No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 12 años

DÍA DE REYES

Esta Navidad, entre tanto alboroto y tantos ires y venires, mi hijo el más pequeño me pregunta…
-¿Y tú qué le pediste a Santa cuando eras chica?. Volteo y lo veo asombrada por la respuesta que le iba a dar, y le dije…-¡Nada!. Creo que nunca, nunca, nunca había pensado en eso, y no había caído en la cuenta de que jamás le había pedido algo a Santa. Pero no es algo que me duela, pues es cuestión de costumbres. Nosotros, tanto mis hermanos como mis papás, somos de México y allá no se acostumbra o acostumbraba el mandarle cartita a Santa.
Así que como yo no era cliente de ese señor, pues ni fu ni fa para mi. Lo que acostumbrábamos nosotros era mandarle cartita a los Reyes, eso si. Y yo fui conociendo la tradición de Santa hasta que me casé, pues toda la familia de mi marido son del norte: que si la cartita, que si el regalo de los papás el 24, que si el dormirse con la ilusión del 25 y en la mañana muy temprano ver lo que Santa les había traído. ¡Buena onda!, doble regalo para ellos, esa no me la sabía.
Entonces mi hijo con su mirada estupefacta me dice…¿¡Cómo mami!?, ¿Cómo que nunca le pediste nada?.
Así que tuve que explicarle el porqué. Y de que; para nosotros, los meros, meros eran los Reyes Magos.
Cuando era pequeña nuestras Navidades eran triples, pues como mis abuelitos paternos se habían separado hacía muchísimos años, pasábamos el 23 en casa de mi abuelito con regalos, cena, vino y baile con toda su familia. Y luego el 24 con mi abuelita, también con regalos, cena pero sin baile. Después el 25 se hacía en casa de mi abuelita una comilona para muchísima familia por parte de mi papá y mi mamá. Estamos hablando que llegamos a ser más de 80 personas.
Pero el día más preciado para nosotros cuando éramos niños era el día de Reyes. Y eso lo festejábamos ya estando en nuestra casa. Pues los mejores regalos venían ahí, ese día. Por supuesto que días antes les escribíamos nuestra cartita y la poníamos dentro de un zapato una noche antes de que llegarán los Reyes. Así que los zapatos de todos incluyendo los de mis papás estaban cerca del nacimiento.
En ese entonces nunca pensé en el caballo, el elefante y el camello. No me interesaba si los Reyes llegaban por arte de magia o en taxi, aquí el chiste era que me trajeran lo que les había pedido. Pero resulta que ahora mis hijos hasta les ponen cacahuates, zanahorias y manzanas para ellos. ¡Hasta agua les han puesto!, claro, por aquello de que si vienen sedientos. De plano Greenpeace se queda corto con ellos.
Un día una sobrinita les pidió la huella del camello. Y ahora esta Navidad mi hijo más pequeño le pidió a Santa una foto de su trineo con su firma…¡Ohh Dios!. Por suerte al parecer Santa traía buena cámara y le tomó una foto a su trineo, pero por lo visto no tiene mucho orden con sus renos, porque en lo que estaba tratando de sacar una buena foto (me imagino), sus renos se soltaron y anduvieron husmeando por ahí un rato. Sólo Rodolfo y otros tres más salieron en la foto.
Yo no sé porqué nunca se me ocurrió pedirles alguna foto, firma o algo…chin.
Una vez recuerdo que hasta bicicletas nos trajeron y también una pelota como la de Quico. Los regalos eran súper, los mejores y los más grandes.
Nos acostábamos con esa emoción de que pronto amaneciera para poder ir a ver nuestros regalos. Por supuesto que el que se levantara primero, levantaba a los demás.
Pero un día, tal vez pensamos que ya habíamos dormido suficiente y estando de noche todavía, mis hermanos y yo bajábamos sigilosamente por las escaleras. Desde ahí se podía ver a la sala. Y cual va siendo nuestra sorpresa de que estaban ahí…¡Los Reyes Magos!, ¡poniendo nuestros regalos!. Nos quedamos mudos y nos veíamos unos a otros y mejor nos fuimos a nuestras camas sin dar crédito de lo que habíamos visto ¡Waw!. Tal vez a de haber sido por la obscuridad, pero nunca me imaginé que sus ropas fueran como túnicas tipo batas. Y de seguro uno de los Reyes se quedó afuera cuidando a los animales, mientras los otros dos acomodaban los regalos.
Nadie dijo nada, nuestro asombro fue demasiado y hasta después de muchos años les comentamos a nuestros papás que vimos a los Reyes Magos.
Y si…así fue. La ilusión de Santa y los Reyes Magos afortunadamente ha seguido. Es maravilloso ver a los pequeños con sus ojitos llenos de emoción esperar a que se llegue el gran día. Pero esto no termina, falta la rosca de Reyes y el chocolate caliente. Ver a quién le toca El Niño para así seguirle con los tamales de la Candelaria…
¡Y que siga la fiesta Ohh Sii!.

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