Quién no recuerda el llegar a casa de los abuelos y el encontrar su casa de lo más especial. Sus cosas, su patio, sus cajitas con recuerdos, fotos antiguas, el olor característico de ahí y las cosas o lugares casi prohibidos.
Nuestros abuelos nos contaron las historias más sorprendentes, nos platicaron su vida, sus logros y fracasos, y como una película la fuimos recreando en nuestras mentes. Muchos de nosotros tuvimos esa gran dicha de tenerlos. Todos ellos sabios, con sus defectos y virtudes pero al fin y al cabo ” los mejores abuelos del mundo”.
Ahora el tiempo ha pasado, y la mayoría de nuestros abuelos se han ido.
Pero la historia se repite, y llegan los nuevos abuelitos, surgen en el momento en que empezamos a llenar de nietos a nuestros papás. Son las nuevas generaciones de nietos y abuelos.
Los nietos de mis papás son 7 y tooodos igual de horribles y espantosos, bueno, eso es lo que dice mi papá. Por eso se les quiere a todos por igual.
Ya casi todos son adolescentes, y aunque la modernidad y la edad de la punzada los ha alcanzado; cada uno de ellos vivieron esa época en donde se llegaron a dormir en la cama con los abues. Se bañaron en su tina y jugaron con dinosaurios en el agua. Se escondieron debajo de la mesa y le ayudaron a su abue Bertha a preparar algún postre o guisado subidos en una silla. Ella les enseñó a pintar con gis y acuarelas, les inculcó a ser pacientes y les prestó a todos sus canicas.
A casi todos les hizo algún disfraz o les ayudó con algún trabajito para la escuela. Los llenó de besos y les dio los más ricos apapachos.
Todos y cada uno de ellos se sentaron a la mesa sobre las piernas de su abue Geño para tomar su tequilita. Les pintó caritas en sus pequeños dedos y siempre les robó una sonrisa. Les contó cuentos que nunca podía terminar de empezar diciendo…-“Hace muuchos, pero muuuuchos, muchos….”.
Y cuando alguno de ellos estaba regañado, mi papá les contaba cuentos de elefantitos (de esos que tienen moraleja), en donde ellos tomaban el papel del protagonista.
Y los sábados terminando de comer en familia salían a buscar gatos. Toda la pipiolera salía corriendo y jugaban por los jardines y andadores que estaban en unos edificios que construyeron a lado de casa de mis papás.
Todos los nietos han comido de los más deliciosos mangos petacones de la cosecha de sus abues. Y todavía ahora tanto chicos como grandes, corren al escuchar la campana de la nieve del caballito, salen con sus vasitos en la mano antes de que “La Yuri” llegue. Ella es una hermosa yegua rubia que por años ha venido con sus más ricas nieves.
Ya por la tarde noche después de jugar un rato, terminaban todos como leoncitos tirados sobre la cama de sus abues viendo alguna película.
Un día camino a la playa, los nietos tuvieron una divertida charla en donde se pusieron nombres artísticos, y los cuales quedaron así…en orden descendente:
-Pipa la Pepa Papaleta
-Jami Alitas de Pollo
-Estefano la Pepa Papanatas
-Pepe el Pepino Piculs
-Nica la Canica Peladita
-Mani el Mimoso Mumu
-Juanita la Yuni Jorneta.
Y si…así fue. Los Abues han revivido con los nietos esos tiempos de infancia que ya pasaron hace mucho con sus hijos. Han desbordado todo ese cariño y ese amor con sus nietos, pues tienen la capacidad y el tiempo para poder consentir y apapachar a cada uno de ellos. Viven otra época en donde la responsabilidad de un niño no cae sobre de ellos y así se convierten en el clásico abuelito consentidor y lambiscón que todo mundo quiere.
Y como nunca falta “El besito, el dulcito y el adiosito”, es por eso que siempre se ven nietos y abuelos con mucho gusto.