No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

UNA VENTANA AL CIELO

Por azares del destino, mi esposo me salió con la sorpresa de que si quería ir a México a una Expo, y pa pronto le dije que si, no sabía ni a qué pero dije que si.
Con pocos días de anticipación arreglé mis asuntos pendientes y repartí a mis hijos.  Ellos se tuvieron que quedar.
El día se llegó y un chofer de la compañía fue por mi a la casa. Era de tarde, llovía, y todo un ambiente melancólico me empezaba a invadir. Estaba experimentando nuevamente mi libertad.
Sola, en el asiento trasero de ese carro nuevo me hacia sentir un poco extraña, sin tener que preocuparme del tráfico, ni de librar esa batalla diaria tras el volante. Sólo yo y mis pensamientos; veía cómo las gotas de agua se acumulaban tras el cristal…¿pero cuánto?, ¿hace cuánto que no observaba las gotas a través del cristal?.  Tal vez ya hace mucho tiempo;  cuando mis papás me llevaban en el coche y lo único que hacía era ver cómo se acumulaban las pequeñas gotas unas con otras formando un sinuoso camino a su paso. Gotas grandes y pequeñas, todas ellas colgando desde el filo de la ventana, haciéndose cada vez más gordas hasta que ya no podían más y caían. Recuerdo que me gustaba predecir cuál era la siguiente en caer.
Paramos en ese lugar en el que fue la convención nacional de la empresa donde trabaja mi esposo. Y justo a tiempo mi marido salió para subir al auto y encaminarnos rumbo al aeropuerto. Le dimos raid a un compañero de trabajo así que me limité a escuchar su platica nada más.
Llegamos y cual va siendo mi sorpresa de que casi todos los gerentes y directores de la empresa estaban ahí esperando sus vuelos. Prácticamente la aerolínea se volvió un vuelo ejecutivo.
Tuve que comportarme con toda la propiedad posible, limitándome a saludar como es debido. No podía sonreír como me es habitual pues la cosa era seria; se sentía  un ambiente de trabajo del cual no dejaban atrás todavía. Porque por supuesto que naaadie llevaba a su esposa. Así que fue un poco incómodo el no poder platicar dicharacheramente como es mi estilo. (¿Qué les pasa a todos?, salen de la chamba y no se pueden relajar todavía).  Y pensándolo bien creo que la blusa que llevaba era algo reveladora como para estar entre tanto hombre encerrado después de tres días en conferencias in interminables…En fin.
Mi marido no me dejaba ser. Le sonreía animada por el viaje y me decía entre dientes…-¡Ya!, ¡compórtate!.  Y eso me causaba más gracia.
Me sentía una diva,  pues esperamos en el área VIP para poder abordar nuestro vuelo. Cenamos y yo seguía muy propia y calladita pues estuvimos con unos de los directores y demás gerentes. Cuando por fin abordamos el avión una de mis mayores satisfacciones fue el tener asientos premium. Y yo como niña emocionada, me revolvía en mi lugar disfrutando del momento. El asiento amplio de piel, la ventana a mi lado, la almohada, audífonos, pantalla personal, cobija y todas las demás monerías me entusiasmaban. Y mas porque estando en el vuelo, una azafata se acerca y me dice muy propia…-Sra. Chapa, ¿desea tomar algo?… ¡Woww!, ¡la señorita sabia mi nombre!. Nooo pus hasta me sentía la Doña. Y como mi marido se la pasa viajado todo el tiempo, para él no era cosa nueva. Volteaba y le sonreía nuevamente como niña pequeña a la cual le esperaba la mejor de las sorpresas. Todo era fantástico y excitante. Y mi marido que ya se acomodaba para dormir un rato, me dice con un ojo entre abierto…-Creo que hace mucho que no salías, verdad.
Y si he salido, he conocido varios países y aún así no deja de emocionarme cualquier aventura. Demasiado ordinaria dirían algunos, pero y qué, el mundo siempre me ha sorprendido.
Voltee a ver por la ventana y ya era de noche. Ajusté mi cinturón y el avión se dispuso a despegar. Me acomodé para ver hacia afuera y de repente dejamos de tocar el suelo. Qué vista tan maravillosa, el ver toda la ciudad iluminada, cada vez esas luces se hacían más pequeñas formando manchas luminosas sobre ese fondo oscuro al que le llamamos Tierra.
De pronto mi corazón dio un brinco al darme cuenta que literalmente estaba “tocando el cielo”. En eso nuevamente mis pensamientos se agolpaban, suspiré hondo y como siempre la inspiración llegó.  Por mi mente se formaban palabras, frases, diálogos los cuales necesitaba plasmar en un próximo escrito. Es inevitable, los recuerdos y las conversaciones surgen de la nada. Tal vez sea una forma de expresión muy personal. Así cómo los pintores ven su mundo como un gran lienzo en donde pintar, yo veo mi mundo lleno de palabras, diálogos y recuerdos que escribir.
Y si…así fue. A veces uno se emociona por pequeñeces, se asombra por cosas tan ordinarias, se ilusiona con algo tan sencillo y se conforma con cualquier cosa. Todos esos “detalles” de la vida es lo que hacen a la vida misma: sorprendente y sencilla tal vez.

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