Casi recién casada, mi hermano y mi cuñada nos invitaron a mi esposo y a mi a ir a Disney de Orlando. ¡Qué gran emoción para los 4 porque nadie había ido a Disney antes!
Así qué con mucha anticipación nos preparamos para nuestra gran aventura. Hasta mi mamá me hizo un trajecito negro muy mono de minifalda para ir de viaje. Todos íbamos muy guapos, con saquito y toda la cosa.
Un día antes nos tuvimos que quedar en “Pueblo Quieto”, ¡no perdón!, en Valle Hermoso, que es una pequeña ciudad fronteriza donde vive la familia de mi marido y nos hicieron el favor de darnos hospedaje y al día siguiente llevarnos al aeropuerto de Laredo, ¿o era McAllen?….no me acuerdo.
Entonces ya muy monos y bien trajeados nos hacen la primera parada para pedir el permiso de internación.
Por supuesto que según nosotros ya llevábamos todos los documentos necesarios para el permiso, y que nos dice el vista…-Comprobante de domicilio?, y nosotros…-estemm.
-Bueno, agua, luz, teléfono? O acta de matrimonio?
Y mi marido y yo..-¿¡Acta de matrimonio!?
Y dice el vista…-Les he pedido dos o tres cosas y ninguna me las han dado…
-¡Pepepero señor!, nosotros no sabíamos que teníamos que traer el acta de matrimonio.
-Pues sí, y si no me lo dan, no pueden pasar.
En ese momento vi pasar mi vida lentamente frente a mis ojos. No podía creer que por un papel no pudiéramos hacer nuestro viaje tan anhelado que con un año de anticipación habíamos planeado. Y que la decisión de poder ir o no a Disney la tenía “El señor Todo Poderoso” que estaba frente a nosotros.
Me imagino que nuestras caritas en esos momentos y nuestros ojitos de Bambi enternecieron al “Todo Poderoso”
Y dice el vista…- ¿ A ver, a donde van?
-A Disney señor, mire, aquí tenemos nuestros pases para los parques y toodas las atracciones ( casi con la lágrima en el ojo).
Ya después de un gran rato de sufrimiento psicológico, nos dijo…
-Esta bien, pero que sea la última vez.
Casi le besamos la mano y salimos rápidamente para no perder el vuelo a Houston, que era nuestra primera parada.
Nos subimos al avión que era un bimotor casi de juguete, y dije ¡nooo! ¿¡En esta cosa vamos a volar!?.
Por supuesto que mi marido ya estaba extrañamente calladito, había como que una ligera tensión pues hacía muucho que no volaba en avión. Ya de plano me di cuenta de lo nervioso que estaba mi marido, porque la cafetera a donde nos habíamos subido todo le sonaba “totototototo”, que me agarra de la pierna y veo que sus manos le sudaban (pobrecito), volteo y veo a los muchachos y con señas les digo “tiene miedo, le sudan las manos”, y aquellos pa pronto muertos de la risa.
Pobre de mi marido, sufrió mucho en ese remedo de avión, que ni siquiera cabía parado.
Cuando llegamos a Houston ya fue otra cosa, una terminal very waww y con muchas comodidades. Y ese tren ligero que tienen es la octava maravilla envuelta en huevo, siempre y cuando no se quede uno a dentro y el otro afuera, y no más les digas ¡byeee! Clarooo que a nosotros eso no nos sucedió, claro que no….ajá.
Pero bueno ya estábamos a la mitad del camino, ya más relajados por las prisas de la mañana, que si el permiso, que si el remedo de avión nos llevara sanos y salvos…en fin, ya estábamos tranquilos en la sala de espera para abordar nuestro siguiente vuelo a Orlando y estando platicando oímos en el alta voz que decía… “Mr.Chapa, Mr.Chapa please”, y le digo…- mira, se llama igual que tu, ¿!O no serás tu!?, ¡A ver, tu cartera!
Y clarooo, no la traía y que sale volando al módulo de información pues un buen señor se la había encontrado en el baño tirada. Oseaaa Hello!
Nunca supimos quién fue ese amable señor, pero si se lo agradecimos mucho. El susto pasó y abordamos el avión. Para esto ya habían pasado hooooras desde que salimos de “Pueblo Quieto” y por fin llegamos a Orlando. Era de noche y nos sentíamos realmente agotados pero triunfantes de haber llegado. Y estando esperando para recoger las maletas como que nos entró el calor. Y que me quito el saco….¡Pufff!, que le digo a mi hermano…-¿Ya te oliste el sobaco?, mira huélete, ¡está uno que hiede!
Y me dice…- ¡Aghh es cierto!
Todos olíamos a demonios (siempre y cuando no nos quitáramos el saco). Pero eran unas risas que no podíamos con ellas. Fue tanta la tensión y la adrenalina, que nos hizo que nos rechinara la bisagra pero bien gacho.
Al día siguiente, ya bien bañaditos y fresquesitos pasamos unas vacaciones inolvidables.
Mayo 2013