No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 4 años

ESTE ERA UN GATO…

¿Quieres que te cuente un cuento?…
Así nos decía mi abuelita y a pesar de que nos lo contara mil veces, le decíamos que si.
Tuve la dicha de contar con las abuelitas más lindas que pudiera tener, siempre con tiempo para uno, siempre dispuestas a ayudarnos y nunca, nunca, nunca las vi ausentes de nosotros.
Las veía detenidamente y observaba cada arruga de su piel, cada cana en su cabello y ese andar tan peculiar de ellas.
Y a pesar de que se entretenían mucho con su tejido y sus novelas, siempre tenían un espacio para nosotros, sus nietos.
Al observarlas detenidamente, me preguntaba siempre…¿Cómo le hicieron?, Cómo pudieron criar a sus hijos con tan complicada y apremiante vida, cada una con sus problemas y desafíos…¿Cómo pudieron prácticamente solas sacar adelante a sus hijos?.
Y aún así cuando yo era chica, realmente ellas eran abuelitas jóvenes. En aquel entonces la vida pasaba muy rápido por la gente y el mismo ritmo de vida tan desgastante hacía que se avejentaran muy rápido. Yo estoy a días de cumplir 50 y no me siento para nada grande, como que mi edad no va con mi juventud mental o por lo menos así me siento.
El asunto es, que en aquel entonces cualquiera hacia abuelo a sus padres a muy temprana edad.
Después enviudaron siendo mujeres maduras aún y se volvieron sedentarias.
Así que al llegar los nietos y ya no tener responsabilidades, podían dedicarse a nosotros.
Y nos decía una de mis abuelitas…
-¿Quieres que te cuente un cuento?
-Siii, si, si abuelita!
-Este era un gaaato, con los pies de traaapo y los ojos al revés!, ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Y nosotros…-Siii, si si!
-Este era un gaaato, con los pies de traaapo y las orejas al revés! ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Bueno, así, mil veces, siempre era divertido e interesante a ver qué le ponía al revés al gato…las patas, la cola, las narices, qué se yo! Pero siempre era una emoción que nos contara el cuento del gato.
Y cómo no nos contaría cuentos de gatos si ella los amaba!, tenía varios.
A mi hermano menor que fue el más chiquito de los nietos, le narraba una poesía y hasta mi hermano hacía las mismas mímicas que ella al contarla…
…”Estaba el señor Don Gato, sentado en su silla de oro, cuando pasó la Gata, con sus ojos deslumbrantes, ¡del tejado se cayó!, 100 costillas se rompió”…
¡No inventen! Me la sé toda!
Díganme quién le anda enseñando a sus nietos poesías.
Mi abuelita si y así como ella, mi otra abuelita me embelesaba sus pláticas de su infancia y juventud. Cada una tenía historias fantásticas, que prácticamente podrían haber escrito un libro de sus memorias.
Tal vez por eso yo lo hago, para que quede huella de mi vida y cuando mis nietos lean estos escritos, sepan realmente cómo fue su abuela.
Bueno si y no, porque sé que todo se me olvida y si no lo escribo, habrá hechos y acontecimientos importantes que pueda perder en mi memoria.
Y sí…así fue. Que cuando seamos grandes, pero graaandes, podamos contarles cuentos a nuestros nietos y no solo eso, nuestra propia historia. Porque no hay nada más enriquecedor que escuchar la historia de nuestros abuelos…Ohh Sii!
P.D. Ya cumplimos 10 años de estar escribiendo historias, digo, por si estaban con el pendiente.
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