Estando chica, las horas no eran realmente interminables; tal vez porque disfrutaba del salón de clases y más que nada sus recreos. Eran menos horas de escuela, íbamos de 8am a 1pm, y nuestras tareas nos permitían jugar gran parte de la tarde.
Ese olor a libro de texto me gustaba y más el de Ciencias Naturales, me encantaba hacer alguna investigación tanto en la escuela como en la casa. Recuerdo mucho la de las partes de la flor en donde uno tenía que observar un tulipán. Poner a germinar un frijol; el crear el color blanco con la suma de los colores primarios en un cartoncillo redondo y hacerlo girar fuertemente con un hilo; observar una hormiga o pequeños bichos con una lupa…todo era fascinante.
En mi casa, en la que vivíamos a lado de un pantano, tenía todo un mundo para explorar, y una de las cosas que han causado más impacto en mis descubrimientos es el ver nacer a una mariposa, fue cuestión de días. Pacientemente cada vez que llegaba de la escuela corría a ver las crisálidas que estaban pegadas a ese árbol tan grande que teníamos en medio del patio, eran muchas y todas ellas se desarrollaban a destiempo. Por fin la primera se empezaba abrir y poco a poco las demás con el paso de los días. Las mariposas salían muy lentamente de ese capullo y las horas permitían que sus alas pudieran desplegarse. Ningún libro me lo enseñó, nadie me lo dijo, yo lo viví.
Con el paso de los años y ya estando grande y con hijos, la historia se vuelve a repetir, eso de la escuela y las tareas. Pero al parecer las cosas han cambiado, son más horas de clase, más materias y más tareas, y aunque yo no las haga uno como mamá tiene que estar al pendiente de ellas. La verdad me dan flojera…”pobres niños”. No recuerdo que cuando era chica mis tareas fueran tan complicadas, bueno, los quebrados si, pero digo, ¿a quién no se les hizo complicados los quebrados?…tal vez nomás a mi.
Posiblemente nunca me puse en el lugar de mi mamá y nunca le pregunté si fue pesado para ella el ciclo escolar de nosotros. (Buena pregunta, al ratito le llamo). Y pues eso de las levantadas taaan temprano son horribles para mi, he ideado varias estrategias para optimizar mi tiempo, ya que en la mañana a esas horas no carburo muy bien que digamos. Así que procuro dejar todo listo desde la noche: lonch, aguas, ropa del gym, que los niños dejen sus uniformes listos, mochila, todo. Y creí ser muy lísta; pero mi hijo me la ganó, pues un día que voy a despertarlo y resulta que lo veo con el uniforme puesto… ¿?, ¡Se había dormido con el uniforme!. Bueno, y es que esos minutos que tarda uno en vestirse son gloriosos si los aprovecha uno durmiendo. Son los cinco minutos más que todo mundo pide.
Y buuueno, mis levantadas cuando era chica si eran horribles, pues mi abuelita era la que lo hacía muchas veces, abría la puerta de mi cuarto y desde ahí me decía…-¡Ya mijita! ¡Ya es hora!. Uno pegaba un brinco de aquellos tratando de ubicar dónde estaba…”Ahhh mi cuarto…si claro”…zzzzz. En eso a los cinco minutos volvía mi abuelita y con más energía me decía…-¡Ya mijita! ¡Ya!.
¡Dios! Era horrible despertarse con espanto dos o tres veces seguidas… digo a según si me quedaba dormida otra vez.
Por eso yo despierto a mis hijos con cariñitos así como mi mamá lo hacía conmigo.
En fin, ahora resulta que me tengo que estar chutando juntas de la escuela, y toda clase de eventos obligatorios a los que hay que ir. De hecho, hace unos días fui a las primeras juntas. Nos citaron en la noche y ahí voy. Me tocó estar sentada a lado de un tipo que le hedía la boca ¡puaghhh!, y me di cuenta no porque platicara conmigo sino porque el tipo resoplaba y yo tenía que aguantar la respiración ufff. Y donde que soy muy triquismiquis para eso de los olores, pues si algo o alguien no huele fresco, limpio o bonito entonces ya no me gustó. Sufrí una hora ahí sentada. Luego nos mandaron a los salones para darnos oootra información más específica y ¡zaz!: Que nos tocan en los dos grupos de mis hijos a las maestras más canijas de toda la escuela. Digamos que son una mezcla de autoridad hitleriana con un toque de supuesta dulzura salesiana la cual predican. Para mi eso es algo medio malévolo.
Así que estando sentada en el lugar de mis hijos me hacía más y más chiquita al oír todo tipo de amenazas por parte de ellas. Me sentí intimidada como si yo fuera la alumna y me fueran a bajar puntos por hacer algo que todavía no había hecho. Mmmm…creo que no quiero ir a la escuela. Pero de pronto caí en la cuenta de que “yo” no era la alumna fiuuu!. Eeentonces me quedé pensando…seee se lo merecen, que sufran un poco. No les cae nada mal un poco de disciplina. Y bueno aunque los tomatazos eran para nosotros los papás, porque últimamente somos los más complicados y nos creemos merecedores de toda una atención personalizada.
Y si…así fue, sufrí un poco de chica con las levantadas temprano pero no tanto como ahorita. Me di cuenta de que todo en esta vida se paga y que si algo no hice o aprendí en su momento, ahora ya de grande y con hijos me hacen cursar la primaria “nuevamente” para reforzar lo no aprendido…digo. Nadie se salva.
En fin, mi tormento escolar va a durar unos cuantos años más hasta que mis hijos saquen su licencia para manejar.
13 años
NO QUIERO IR A LA ESCUELA
Some HTML is OK