No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

HUMANO SE NACE

¿Alguna vez han hecho algo realmente estúpido? Si claro, haber hecho algo que a sabiendas que la van a regar, lo siguen haciendo. O que, por no poner atención, nos pase lo que nos pasa. Seguramente a muchos nos ha pasado eso. Pero lo más gracioso de todo, es que somos especialistas para volver a regarla, cada vez de manera más novedosa. Tal vez no cometamos el mismo error, pero nos las ingeniamos para caer en otros muy fácilmente. Y aunque esa no debiera ser nuestra naturaleza, vamos por la vida tropezando y dando tumbos una y otra vez…bueno, algunos más que otros.
Y es ahí donde entran los padres, siempre tratando de quitar las piedritas de nuestro camino, despejando todo, pa que la vida no nos duela tanto. Nomás que a veces abusan de ese poder psíquico que los padres tienen y hasta parece que lo hacen a propósito, como si disfrutaran de que las cosas sucedan tal como las predicen. Por ejemplo, el clásico de que: “No te subas ahí porque te vas a caer”. Y efectivamente el escuincle se caía. Era cómo una especie de maldición. Predecían al detalle todo lo que nos iba a pasar. Recuerdo cómo mi papá nos decía…”Mira mijito(a), cuando tú vas, yo ya vengo”. Pero no sólo eso, se jactaba de haber ido y regresado varias veces. Ha de haber sido muy cansado eso de seguro…en fin.
El caso es que los padres lo saben todo. Y ahora que soy mamá, me doy cuenta, que efectivamente lo sabemos todo.
Pero hablando de burradas, un día antes de empezar mi escrito, estuve a punto de cometer una. Estaba preparando un pan de plátano y necesitaba polvo para hornear. Y como no lo alcanzaba de la alacena, quise jalarlo con unas pinzas; el bote se destapó y no me importó, seguía jalándolo de puntitas y el bote apenas estaba agarrado por las pinzas. Todo por evitar la fatiga. No quería jalar una silla para poder alcanzarlo, y estuve a punto de hacer un reguero. Por suerte mi subconsciente me dijo, “Por floja, se te va a caer”. Así que jalé una silla y lo bajé.
Pero esa es una que libro de muchas. Digamos que se debería saber perfectamente que si uno saca del refri un frasco o traste sosteniéndolo de la tapa, es muy probable que se nos caiga, obvio. Y que si estamos haciendo fila, deberíamos de preguntar si es la fila correcta y no después de media hora de estar en ella. Y que si uno va a la tienda a comprar focos, termine comprando todo el mandado menos los focos que uno quería. De equivocarse de día o de hora en una cita. O de chutarse toda una junta de padres en el salón que no le corresponde a uno. De preguntar el precio de algo, teniendo enfrente chico letrerote. De ponerle azúcar al huevo revuelto en vez de sal. De equivocarse y ponerse acondicionador en vez de shampoo. De morderse la lengua y seguirse mordiendo en el mismo lugar los días siguientes. Machucarse uno solito los dedos. Prender la licuadora sin tapa. De no encontrar una dirección y estar dando vueltas a lo tarugo. O peor aún, agarrar camino en automático para donde no corresponde. Olvidarse de dónde deja uno estacionado el coche. Perder el boleto del estacionamiento. Tener dos hijos y no darse cuenta que le falta uno. Decirle “señorita” a una dependienta y resulta que es hombre. Tramitar algo importante y que se nos olvide un documento. Llegar a la frontera sin visa. Poner las bolsas de mandado encima del pan y que se apachurre. Comprar dos o tres veces la misma cosa siendo que ya tenemos una en casa. Caerse en la calle y levantarse rápidamente como si nada hubiera pasado. No leer las instrucciones y estar batallando de oquis. Estar dando de vueltas a lo baboso en un estacionamiento y que todo mundo te gane el lugar. Quedarse afuera de la casa sin llaves. Y lo peor del caso, es darse cuenta justo en el momento en el que se está cerrando la puerta.
En fin, hay días en que las torpezas y estupideces nos fluyen con demasiada facilidad.
Y si…así fue. La hemos cajeteado varias veces y no conformes con eso lo seguimos haciendo. Tal vez no cometamos los mismos errores pues hemos aprendido de ellos. Pero tenemos la gran capacidad para seguir sorprendiéndonos nosotros mismos. En fin…humano se nace.

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