No sé si alguna vez les ha pasado que tienen unos de “esos” días que ya no sabe uno qué hacer si reír o llorar.
Son de esas rachas donde las cosas salen aparentemente todas mal. Y digo aparentemente, pues es depende de cómo se tome y de la importancia que se le quiera dar.
Hace apenas unos días, empezando un lunes por la mañana llegué arrastrando la cobija al gym; digamos que una vaca lechera tenía más energía que yo, casi casi le pedía permiso a un pie para levantar el otro. Pero bueno, ya estaba ahí y había que darle.
Andaba como en modo automático y cada vez que ya no podía más, me decía a mi misma, “si ya estás aquí, ¡pues a darle!”. Terminé y me quité todo mi equipo: guantes, polainas para pies y manos, faja, audífonos, teléfono. Y como siempre, lo acomodé todo y me disponía a guardarlo en mi mochila. Pero en el camino se me empezaron a caer las cosas: que si los audífonos, que si el guante, que si la funda del teléfono…parecía que tenía dislexia en las manos. Los recogí y no había dado ni dos pasos cuando ya una polaina se me había caído. Total llegué con dos amigas que estaban entrenando y me senté cerca de ellas para tratar de reacomodar todas mis chivas. Y al estar platicando con ellas oootra vez se me seguían cayendo las cosas…¡me lleva!. Y les digo…-¡¿Pues qué me pasa?!, y me dice una de ellas…
-Mira, cuando se te caen las cosas a cada rato es por dos razones: una, es que estás embarazada y la otra es porque te va a bajar.
Emmm yo creo que opto por la segunda opción, la primera definitivamente creo que no.
Así que continúe con mi torpeza motriz por un buen rato. Al día siguiente ya bien descansada y con mucha pila, fui y boté a mis hijos a la escuela y me dirigí al gym con toda la actitud que pudiera tener. Pero llegando al estacionamiento me voy dando cuenta que no traía mi mochila con todo mi equipo. ¡Arghhh no es posible!. Así que entre la pila que traía, más el coraje de mi mochila, dije…”¡ahorita me desquito ahí dentro!”. Mis amigas se decían una a la otra estando yo cerca…-“Cuidado eh? porque a la teacher se le olvidó su equipo, así que anda de malas”. Lo bueno es que siempre me alivianan el día mis amigas.
Se llegó la noche y checando tareas de los niños, veo una nota de la maestra en un trabajo de mi hijo más chico, diciendo que se había copiado del libro y por supuesto le bajó de calificación. Les habían encargado hacer un resumen de una historia o cuento que leyeran. Pero lo detalló tan bien que la maestra no le creyó. Eeeentonces, como si me hubieran jalado de las greñas, me enfurecí tanto, que le mandé un mensaje a mi esposo que estaba hasta el otro lado de la república y descargué toda mi furia haciéndole saber todos los adjetivos calificativos que tuviera en mi repertorio sobre la maestra.
Claro que sé lo que tengo en casa, y de qué pie cojea. Así que mi enzatanamiento se calmó al platicar con mi esposo y poder llegar a la conclusión de que la maestra no conoce todavía esa cualidad del niño. En fin…
Al otro día, osea miércoles, tenía que estar a las 7:30am en el colegio para la entrega de boletas de secundaria. Y como siempre, llegué y aventé a mis hijos mientras me iba a estacionar. No había lugar por ningún lado y fui a encontrar un lugar allá en casuchi. Me baje hecha la duro y me fui corriendo hasta la escuela. Lo bueno que andaba con mi ropa del gym y así como que no se veía tan mal el que una mamá llegara corriendo. Otros papás que llegaron tarde también apretaban el paso, y como si fuera maratón me quité a uno, a dos y logré subir la escalera con zancadas largas. El problema fue que no encontraba el salón de mi hijo. Y como loca caminando en zig zag por el pasillo, veía los letreros en las puertas de los salones hasta que me dijeron en dónde estaba el 2-A. ¡Clásico, tenía que ser el del final del pasillo!. Entro al salón y ya una parte de los avisos los habían dado. Me senté donde pude y tuve una ligera sensación de que “algo” andaba mal. Escuché atentamente y volteaba a ver a mi al rededor, veía a los papás y luego a la maestra y pensaba…”como que no se parece a la maestra de mi hijo…y como que el salón está medio diferente…y los papás como que no los reconozco”. ¡Demonios!, me había equivocado de salón.
Así que otra vez salí corriendo y llegué al salón de mi hijo ya que habían entregado boletas, y me dice la maestra…-No se preocupe, son los mismos avisos, sólo tome la carpeta de su hijo que está en su lugar y mañana me la manda firmada.
Agarré la carpeta y me fui de volada a ver si alcanzaba ir al gym pues más tarde tenía otro compromiso. Y caminando a paso veloz ya fuera de la escuela, reviso los exámenes y pienso…”que letra tan chiquita está haciendo mijo”…¡Oh no! Era la carpeta de otro niño. ¡Me cachis!
Y que me regreso oootra vez.
Para esto ya no fui al gym ni nada, sólo tenía tiempo para tomar algo, bañarme y estar lista para mi siguiente compromiso. Y estando en la cocina tomando mi licuado, que me manda un mensaje mi marido que andaba de viaje, diciéndome…
-¿¡Quién puso los calzones de Beto en mi lugar!?, ¡no tengo chones y ya van a pasar por mi!
Bueno, casi me hago pipí de la risa que me dio, nomás de imaginarme a mi marido tratando de ponerse los chones de su hijo. Y después de un rato de ver quién tenía la culpa le dije…-Pus vete al rais, es sexy.
Y me dice…-No porque me rozo.
Ahí de plano casi me ahogo de la risa, las lagrimas me escurrían del ataque que me había dado y no podía tomarme mi licuado y ya tenía mucha prisa.
Como pude me bañé y me arreglé. ¿Y qué pasó después?… ¡pues nada!, sólo que al salir se me rompió el pantalón, mi marido me mandó mensajes inoportunos, y por ir hecha la raya me pasé del lugar de donde era mi cita… nomás.
Y si…así fue. Las predicciones de mi amiga eran las correctas. Los días pletóricos de emociones no siempre son malos. Y la vida es simplemente el continuose del empezose.
13 años
UNOS DE “ESOS” DÍAS
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