Conforme pasa el tiempo, me he dado cuenta que una de las mejores maneras de vivir, es dando y recibiendo. Tanto das, tanto recibes. No das, no recibes.
Y no es necesario “comprarse” a la gente. Esas amistades no son sinceras. Así cómo las que con tu puesto o posición social puedas adquirir fácilmente. Igualmente si buscas una amistad por puro interés, no vale la pena. Por supuesto que esto se ve mucho en la política y en las grandes empresas. Cada quién busca sus intereses y no importa el andar de lamezuelas con tal de darse roces de grandeza.
Que falsas amistades aquellas, las que cuando el jefe, director, o el más adinerado se ríe y todos los demás se tienen que reír por compromiso, aunque sea por una tontería. Siempre con falsas poses aparentando ser del todo de su agrado. ¿Pero qué pasa cuando aquél director ya no lo es?, ¿o cuando esa figura política o pública tampoco lo es?. ¿Correrían muchos en su ayuda?, ¿meterían las manos al fuego por ellos?, ¿le echarían la mano para que el que se haya venido abajo económicamente pueda tener un trabajo digno?….No lo creo, al primer signo de inestabilidad esas supuestas amistades corren, se hacen las desentendidas y aseguran no conocer al que se vino abajo.
Aquellos con los que realmente cuentas, son con los que no se la piensan dos veces para estar ahí contigo. En las buenas y las malas.
He tenido la dicha de conocer a tan bellísimas personas, de brindarme su amistad sincera, de entregarse cuando uno lo necesita y de darme cada día un motivo más para apreciarlos más.
He sido afortunada de duplicar mis amistades en esta ciudad de Monterrey la cual nos acogió tan gratamente.
El sentido de la amistad se ha intensificado y con ello el círculo de amistades se ha ampliado.
Me es grato ver que en los momentos difíciles siempre hay alguien que te pueda echar la mano. Uno aprende de eso. De ese desprendimiento sincero, de esa ayuda sin esperar nada a cambio. Me han enseñado que la vida es como un bumerang y que todo se te regresa. Tanto las cosas buenas como las malas. La vida es una cadena de favores. Lo que das se multiplica una y otra vez. Y no tiene que ser con tus conocidos o amigos. Lo experimentas día a día, en el carro cuando manejas, simplemente dando el paso a los demás, resulta que más adelante te lo dan a ti. No nos cuesta nada y ganamos mucho.
En el restaurante, si tratas con respeto al mesero, por supuesto que te va atender bien. No son meseretes a los cuales puedes tronarle los dedos y ser altanero con ellos. Te sentirás el patrón, claro, pues el pobre hombre no te contestará y se humillará ante ti, pero tontos no son y tu platillo tendrá un ligero toque de escupitajo, orines o alguna que otra porquería que encuentren por ahí. Simplemente si su atención no es buena, porque de a tiro hay muy malos meseros, pues no le dejes propina, porque no se la ganaron.
El que disfrutó contigo tus logros, el que estuvo al pendiente en tus momentos difíciles, el que gozó contigo de tan buenos ratos, el que compartió risas y llantos en esas situaciones especiales. El que sin pensarlo te echó la mano, el que fue humilde y supo escucharte, el que confió en ti…a todas esas grandes personas, gracias, muchas gracias.
Y si…así fue. Estamos rodeados de bellísimas personas, tenemos todo para ser apreciados. Gozamos de buenas oportunidades para hacer amigos y podemos ganarnos su amistad sincera. Siempre y cuando: nosotros seamos también buenos amigos.
12 años
BUENOS AMIGOS
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