No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

DE REGRESO A CASA

¡Ohh Dios! No es posible que el ir de regreso a casa después de las vacaciones de Navidad o Año nuevo sea toda una odisea.
Ahhhh pero qué bien se la pasa uno verdad? Que si la reunioncita, que si la elotiza, la visitadita con amistades, las pachangas, las salidas a comer, las desveladas y las levantadas tarde. Los buenos momentos, el reencuentro de primos. La casa llena y las comidas interminables.
¿Pero qué haríamos sin todo eso? Me imagino que no nos la pasaríamos tan bien, ¿verdad?. El llegar a casa de los abuelos o de la familia y que nos esperen con una sopita, es apapachador. Acomodarse todos hechos bola aunque la casa sea grande es clásico. Los lugares se achican y la familia crece.
Se desempaca y la casa parece que explota. Y aunque uno pretende tener el mayor orden posible creo que a veces es imposible.
Pasan los días y la noche de Navidad o Año nuevo se acercan, las sobremesas se alargan y los compromisos se juntan. Y hay que salir a comprar lo de la gran cena. Nos tardamos hoooras en el súper y se llenan los carritos de mandado como si fuéramos a pasar varios días de contingencia. La cena se prepara desde un día antes y aunque seamos pocos, la comida es como para un regimiento. Así que los días posteriores nos la pasamos desayunando, comiendo y cenando puro recalentado. De hecho, me tocó estar media hora con mis hijos en una panadería esperando a que saliera el pan. Y todo para comer con el recalentado. Cada quién cuidaba celosamente su charola y pinzas, aparte de su lugar en la fila, claro. Pues la cola en la noche del 25 y con todos los negocios cerrados daba la vuelta en espiral dentro de la panadería. Así que como pelones de hospicio esperamos por nuestro preciado pan. Salió y en menos de 5 minutos se acabó. A mi hijo se le ocurrió ir por cuatro bolillos más, pero fue un milagro que regresara vivo. Sólo pudo agarrar uno, los otros tres, una bola de viejas abusivas se los quitaron.
Indigestiones, colitis y estómagos ligeramente indispuestos es algo común en esos días.
Pero por supuesto que la dieta, el orden y la disciplina están dentro de los propósitos del año nuevo.
Se pasan buenos días con la familia, cada quién come lo que puede, los hijos a veces se bañan, el andar en piyama hasta que uno los cache es un punto a su favor y el perder la noción de los días, creo que a todos nos pasa…espero.
Pero el día de la partida se llega, y tal parece que la ropa y las cosas crecieran. No importando que hayamos dejado cosas: que si los regalos, que si el recuerdito, que si los juguetes de segundo cachete y los gallitos pa los primitos…nada es suficiente, aún así regresamos con más chivas de las que traíamos.
Por supuesto que la hora predicha de salida es violada inmediatamente y todo por consideración del que va a manejar. Claro, que si “el que va a manejar” se hubiera dormido más temprano no estaría desveladito (eso me contaron). Y si a la mamá no se le hubiera olvidado dejar la ropa en la secadora en la noche por estar en el chismito, otra cosa sería y no estuviera doblando y guardando ropa en la maleta a última hora (eso me dijeron también). ¡Pero la mamá es rápida! y haciendo uso de sus capacidades extremas se baña, se arregla, corre a la secadora, dobla la ropa, la guarda, despierta al marido, éste refunfuña pero ella no le hace caso, desayuna, sigue guardando cosas, saluda al que pasa, le vuela la greña, vuelve a despertar al marido y logra sacarlo de la cama, quita las sábanas, deja el cuarto en orden, cierra maletas, despierta a los niños, saluda a la familia que llega a despedirse, manda mensajitos, checa su feis, checa el clima, platica un rato, apura a sus hijos, quita sábanas y deja el cuarto de los niños en orden también, arrea a sus hijos y a su marido para que aprieten el paso. Y habiendo ganado ya la delantera, lo único que queda por hacer es poder salir para ir de regreso a casa.
Pero, se sientan a almorzar con los que van llegando a la cocina, se hace sobremesa, se emboban los hijos con los ipad, se da de vueltas a lo tarugo, se revisa por enésima vez que no falte nada, los hermanos (unos que se parecen a los míos, claro) joronguean y le hacen bullying al “cuñado incómodo”, pero no mueven ni un dedo para ayudar en algo. Se suben las cosas a la camioneta y parece…que ahora si ya puede uno partir.
Y si…así fue. A última hora se va al súper, se carga gasolina y se saca dinero, se preparan tacos de último momento pal camino y se compran jugos como para toda la semana. La partida es larga pero las despedidas son cortas. Nunca nos es suficiente el estar varios días juntos, pero el regreso a casa es inevitable.
“A todos los que regresen a sus hogares…que Diosito los acompañe, que regresen por buen camino”.

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