No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

HASTA LA RAYITA DEL AVIÓN

Cierro los ojos y es como si mi vida la viera como una película, tan llena de recuerdos, de cosas vividas muchas de ellas sencillas y maravillosas pero aún así muy valiosas para mi.
Así es como yo crecí, con el cariño de mis padres y esos momentos tan gratos que nunca se me van a olvidar.  Como cuando mi Papá nos contaba historias de terror y ese cuento que núnca podía empezar y  siempre nos decía,  -“hace muchos, pero muuuchos, pero muchos, muchos”….y nunca nos dijo muchos qué.
Nos dejaba a todos boquiabiertos con las magias tan fabulosas que tenía y siempre nos sacaba una sonrisa pintándose una carita en el dedo. Nunca fallaba, las caritas en los deditos siempre fue un buen aliciente para cualquier niño triste o enojado.
Todas las canciones de Cri Cri nos la sabíamos por él y todas las adivinanzas también.  Mi Mamá en cambio ella no nos cantaba pero siempre tenía tiempo para nosotros, me encantaba que nos hiciera casitas con las sábanas y las pusiera sobre sillas, muebles, mesas y todo lo que estuviera cerca. Nos hacia muñecos de trapo y cuanta cosa para nuestros juguetes, y no dudaba en acudir con nosotros cuando se lo pedíamos;  siempre tenia una respuesta para todas nuestras preguntas y nunca dejó de darle importancia a nuestras pláticas y comentarios.  Un día organizó una guerra de bolas de papel en donde los muebles eran nuestra mejor trinchera, y lo que me encantaba cuando éramos más chicos, es que al salir de bañarnos nos enrollara en la toalla y nos aventara sobre la cama desenredándonos como un trompo, salíamos volando encuerados y caíamos en la cama risa y risa.  Pero lo mejor de todo era cuando nos limpiaba las orejas, se sentía riquiiísimo y creo que es algo que a todos nos gusta. Por supuesto que no las teníamos tan sucias, pero ella hacia como que limpiaba y limpiaba con el cotonete nomás porque sabía que nos encantaba.  Sus manos y sus apapachos siempre lo curaban y lo calmaban todo.
Y cuando éramos muy chicos siempre le decíamos a mi mamá que la queríamos  “hasta la rayita del avión” y eso era bastante para nosotros, pues ante los ojos de niño no lográbamos vislumbrar o ver más allá de;  no podíamos dimensionar más allá de lo que pudiéramos ver.
Así que nuestro amor siempre fue inmensamente grande.
Ahora pienso que los niños pueden decir que quieren a sus papás “hasta el infinito y más allá”, pues los tiempos han cambiado y sus apreciaciones son mayores.
Y con los ojos y el corazón de niño aún, puedo decirles a mi familia, amigos y gente que ha tocado mi vida y que es muy importante para mi que los quiero “hasta la rayita del avión”.
Gracias a todos por compartir conmigo mis anécdotas, me llena demasiado.

Marzo 2013

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