En nuestra infancia siempre procuraron mis papás llevarnos de paseo, ya sea a la playa, el parque o algún lugar divertido para nosotros.
Pero hubo uno que siempre nos gustó bastante, era un rancho mega enorme en donde tenían caballerizas, un lienzo charro y unas construcciones tipo locales abiertos.
Todo eso desde que tengo uso de razón se veía viejo y abandonado pero al parecer no era así pues todavía existía movimiento en aquél lugar. Era inmenso y contaba con viejas calles de chapopote, con subidas y bajadas que lo hacían más interesante. Se llamaba La Herradura.
Ahí también se instalaba cada año la feria de las fiestas de Abril allá en Tampico. Y por supesto que había exposición de ganado entre otras cosas.
De vez en cuando íbamos ahí los domingos y mis papás compraban pollo a la canasta, nos acomodábamos bajo un árbol enooorme y sacábamos las bicicletas y los látigos que eran como unos triciclos achaparrados con las llantas traseras anchas y una rueda enfrente grande con sus pedales. Llevábamos pelotas, patines y todo lo que se nos pudiera ocurrir.
Siempre que íbamos ahí se me figuraba como un lugar muy viejo pues el piso estaba reventado por las raíces de los árboles, las plantas estaban crecidas por las paredes y se sentía un cierto aire de abandono.
Por lo general nos acompañaban de una a dos familias más y mientras los grandes se instalaban para comer y disfrutar del paisaje, los niños agarrábamos las bicis y nos íbamos a dar unas vueltas por todo el rancho. Peligros, realmente no habían a menos que nos cayéramos o algo así, pero de ahí en fuera todo era seguro.
Un día encontramos una calle que estaba bien empinada y no sólo eso, estaba reventada por algunos lados así que si queríamos bajar por ahí había que librar unos cuantos chipotes y grietas. Qué gran reto!, y nosotros con bici en mano, era una gran oportunidad que no podíamos dejar pasar, así que decidimos aventarnos. Primero lo hicieron mis hermanos y luego después de agarrar un poco de valor decidí aventarme yo; no había dado el primer pedaleo cuando ya había alcanzado velocidades supersónicas (según yo) y empece a perder el control de la bici, así que en cuestión de nanosegundos por mi mente pasaron dos opciones, una, frenar e irme de boca, o dos, aventarme hacia un lado y rasparme toda…..decidí aventarme y rasparme pues el irme de boca como que no me gustaba mucho. Así que a la mitad del camino volé….estuvo peliculesco! y mis papás no me vieron. Al final no supe qué fue lo que más me dolió, si la arrastrada que me di o el orgullo por no haber podido controlar la bici. En fin.
Digo, en esta vida a veces tenemos que tomar decisiones al vapor y arriesgarnos por algo, así como cuando me sucedió con el huracán Alex acá en Monterrey. Pues frente a mi casa se había formado un enorme río que lo arrastraba todo, y por supuesto la mayoría de los vecinos salimos a mojarnos. Y como la corriente bajaba de golpe por lo empinado de la calle, unos niños se dejaban arrastrar y se regresaban para volverse a echar. Parecía muy divertido así que mi hijo el más pequeño se aventó pero estaba tan delgadito que la corriente lo arrastró cuesta abajo, pero mi rapidez pudo más y lo alcancé a medio agarrar de la ropa. No podía mantener el equilibrio pues la fuerza de la corriente nos empujaba demasiado. Pero entré en una gran disyuntiva pues al mismo tiempo que trataba de salvar a mi hijo, mi chancla (de Nueva York) estaba a punto de soltarse de mi pie y perderse en la corriente….que gran decisión!, mi hijo? o la chancla?(de Nueva York) A quién tenía que soltar?. Así que finalmente me decidí por soltar la chancla (de Nueva York)….Qué buena madre soy!
En La Herradura disfrutamos de días de campo, en Semana Santa las fiestas de abril con la feria y también de algunos jaripeos, charreadas y carreras de caballos. Pero eso si, teníamos que irnos no muy tarde porque llegaba la hora del mosco Ohh Sii.
Marzo 2013