Hace 7 años que llegamos aquí, con temores y con ilusiones, con ciertas expectativas y toda una vida por descubrir.
Monterrey y su gente regia nos supo dar la bienvenida, nos tendió la mano en todo momento y su hospitalidad nos hizo sentir parte de ellos.
Yo desconocía sus vialidades así que me aventé al ruedo casi sin pensarlo, me aguanté mis miedos y con la ayuda de una guía roji pude llegar a mis destinos. Mi marido que ya conocía la ciudad me decía… –
-Mira, no te preocupes, si te pierdes sólo busca el Cerro de la Silla y dale pa allá.
Ahí es donde vivimos, a faldas del Cerro de la Silla, así que no importaba por qué calles me viniera, siempre y cuando fuera en dirección al Cerro.
Monterrey es un pequeño valle en donde las montañas nos dan un buen sentido de ubicación. Sólo que siempre rogué por no perderme, y si me perdía nomás que no fuera de noche porque así no veo tan fácil dónde está mi cerro. Todavía en estos días hasta parece que soy nueva, se me pasan calles o salidas y más si ando pensando en otras cosas. ¡In focus!, me digo a mi misma, y tengo que retornar hasta donde se le de la gana a la calle el poder dar vuelta. A veces uno va tan abstraído en sus pensamientos que al llegar a su destino lo hace de plano en automático y es cuando caigo en la cuenta de que no recuerdo en qué momento pasé algunos puentes, pasos a desnivel, me incorporé a vialidades rápidas y revasé a no sé cuántos coches. Yo nomás llego porque Dios es grande.
Monterrey nos cautivó con su belleza natural, esos maravillosos cerros que no me canso de verlos, están tan a la mano y tan visibles desde cualquier punto de la ciudad que parecen la corona de un rey.
Cuenta con ríos, presas, grutas, paseos formidables, lugares turísticos y por supuesto una infraestructura moderna y a la altura de las grandes ciudades. Lo es todo, una ciudad bella con bellas personas. Así lo hemos sentido y así lo hemos vivido.
Hemos conocido a tanta gente que cada una de ellas a tocado nuestras vidas de manera diferente. Nos han demostrado todo su afecto, hemos compartido momentos inolvidables y divertidos y nos han dado la mano en los momentos más difíciles.
La belleza de esta tierra regia en lo personal me ha maravillado. He disfrutado inmensamente del parque Fundidora, de Chipinque y sus resbaladillas, de las carnes asadas en Cola de Caballo, la Estanzuela, la salida de los murcielagos, los paseos en moto los domingos, del río La Silla que lo tengo a menos de 5 minutos de mi casa y de tantos paseos más que esta gran ciudad alberga.
Su comida, sus costumbres, su forma de vida ya es parte nuestra. Aquí todos somos tíos para los niños y su gente es fútbolera de corazón, todo se define entre Tigres y Rayados. Y por supuesto cualquier excusa es buena para tener una reunión con carnita asada. La amistad se afianza continuamente.
Y si…así fue, y así es, hemos tenido la dicha de tener a tan agradables vecinos, de conocer gente en el fútbol americano donde entrenan mis hijos, de compartir la misma pasión con ellos, de tener amigas luchonas y entronas en el Gym, de coincidir con ex compañeros de la prepa, de tener parte de nuestra familia cerca, de conocer gente tan maravillosa donde uno jamás podría imaginarse y de llenar tanto nuestras vidas. A todos ellos y a todos ustedes….gracias, gracias por tocar nuestras vidas.
13 años
LA SULTANA DEL NORTE
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