Hace muchos años tuve la fortuna de escuchar una historia que decía así…”En un tiempo muy lejano, un hombre caminaba sólo por el mundo, viajaba por los campos y montañas, paraba en poblados que se cruzaban a su paso y luego continuaba con su viaje. Un tiempo después, llegó a las afueras de un pequeño pueblo, el cual estaba resguardada su entrada por un viejo señor. El hombre le preguntó que si podía pasar y el viejo le dijo que si. Pero para atravesar el pueblo tenía que pasar antes por un cementerio. El hombre, a paso lento observaba cuidadosamente todas las tumbas que habían ahí: unas grandes, otras más pequeñas, pero todas tenían algo en común. En sus criptas, se veían gravados los nombres de los que habían fallecido y el hombre tristemente empezó a leer: Antonio 5 años, Arturo 7 años, Marcela 9 años…y así uno por uno, el hombre asombrado vio que el que vivió más habría alcanzado apenas los 15 años. Y con lágrimas en los ojos volteó y le preguntó al viejo que ¿qué había pasado? ¿Porqué tanto niño había muerto? El viejo lo miró y le dijo al hombre…-No se angustie buen hombre, estas personas no murieron jóvenes. Lo que usted ve en las criptas, son los días acumulados convertidos en años de días felices de su vida. Aquí en el pueblo, todas las personas cargan en su cuello una pequeña libreta y en ella van anotando sus días en los que han sido realmente felices. Así que cuando mueren, se toma su libreta, se suman los días felices y son los que se anotan en sus criptas. Fue entonces cuando el hombre comprendió”.
Pero, qué pasaría si nosotros contabilizáramos nuestros días felices…¿serían, meses…años…décadas? Ojalá que sean muchos años. Sólo nosotros sabemos cuántos días felices son los que realmente hemos vivido.
La vida se va conformando por “momentos” así como dice mi querida Moni. Momentos agradables, felices, excitantes, emotivos, de gran júbilo y esperanzas, de deseos y locuras. Pero también, entran los momentos de angustia, miedo, temor, enojo, tristeza y desesperanza. De aquí es en donde nosotros podemos luchar por hacer un cambio, transformándolo en algo positivo…es difícil lo sé, pero jamás imposible. Tal vez las soluciones no sean las que queremos, pero al final nos vamos a dar cuenta de que era lo mejor para nosotros.
Un día, llevaba a mi hijo mayor a su entrenamiento de fútbol americano. El día había transcurrido muy calmado y estando en el coche me dice muy pensativo…-“Mami, ¿a veces no has sentido como si la vida pasara sin ningún sentido?”. Su pregunta la entendí perfectamente, pues comprendía que ese día lo había pasado “muy sin embargo” o digamos “aburrido”. Y si yo hubiera estado chica, lo que le hubiera dicho a mi mamá es “estoy aburrida”. Pero mi hijo profundizó más en sus pensamientos y los hizo más complejos. Fue entonces cuando le dije que a veces así es la vida, tan llena de matices y que no siempre vamos a estar al 100. Pero que dependía de nosotros si queríamos cambiar eso o no y de qué tan creativos podamos ser. “No te preocupes papacito” le dije, “ahorita pronto va a empezar tu entrenamiento y vas a ver cómo te va a animar”.
Así que si nuestra vida está hecha de momentos, entonces ¿porqué perder el tiempo en ellos?, el Sol, la tarde, el fresco, los días bonitos se nos van. Una caminata, una buena plática con familia o buenos amigos, una tarde fría todos hechos bolita y viendo películas. Los entrenamientos y clases extracurriculares de nuestros hijos, ver sus avances. Todo esta lleno de buenos momentos. Es bueno tener metas, pero no depender de ellas para ser felices: hasta que me case, hasta que tenga un hijo, hasta que tenga mi propia casa, mi nuevo trabajo, hasta que logre tal proyecto, hasta que me jubile. ¿Hasta cuándo?.
Perdemos el tiempo en discusiones tontas, que si quién dejó la mermelada destapada y no paramos hasta dar con el culpable. Igual y de mayor magnitud son las discusiones de política, economía, religión o preferencias sexuales. Parece deporte nacional el discutir por algo y al final no se llega a nada. Todos quieren tener la razón, entercados con que su verdad es la verdad absoluta…cuánta pérdida de tiempo.
¿Y porqué mejor no nos conocemos más? ¿Sabemos realmente las cualidades de los que tenemos a lado?. Nos sorprenderíamos mucho, se los aseguro. Deberíamos de darnos esa oportunidad para conocernos mejor. Y no perder el tiempo con discusiones tontas.
Y si…así fue. Y aunque el tiempo es mucho, la vida es corta y se nos va de las manos cuando menos lo pensamos. Los años pasan y la vida sigue, el tiempo no espera y no tiene consideraciones de nada ni de nadie. Jamás se detiene ni mucho menos regresa. Por eso hay que disfrutar de cada uno de esos pequeños “momentos” aquí y ahora.
12 años
MOMENTOS
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Te felicito sigue adelante y nos deleitas con estos cuentos maravillosos, gracias