No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

EL CIELO… MI SEGUNDA VEZ (1)

(Primera parte)

Aquella vez que conocí el Cielo, esa reserva ecológica casi única en el mundo me enamoró. Y al ver la oportunidad de regresar otra vez era sumamente fascinante.
Pasó un año y la emoción crecía porque en esta ocasión seríamos 10 personas y no 5 como la primera vez.
Procuramos entrenar con tiempo, ir a correr, hacer caminatas, pues debíamos de tener una buena condición para poder ir al Cielo.
Porque ya estando en el camino, si alguien no podía subir la montaña, todos tendríamos que regresar y eso sería mala onda.
Cada quien se hace cargo de lo suyo, nadie le ayuda a nadie. Así que los 20 kilos correspondientes por mochila ya cada uno sabía si le metía cosas de más o no. En este caso fuimos 3 mujeres  y 7 hombres.  Las mismas chicas bien machines de la primera vez y 7 pelados más.
Íbamos 3 parejas de novios; mi hermano y mi cuñada, su hermana y su ahora esposo, mi hermano más chico y 3 amigos, mi esposo y yo.
Estamos hablando más o menos de julio de 1995…auuuuuu ya llovió.
Esa vez nos fuimos en dos camionetas, y cuando llegamos a Altas Cimas que es donde se dejan las camionetas en las faldas del cerro para seguir a pie, nos encontramos con la novedá de que ahora se podía subir en burro.
Que suerte, mis hombros lo agradecieron mucho.
Cuando me enteré que tenían burros para subir, me imaginé la escena todos trepados en sus burros y dije…naaaa.
Claro que los burros cargaban las mochilas y nosotros subíamos a pie.
Todos gozábamos de muy buena condición física, menos mi marido, como que eso no se le da mucho.
Dicen mis hermanos que fue la prueba más grande de amor que me pudo haber dado porque en otras circunstancias ni loco que iría al Cielo.  Pobre de mi marido, según él, dice que se casó con la hermana de Indiana Jones.
Estando de subida cada quien agarra su paso, se hacen grupos, unos se adelantan y otros se quedan más atrás. ¿Y quién creen que iban hasta atrás? Seee claro, mi marido y yo.  Cada tanto tiempo teníamos que parar para que agarrara aire y con eso del mal de montaña y el sofoco, le tenía que estar dando pedazos de chocolate para que tomara energía, o pa que no se me desmayara. Unos cuantos tragos de agua y un poco de aire y así, ya saben.
La verdad no me preocupaba el quedarnos hasta atrás y perder al grupo, pues ya conocía el camino y sabía donde agarrar una “Y” para llegar a nuestro destino.
Y si…así fue. Nos separamos del grupo y los burros que iban detrás de nosotros nos alcanzaron y nos pasaron también.
Fueron llegando poco a poco al lugar del campamento y después de un buen rato llega el señor que traía a los burros y le preguntan…-Oiga, ¿no vio a una chava y un chavo por el camino?. Y dice el señor…-Siii como no, están hasta atrás y la señorita le estaba echando aire con su sombrero al señor…se veía muy mal el muchacho.
Pooobre de mi marido, casi llegó a rastras y eso que no traíamos las mochilas cargando.  Su bermuda de mezclilla y su camisa de cuadros nunca lo voy a olvidar. ¿Será porque cuando llegó se tiró en el piso como naufrago? Creo que son imágenes que se le quedan a uno, claro.
Podrá no ser tan activo y aventurero mi marido como yo, pero eso si, la tecnología siempre la lleva consigo. Esa vez traía un radio tipo ladrillo que no sé ni de dónde rayos los consiguió. El caso es que era de banda civil y podía comunicarse con quién sabe quién.
Así qué estando ya instalados con fogata y toda la cosa, empieza mi marido con un su radio…-¡Breico, breico! ¿Me copias?. ¡Breico!, ¿me copias?.
Por un momento pensé que tal vez quería contactar a un ser extraterrestre o algo así, porque estando allá en el Cielo no creo que alguien llegara a escucharnos. Era algo muy cómico. Pero no sé qué nos causaba más gracia, si la cara seria de mi marido o el que se estuviera tratando de comunicar con algún ente. Que risa.
Y como en todos lados, hay historias que se cuentan, por supuesto que el Cielo no podía ser la excepción.
Estando alrededor de la fogata, y ya de noche alguien contó una historia que dicen por ahí.  De que hace mucho tiempo un niño se había perdido en el camino al Cielo y murió. Y que desde entonces cada vez que algún campista se pierde, se les aparece El Niño y los ayuda a encontrar su destino. Bueno, eso dicen que dicen.
Esa noche fue maravillosa. La oscuridad total hacia que el cielo que nos cubría estuviera lleno de estrellas.
Todo un manto negro y estrellado sobre nosotros, viéndolo desde “nuestro Cielo”, veíamos el universo entero mientras disfrutábamos de una hermosa velada para así al día siguiente pasar un día lleno de aventuras.

Junio 2013

Some HTML is OK