían antes?, qué hacían, qué comían, cómo se divertían…
La plática siempre fue llevadera y una cosa llevaba a otra…y yo siempre llena de preguntas en mi mente. En sus relatos, quería ver como en una película, todo eso de lo que me platicaban.
Y no vayamos muy lejos, ¿qué tanto saben de sus papás?, sabes dónde se conocieron, qué música les gustaba, les daban permiso de verse?, cómo vivió su infancia cada uno, qué perritos tenían?.
Yo sé que mi mamá tenía al Bolillo, un perrito medianito.
Que mi papá tenía a la Muñeca, una perra bóxer que se dormía frente al televisor.
¿Qué tanto saben de su familia?.
Dime, cuéntamelo. Pero cuéntamelo todo, no solo de nuestras familias, de nuestros amigos también. ¿Qué tanto sabes de ellos?, de sus gustos y sus disgustos, de la vida que han llevado y no por chisme, es compartir parte de nuestra vida y que el día que ya no estemos, no llorar tanto…porque habremos tenido gran parte de su vida con la nuestra, porque los buenos momentos nunca acaban y esos recuerdos perdurarán siempre.
Un día hace muchos años, la abuelita de mi esposo, una señora ya ancianita, dijo algo de que cuando ella se muriera iban a llorar mucho. Cabe mencionar que desde que mi marido tiene uso de razón, ella siempre decía que ya se iba a morir.
El caso es que mi marido le dijo…¿Y quién dijo que yo iba a llorar? ¿Y si no lloramos?. Total que todo fue risas en ese momento haciéndole bullyng a la abuelita.
A sus 98 años murió y no hubo lágrimas ni tampoco pesares, se fue ella y nos dejó muy buenos recuerdos. Tantos que hasta a mi me tocaron sus pláticas de cuando vivía en el rancho.
…¿Acaso sabes de tus hijos?, puede sonar ilógico porque cualquiera diría ofuscadamente…¡Claro! Si yo los crié.
El criar cualquiera puede hacerlo, pero ¿sabes realmente sus gustos, sus temores, sus dudas, sus ambiciones?. Sabes lo que quieren?.
Por supuesto nunca lo sabrán si son padres tóxicos, de esos que juzgan y recriminan a todas horas.
El secreto está en escuchar lo que te quieren decir y lo que no pueden decir, porque muchas veces no saben expresarlo. Es ahí donde la intuición y la experiencia entran y puede uno darse cuenta de sus necesidades.
Tu presencia y compañía es importante y no es necesario sentarse a la mesa para ponerse a platicar, las cosas a la fuerza nunca van a resultar.
Y sí…así fue. Que yo también quiero escuchar tu historia, que más allá de compartir, es poder soltar algo.
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