No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 5 años

VERDE QUE TE QUIERO VERDE

Tal vez muchos estén acostumbrados a vivir en esa jungla de asfalto porque eso fue lo que conocieron desde un principio.
Mis primeros recuerdos, también fueron sobre un patio de asfalto, lo veía muy grande, pero un enorme árbol de mango nos daba esa frescura que hacía que fuera nuestro pequeño mundo.
Vivíamos a lado de un cementerio, si, así como lo oyen, de un cementerio.
Recorría un costado y la parte de atrás de la casa, del otro costado, estaban unos vecinos ya grandes y muy tranquilos, así que no había quién nos hiciera ruido ya que los muertitos siempre estaban calladitos.
Nunca tuve miedo, o tal vez no tuve la edad suficiente para pensar en eso.
A mis 5 años nos mudamos a una enorme casa junto a un pantano y si, así como lo oyen también, un pantano con víboras, tortugas y cocodrilos, entre otros animales.
Pero, estábamos alejados del bullicio, con unos vecinos de un costado nada más, todo lo demás era el verdor del pantano.
Tan grande y extenso que nos encantaba salir a explorar, éramos libres! y ahora que lo pienso, no sé si realmente mi mamá se preocupaba de dónde andábamos.
Tal vez se asomaba de vez en cuando por las ventanas y nos buscaba, o se daba un rondín para por lo menos escucharnos dónde estábamos, porque según yo, nos pasábamos horas en el patio y sus alrededores.
Iba con la vecina y me metía por su cocina como Juan por su casa y de repente me encontraba a la muchacha que le ayudaba, o a la señora de la casa cocinando, o alguno de sus hijos.
Pero era muy normal, me saludaban como si nada y ya sea que me quedaba jugando con la vecinita o me invitaban algo.
Digo, si ahora se nos aparece de repente un niño dentro de la casa, qué chico sustote nos sacaría.
Crecí rodeada de mucho verdor, de un gran silencio humano, pero si llena de todos esos ruidos característicos de un pantano. El croar de las ranas cuando llovía, los pájaros en la mañana, los grillos y las chicharras, el ladrido de mis perros y todo un sinnúmero de formas y movimientos en ese gran pantano. Todo siempre verde.
Sé que el vivir cerca de las grandes urbes es más práctico para muchos, las distancias más cortas y casi todo a la mano.
Nosotros no…vivimos a las afueras de la gran ciudad y volví a una casa grande, pero ahora dentro de un bosque y mis hijos lo aprecian mucho. Ellos han aprendido a vivir dentro de un mundo verde también, en calma y silencio, fuera del bullicio de la ciudad, sólo con los ruidos propios del bosque.
…Verde que te quiero verde, siempre pegado a la tierra, con ese olor característico de todo lo que hecha raíz…así quiero morir.
Que mis cenizas las esparzan alrededor de un Sauce llorón y si no, en un gran árbol que siempre esté verde.
Y sí…así fue. Cómo no amar todo esto si así crecí, aprendiendo de la fortaleza de los árboles, de su resistencia ante las inclemencias, de su estoica presencia y aún si se les cortase una rama; de su renacer nuevamente.
Some HTML is OK