A la hora de merendar casi siempre nos daba mi mamá frijoles negros refritos, le hacíamos un pocito en medio y lo llenábamos de aceite de oliva, mmmm qué delicia y acompañarlo con un pedazo de bolillo era sensacional.
Así era nuestra vida, sencilla, sin complicaciones, disfrutando de lo poco o mucho que nuestros padres nos pudieran ofrecer.
Nuestra vida era perfecta, vivíamos a lado de un fabuloso pantano, teníamos un patio enorme, muchos árboles frutales y un sin número de mascotas. Nada ni nadie nos molestaba, teníamos privacidad absoluta y una libertad increíble para hacer y deshacer a nuestro antojo.
Creíamos que todo eso iba a ser eterno, y que esas bondades que Dios nos daba durarían toda la vida, o por lo menos yo así lo veía.
Que equivocados estábamos…
Pues un día regresando de pasar la Navidad en México nos vamos encontrando con la no grata sorpresa de que unos camiones de volteo habían vaciado escombro en “nuestro pantano”. Esos fueron los primeros de cientos de ellos que llegaron después con el paso de los días. Fue totalmente inevitable, se intentó parar la obra pero había gente con mucho poder de tras de todo esto y no pudimos hacer nada.
La impotencia y desesperación de mis papás era mucha pues fue sumamente doloroso el ver cómo sacaban de cuajo a tantos árboles que habían ahí. Nunca se me va a poder olvidar ese crujido de los árboles cuando las máquinas los empujaban para poder arrancarlos; para mi eran como gritos de lamentos que los pobres árboles no podían expresar. Y un día cuando ya casi terminaban con todos los árboles, mi papá trató de defender por lo menos uno, así que se sentó frente al árbol para que la maquina no lo arrancara. Qué tensión tan grande, el hombre aventando la máquina sobre de mi papá y él que no se quitaba. Parecía esa escena en donde Don Quijote estuviera luchando contra ese enorme molino de viento el cual veía como un enorme contrincante. La verdad no recuerdo si llegó a salvar el árbol.
El pantano lo fueron cubriendo con arena de la playa y toda la flora y la fauna de ese lugar fueron quedando sepultados, muchos animales lograron huir, pero muchos de ellos no pudieron escapar.
Otros como las tortugas trataban desesperadamente de salvar sus vidas pero no había a dónde ir, así que con cubetas y palanganas las estuvimos sacando; mis hermanos se metían en esas arenas fangosas y sacaban cuanta tortuga pudieran encontrar y mi mamá desde lo alto de la terraza les iba indicando por dónde había más tortugas enterradas. Y a pesar de que los señores con sus enormes máquinas tenían que seguir con su trabajo empujando la arena, ellos mismos nos decían dónde veían más tortugas enterradas.
Fueron muchísimas las tortugas que rescatamos y las fuimos contando pero entre todas ellas había una, la más pequeña que nos causó mucha ternura, fue la número 91 y esa se la quedó mi cuñada, la bautizo con el nombre de Agatha 91.
Se quedó bajo su cuidado y cuando creció la fueron a dejar junto con todas las demás en la Laguna del Carpintero. Ahí fue donde llevamos a todas esas tortugas sobrevivientes de nuestro hermoso pantano. Y ahora que lo pienso, creo que esa película de Avatar me recuerda mucho a lo que pasó ya hace muchos años a ese perfecto ecosistema del que fuimos testigos y que disfrutamos intensamente.
Y para qué fue todo esto? Pues para construir un sin número de edificios departamentales.
El pantano lo disfrutamos mucho, pero lo sufrimos mucho también.
Pero algo que me queda bien claro es que nada es permanente, llámese casa, familia, amigos, amores, trabajo. Todo tiene que disfrutarse en su momento y si no se cuida o se cultiva todo eso se puede ir perdiendo.
He tenido ejemplos de vida muy cercanos que me han ayudado a ver la vida de otro modo y a tratar de valorar más lo que tenemos, a no compadecernos tanto y a darle un valor a cada cosa.
Quiero compartirles un poema de Nezahualcoyotl que me gusta mucho:
“Aunque sea de jade, se quiebra,
Aunque sea de oro, se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal, se
desgarra.
No para siempre en la tierra,
Sólo un poco aquí”.
Ese poco aquí hay que vivirlo intensamente…
Marzo 2013