No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

TU RECUERDO

Terminábamos de cenar y mi hijo más pequeño me dio un gran abrazo para irse a dormir. Se aferró fuertemente a mi cintura y respirando profundo me dice…
-Mami, que rico hueles.
Le sonreí y con un beso en la frente le di las gracias. Me fui a la secadora para sacar una ropa y al agacharme, mi cabello colgaba por un costado. Él lo acarició y se lo llevo a su nariz, volvió a respirar profundo y me dice… -Mami, que rico huele tu cabello, ¿cómo le haces para que huela tan rico?. Le volví a sonreír y le dije…-Bueno, lo que pasa es que las mamis siempre deben de oler rico para que a sus hijitos les guste.
Así que con esa idea se fue a su cama. Y estando desde arriba en su litera, se recarga en el barandal de madera y me dice románticamente…-“Podría quedarme toda la noche oliendo tu cabello”.
En eso, casi desfallezco. Y más viniendo de mi hijo. Creo que mejor cumplido no había recibido antes.
Es muy lindo que a uno le digan que huele rico. Pues no solamente es un halago, sino que también uno se da cuenta que le es agradable a la otra persona. Y que se sienten bien con uno.
Así yo recuerdo a mis papás, por su aroma, entre tantas cosas. Y no es que se hallan ido a ningún lado, siguen con nosotros gracias a Dios, pero ese recuerdo de la infancia es imborrable. Es cuando los lazos se encuentran más estrechos, cuando uno día con día recibe abrazos y besos por parte de ellos. Por eso yo no dejo de hacerlo con mis hijos porque después se crece y uno se tiene que ir.
Cuando era chica, yo siempre disfrutaba de ese aroma tan rico de mi mamá. Me gustaba que al peinarme y tenerme frente a ella, pudiera percibir ese ligero perfume que traía. A lo mejor era su crema que usaba nada más, no lo sé, pero siempre olía a limpio, a fresco. Y no se diga cuando salía a una cena o reunión, toda entaconada y emperifollada, la veía guapísima, tan elegante y olorosa con sus perfumes más nice. Quería ser como ella, verme tan bien y tan distinguida. Ahora, creo que me veo bien, lo distinguida quién sabe, tal vez todavía no se me da…buéhh!. Pero no todo era su aroma, su abrazo era tierno y reconfortante. Y sus cariños lo curaban todo, con esas manos mágicas tan de mamá que creo no poder sentir jamás.
Mi papá ni se diga, tan pulcro y bien vestido, siempre pensaba que se parecía a Jorge Negrete. Nunca anduvo en fachas. Cuando llegaba del trabajo para comer, se quitaba la camisa y nos decía, a cualquiera de los cuatro…-Mira mijito(a), de aquí,(del cuello de la camisa) vas a colgar la camisa, así como está. Y me vas a traer mi otra camisa.
Esa “otra camisa” era una supuestamente de fachas para andar en la casa. Amarillo huevo por cierto.
Y cuando pasaba, siempre dejaba una estela de su loción. Lo que agarrara lo dejaba oliendo a él, me encantaba. Aún en la noche seguía oliendo a su loción. Y yo siempre pensaba “¿cómo le hace?”. Y sabíamos cuando ya se había ido sin saberlo nosotros, por el puro aroma que dejaba a su paso.
Su porte, sus manos y hasta su bigote son muy de él, cosa que nunca lo voy a olvidar.
Pero yo me pregunto,¿Dónde está nuestro recuerdo?, esa huella, esa marca que deja uno en esta vida, lo que podemos llamar “Tu recuerdo”. Pues aquí está, aquí y ahora, creciendo día a día con nuestros seres queridos. Con esos pequeños detalles, los cuales parecen insignificantes pero que nos llenan enormemente. Parece nada verdad…pero lo es todo.
Y si…así fue. Los pequeños momentos de la infancia se hicieron grandes. Los detalles casi desapercibidos se quedaron para siempre. Y ahora cada uno de nosotros está dejando su propia huella.

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