No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 13 años

LOS MEJORES AMIGOS

Un día que fui a recoger a mis hijos a la escuela, sale el más pequeño corriendo hacia mi con una sonrisa de oreja a oreja y con una bolsita de papel de estraza en la mano.  Sus ojitos brillaban de la emoción y ese gesto de felicidad era adorable. Todavía no terminaba de acomodar el auto cuando él me gritaba muy emocionado…-¡Mami, mami!, ¡mira lo que me regalaron!…¡Un patito!.
¡Ohh Dios!, y yo qué rayos voy hacer con un patito, pensé.
Por supuesto que no le quite la ilusión de tener al patito, pues sería injusto que no tuviera la oportunidad de vivir esa experiencia. Y esos ojitos de Bambi lo podían todo.  El caso es que, ahí vamos a la casa con todo y patito. ¡Era hermoso!, chiquitito, chiquitito y amarillo. Lo pusimos en una caja ahí en la lavandería. Y por supuesto que tooooda la noche hubo concierto con su “piiii, piiii, piiii”. Y es que todavía no le salía el “cuac”.
Para esto, nosotros tenemos una perra grande peluda que se llama Luna, es una cruza de Alaska con Golden.  Y pues nunca habíamos tenido otro animalito junto con ella. Así que había que enseñarle a convivir con el patito sin que se lo comiera. Primero se lo enseñamos a Luna de lejitos, y ella se ponía demasiado ansiosa queriéndolo olisquear o por lo menos darle una mordidita.  Y fue cuestión de unos días de que se pusiera así.  Luego le permití que lo oliera de cerquita dejándola que le chupara las patas. Pasaron varios días y repetíamos la misma rutina hasta que pudo acercarse al patito sin temor a que lo lastimara.
El patito creció y decidimos que ya era tiempo de que durmiera afuera junto con Luna. Ya no veíamos peligro alguno de que quisiera atacarlo aún no estando bajo nuestro cuidado.
De pronto el patito dejó de ser chiquito muy rápido y se convirtió en un patote, así que mis hijos le pusieron Patotón.
Luna y el Patotón se convirtieron en los mejores amigos, se correteaban, jugaban, comían juntos (bueno, el Patotón se comía las croquetas de Luna), el pato le hacía piojito a Luna y aquella se dejaba querer.
Lo más chistoso es que siempre caminaban juntos, así que cuando Luna salía corriendo a ladrarle al que pasara, el pato iba hecho la mocha detrás de ella haciendo lo mismo. Nunca pudo ladrar claro, pero a puros “Cuacs” por lo menos si espantaba a la gente. La verdad era digno de verse.
En sus siestas se acurrucaban juntos. Y causaban mucha gracia el ver cómo el pato seguía a la perra a todos lados; así son ellos, necesitan un líder y en este caso era Luna. Y claro, como el Patotón no podía correr tan rápido con esas patas chuecas y el pañalote ese que parecía que traía siempre, pues Luna muchas veces lo atropellaba. Nomás se oía ¡Cuac! así medio gangoso.
El tiempo pasó y los días de calor se intensificaron. Y a pesar de que le compramos una alberquita al Patotón no era suficiente. Así que hable con mis hijos exponiéndoles la situación de que el pato necesitaba vivir en un lugar mejor para ser feliz. Nuestro patio es pequeño sin pasto, ni agua suficiente para él.  No era justo que estuviera así. Lo tuvimos porque nos lo regalaron, no fue decisión nuestra el adquirirlo. Pero bueno, el pato ya era de la familia y queríamos lo mejor para él. Así que un día lo llevamos al Parque Fundidora donde hay muchísimos patos y ser un lugar apropiado para poder dejarlo ahí. La verdad la idea de dejarlo no me agradaba mucho, nunca he sido de los que abandonan a un animalito y eso me dolía en el alma. No soy así. Pero era lo más justo para el pato.
En casa Luna se quedó sola, no supo que pasó, sólo de repente su mejor amigo ya no estaba….me sentí muy mal por ella y por todos.  Y fue cuando dije que no volveríamos a tener un animalito que no podamos mantener.  Ellos son para toda la vida mientras vivan, llámese perro, gato, tortuga, pájaro, conejo, pez, hámster, lo que sea. Los animalitos no deben de ser un capricho del momento, mucho menos un juguete para que se entretengan los niños, NO.  Son seres vivos que se merecen todo nuestro respeto y cariño. Forman parte de nuestra familia y nos complementan.
Y si…así fue. Nuestras mascotas nos dan los mejores ejemplos de vida y convivencia. No importa la diferencia de razas, condición física o estatus. Viven su presente, no sufren por su pasado, ni mucho menos se agobian por su futuro. Simplemente se adaptan. Demuestran su agradecimiento abiertamente y nunca guardan rencores. Su agresividad es provocada por uno mismo, necesitan vivir en familias estables para ellos poder ser estables. Y la armonía es indispensable para su buena convivencia.
Quiéranlos, respétenlos, cuídenlos.

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